Arte

Opinión | Sueño de invierno, de Nuri Bilge Ceylan


Por Gustavo Cruz / @piriarte

Nota preliminar. La sonata de piano no. 20 de Schubert no puede usarse como banda sonora en una película seria sin hacer referencia a Al azar de Baltasar de Robert Bresson. La referencia se vuelve más obvia si hay equinos involucrados. Recordemos. Baltasar es un asno y la película de Bresson narra su vida, su ir y venir entre distintos amos. Cada amo como metáfora de un vicio humano. Y como historia paralela, la trágica vida de la primera dueña de Baltasar, una joven y bella mujer.

Pero en Sueño de invierno, la historia que se cuenta no es la de un equino. O tal vez sí. La sonata, que suena de manera recurrente durante toda la cinta, se escucha por primera vez cuando el protagonista, Aydin, se preocupa por obtener un caballo para su hotel. Conforme avanza la película, mediante el montaje, la imagen de este caballo salvaje capturado para servir de atracción  no tarda en asociarse con Nihal, la esposa del protagonista; una joven y bella mujer. La referencia al trabajo bressionano es explícito, pero la importancia de dicha cita se oculta de manera más sutil. Aún así, en lo formal, cuesta trabajo catalogar las películas de Nuri Bilge Ceylan como bressonianas. Es verdad que Ceylan usa el montaje de manera formidable, ahí podemos buscar el legado de Bresson. Como ya se anotó, la relación de los significantes del caballo con lo femenino se hace mediante el uso exclusivo de la edición. Nihal y el caballo nunca aparecen en el mismo encuadre. Es más, ella ni siquiera menciona al caballo ni parece estar enterada de su existencia.

Pero Ceylan nunca llega al ascetismo de las imágenes de Bresson. Es mas, parece ir en sentido opuesto a él. Desde su ópera prima, la fotografía de las cintas del cineasta turco se ha caracterizado por un preciosismo que el francés censuraría por remitir demasiado a la tarjeta postal. Las actuaciones son también fuertes. Bresson no usaba actores profesionales, él expulsó de su trabajo todo elemento que el considerara ajeno al cine. Y, si seguimos en este rastreo de las oposiciones que se generan entre las obras de Bresson y Ceylan, llegamos a una característica de Sueño de Invierno que no había cobrado tanta importancia en las cintas anteriores del turco: los diálogos. Bresson rechazaba los diálogos por ser  predominantemente literarios. En su última cinta, Ceylan se apoya muchísimo en este recurso. En este sentido, parece acercarse más a Dreyer. Mucho de la cinta es dicho a través de diálogos prolongados y complejos. Lejos estamos de la narración estrictamente audiovisual de Los climas, probablemente la mejor película de Ceylan. En Sueño de Invierno no es que el realizador haya abandonado el uso de imágenes de riqueza semántica, esta destreza está ahí siempre que las palabras se ausentan de la escena. Lo que es evidente, es una preocupación por lo teatral. Aydin es actor de teatro retirado. La insistencia en los diálogos puede deberse entonces a una coherencia argumental en pro de la preocupación de la cinta. Su protagonista es complejo y de personalidad pluridimensional. Hay que recordar aquí que la palabra persona tiene su origen en las máscaras utilizadas en el teatro griego antiguo. Una persona es la máscara que como individuos usamos en el escenario de lo común. Ya sea pueblo, familia o pareja.