Arte

Opinión | Whiplash, de Damien Chazelle


Por Gustavo Ambrosio /@guskubrick | Enero, 2015

Ser inmortal, ser una leyenda, ser reconocible, ser admirado. Trascender. El móvil más intenso de cualquier artista para hacer lo que le apasiona es justo eso, una ambición terrible a no ser olvidado, a que las luces se centren en él. Una obsesión pura y dura del ser humano.

Damien Chazelle nos trae un filme sobre un joven que desea ser el mejor baterista de jazz del mundo y, para ello, se matrícula en la mejor escuela de música donde se topará con un maestro cuyo método lo llevará a los límites de sus capacidades.

Se puede decir, sin titubeos, que es el mejor guión del año. Una narrativa con dos personajes llenos de complejidad, que actúan con motivos más allá de sus circunstancias y con giros de tuerca que te mantienen sometido a la imagen y al ritmo del filme que te lleva como una pieza de jazz. Lo más aplaudible de la película es quizá un final, que no es condescendiente, ni amable con su personaje, ni mucho menos con el público acostumbrado a finales felices donde el protagonista supera hasta la peor de las adversidades.

Lograr tu meta no conlleva que todo sea perfecto y que todo tu universo se acomode según los astros. Y eso es la virtud de este guión. Hay sacrificios del personaje para lograr su sueño, sacrificios terribles, pero que tienen un objetivo de largo alcance. No hay nada más real y humano que eso.

Sergei Eisenstein teorizaba acerca de que el filme tenía mucho que ver con la música, a lo que el llamaba montaje rítmico. Parece que Chazelle puede resumir muy bien esa teoría y la traslada a una ejecución , y un montaje, que acelera o se detiene cuando debe.

El joven Miles Teller nos recuerda a la Nina de Natalie Portman en El cisne negro. Una actuación terrible y memorable, que te hace amarlo y odiarlo simultáneamente. Pero quien se lleva la película es el gran J.K. Simmons, un músico casi militar que impone a la pantalla e intimida. Grande, un personaje para la historia del cine y seguro que ganará el Oscar.

De la música ni se diga, es un deleite auditivo, sobre todos para aquellos que aman el jazz. Imperdible. Salida de Sundance, Whiplash es una obra maestra toral sobre la ambición y el temor a ser “normal”. Un poderoso retrato humano y musical que se queda en la retina y en el oído.