Arte

Opinión | The Funambulist


Por Sandra Sánchez @phiopsia | Septiembre, 2014

¿Cuál es la diferencia entre una forma y una figura? Los principios son los mismos, lo que cambia es la relación en el espacio: dos planos o tercera dimensión. Los estudios de geometría tienen su correlato empírico en otras disciplinas; en la práctica cotidiana, la teoría se convierte en política, las formas se convierten en figuras en el espacio.

La gente habita, convive y construye a partir de líneas. En días de guerra trazaba una línea, a veces imaginaria que marcaba territorios y fronteras. Un funambulista es aquel que la atraviesa. El polo del peligro y la fragilidad del medio contrastan con la certeza, con la esperanza de que se llegará a “un otro lado”. Nietzsche divagó al respecto en las primeras páginas de Así habló Zaratustra: el funambulista, el que cayó del delgado lazo, le advirtió que abandonara el pueblo, a la gente no le gustaba su presencia, debía irse para conservar la vida.

La web aloja un funambulista que responde al  nombre de Léopold Lambert. Su casa es un blog, su propia cuerda, una plataforma para conversar sobre las relaciones humanas bajo el hilo conductor de la arquitectura. The Funambulist contiene textos, libros completos, que hablan sobre biopolítica, arquitectura, diseño y filosofía. La disidencia comienza por comprender pedestremente su entorno: el recorrido antes que la consigna. También hay entrevistas, archipiélagos, audios sobre cómo se va construyendo una comunidad: estudios de género, etnología, estudios culturales, arquitectura. Una pausa ¿dónde se encuentra mientras lee? ¿su silla es cómoda? ¿la pantalla le lastima la vista? ¿su cuerpo?

Una de las principales fascinaciones de Lambert es la relación del cuerpo en el espacio. Una discusión que se remonta al nacimiento del sujeto. Kant decía que la condición de posibilidad del hombre era el tiempo y el espacio. La perspectiva de Lambert es más específica: los espacios que habitamos afectan nuestra experiencia, violentan nuestra cotidianidad. En Lost in the Line, Lambert reflexiona sobre el poder que tienen los arquitectos al trazar líneas: delimitar es violentar, es determinar un recorrido. El mundo se construye excluyendo con paredes socioeconómicas, estrategias que van de lo personal a lo militar. ¿Cuál es la diferencia entre una figura y la forma en la que se le habita?

26 de agosto de 2014, 7:30 pm, Arquine. Lambert visitó México. Un diálogo sencillo. La arquitectura no debe plantearse desde la ilegalidad, pero debe presentarse al borde, diseñando estrategias con finalidades específicas. La cartografía ayuda a visibilizar lo que damos por hecho: el impacto de la imagen-mapa genera un impacto sensible: ¿cuántos sitios tiene Palestina para que la gente se resguarde? ¿quiénes tienen la posibilidad de salir? El espacio siempre se ocupa: por más que la virtualidad palpite, se sigue sosteniendo que dos cuerpos no pueden habitar el mismo espacio; si esto sucede, podríamos pensar en qué forma queremos construir nuestro entorno.

28 y 29 de agosto de 2014, dos jornadas, COLMEX. Urbanistas de varias partes del mundo se reúnen en el XIII Foro Internacional sobre competitividad urbana. La entrada es libre, pero pocos amantes de la ciudad, más allá de los especialistas, asisten. Lambert hubiera tenido mucho que aportar, mucho que discutir, imagino… La distancia entre disciplinas con problemas afines aún es grande; sin embargo, los esfuerzos son constantes: analizar, preguntar y discutir para proponer nuevas formas de habitar el mundo.

Algunas ideas: Barcelona ha aumentado su competitividad sin sacrificar el nivel de los salarios, pese a tres tremendas crisis económicas en los últimos 50 años; se pueden proponer redes de cooperación entre pequeñas ciudades con o sin dependencia de una metrópoli mayor; el bienestar urbano está ligado al apoyo a la investigación científica; aunque Nueva York atrae a muchas personas, algunos habitantes de la ciudad están optando por una ciudad más pequeña, con una mejor calidad de vida. El arte y la cultura son necesarios para atraer gente a cualquier ciudad.

La arquitectura violenta, decir todo es decir nada. Es importante poner el dedo sobre la llaga: cada vez que la forma se convierte en figura se construye una intención y un límite. Sin embargo, el funambulista reflexiona, proyecta y propone nuevas formas de construir; los urbanistas discuten logros y fracasos, también utopías.

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