Arte

Opinión | Workers


Por Gustavo Ambrosio / @guskubrick | Septiembre, 2014.

Romper con la subordinación es el tema de la ópera prima de José Luis Valle, quien nos presenta la historia, aparentemente paralela, de Rafael (Jesús Padilla), un empleado en una empresa trasnacional, y Lidia (Susana Salazar), una empleada doméstica que debe cuidar de una ricachona enferma.

El filme se desarrolla en Tijuana, una ciudad junto a la frontera del sueño americano, la posibilidad de una vida mejor, la ilusión de la “libertad” cercada por una barda metálica. En este lugar inician las interacciones entre personajes, que al principio parecen muy forzadas y fortuitas, aunque a lo largo de la cinta se vuelven más sólidas. Los personajes el mayor acierto de este debut cinematográfico. Cada uno con un deseo y una complejidad que los humaniza y les quita el estatus de víctimas. Aquí, tanto Rafael como Lidia, así como los personajes secundarios, se mueven con una sola motivación, trabajar hasta obtener la recompensa prometida.

Valle añade a las acciones de los personajes un tono que podría llegar al absurdo, con lo cual provoca carcajadas amargas pero también un escalofrío que nos recuerda la realidad en la que viven muchos trabajadores de servicio. La fotografía a cargo de César Gutiérrez ayuda a crear un ambiente opresivo, con luces gélidas en un lugar con playa y sol. Las tomas largas y estáticas, a diferencia de muchas películas “contemplativas”, encuadran acciones precisas que enriquecen la atmósfera y el tema que se quiere tratar.

Ganadora de Mejor Largometraje en el pasado Festival de Morelia y nominada a cinco premios Ariel, incluyendo Mejor Actor y Mejor Guión Original, Workers se aleja de un sórdido y panfletario cine de denuncia y encuentra en la dramaturgia la forma de poner el dedo en la llaga sobre las condiciones de los trabajadores de servicio.