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Quinceañera en llamas


Una de las celebraciones con mayor arraigo en algunas regiones de Latinoamérica es la fiesta de quince años. Independiente del significado social y antropológico, muchas veces negativo, el estereotipo de la quinceañera, por lo menos en México, sigue siendo el vals y los chambelanes.

Por Silverio Orduña

 

Esta idea melodramática fue explotada por la cinta Quinceañera (1960), dirigida por Alfredo V. Crevenna y protagonizada por Maricruz Olivier y Rita Macedo. En 1987, todo muy ochentero, por supuesto, Televisa produjo una telenovela basada en esta historia, pero con la inclusión de temas más “fuertes” como las drogas y la violencia juvenil. Aquí se hicieron famosas Adela Noriega y Thalía, flamantes símbolos de miles de adolescentes de la época. Y el “ahora despierta la mujer que en mí dormía…”, fragmento de la canción de Timbiriche, el grupo pop más famoso de aquel momento, se quedó en la memoria colectiva.

 

 

Aunque en la actualidad existen otras formas de festejar las quince primaveras, como los viajes a Europa o las cirugías plásticas, hay un cúmulo de jóvenes, y sus padres, que mantienen la ilusión y buscan academias especializadas en montar coreografías y la logística perfecta para la pachanga, siempre ajustándose al presupuesto. Hay quienes ofrecen limusinas y hasta fuegos artificiales, fotos en el Ángel de la Independencia y vestidos más rebuscados que el Palacio de Bellas Artes.

Es curioso que la culminación de todo este ritual sea la danza, un baile de presentación ante la sociedad para dejar atrás la niñez. El vals es lo más común en este tipo de numeritos, aunque los ritmos han variado con el tiempo, desde Sobre las olas, de Juventino Rosas, hasta Tiempo de vals, del legendario Chayanne. También se puso de moda My heart will go on, la canción que Celine Dion interpretó para la banda sonora de la película Titanic, y ahora muchas melodías de bandas de rock como Muse, para los gustos más pesados.

Lo inquietante es el baile moderno. En esta parte de la fiesta, la anfitriona luce su incipiente o desarrollada sensualidad, según sea el caso. Acompañada de sus chambelanes, quizá familiares y amigos o profesionales contratados que dejan ver su cuerpo y sus habilidades corporales. Es el momento más álgido, donde las contorsiones y acrobacias se apoderan de la atención de los invitados. Vestuario vistoso y diminuto; ritmos sabrosones o éxitos pop de moda. Llegar a la adolescencia es sexy, según esta lógica, un tanto perversa.

Los quince años pueden ser un rotundo éxito o una pesadilla, de acuerdo con las anécdotas que muchos podemos contar o los videos chistosos publicados en YouTube. El más famoso: Quinceañera en llamas.