Música

Opinión | The Velvet Underground: De la rabia a la serenidad


Por Pablo Cordero / @sugarskull12 | Diciembre, 2014

Cuando The Velvet Underground concluyó su segundo disco, esa biblia negra del rock llamada White Light/White Heat, con una oscura pieza de 17 minutos de duración, “Sister Ray”, repleta de distorsiones y disonancias, con un texto que resuma violencia y perversión sexual, daban la impresión de haber llevado al rock a los confines más lejanos y agrestes a los que se podía llegar en 1968, año en que fue publicado. Es posible que así haya sido, pues su siguiente disco, una obra homónima publicada en 1969, exhibe un importante cambio en sonido y filosofía. La recién editada Super Deluxe Edition permite revalorar este importante disco junto con una abundante cantidad de valioso material extra.

El sonido limpio y sereno de este tercer disco, The Velvet Underground, puede atribuirse a un significativo cambio en la formación de la banda: aunque la sección rítmica de Maureen Tucker y Sterling Morrison permanecía, el cantante y guitarrista Lou Reed decidió disolver su tirante relación con el violista y bajista John Cale, reemplazándolo por un joven llamado Doug Yule. Mientras que el genial Cale, discípulo de figuras como Terry Riley y LaMonte Young, tenía lazos con las tendencias más vanguardistas en la música culta contemporánea, Yule venía de un contexto más cercano al rock y al pop.

El recién llegado Yule adquiere un papel protagonista en el primer corte del disco, una memorable balada de la autoría de Reed llamada “Candy Says”. La canción hace referencia a Candy Darling, actriz transexual que aparece en varias películas de Andy Warhol, y la voz suave y andrógina de Doug Yule le confiere una hermosa fragilidad.

Aunque temas como “What Goes On” y “Beginning to See the Light” demuestran que la banda no se había alejado totalmente del rock, emplean la potencia eléctrica de la guitarra de Reed de una forma más jubilosa que agresiva. “The Murder Mistery”, extraño y repetitivo tema en la que todos los miembros de la banda cantan, creando impenetrables contrapuntos, señala que tampoco habían olvidado sus vínculos con la vanguardia. Sin embargo, los temas más representativos del disco son las suaves baladas de medios tiempos como “I’m Set Free” y “Jesus”, temas profundamente introspectivos y emotivos. Resulta interesante y de alguna forma subversivo que Reed, quien apenas un año antes cantaba sobre prostitutas, asesinatos y sobredosis, fuera capaz de firmar un texto tan sencillo y directo, solicitando la ayuda de Jesús ante la incapacidad de lidiar con su vida.

“Some Kinda Love”, ácido blues de dos acordes, describe un hilarante diálogo entre un hombre y una mujer, lo que sugiere una visión irónica y desencantada del amor, pero inmediatamente después de ese tema aparece una de las canciones más bellas jamás escritas por Reed, “Pale Blue Eyes”, balada country de ritmo narcóticamente lento donde Reed describe su desesperanzado enamoramiento de una mujer casada (“La historia descrita en esa canción no es totalmente cierta, -diría Reed años después- ella en realidad tenía los ojos cafés, no azules.”). El disco concluye con una balada dulce y melancólica en voz de la baterista Maureen Tucker, “After Hours”.

En la Super Deluxe Edition aparecen tres versiones del disco: mezclas mono y estéreo además de una fascinante “Closet Mix” realizada por el propio Reed, que pone su voz en primer plano magnificando el tono confesional de los temas. Hay también un concierto grabado en The Matrix, en Los Ángeles, y aunque partes de esta actuación ya habían aparecido en el disco 1969 Live, la excelente nueva mezcla hace que suene más clara que nunca. La versión de 37 minutos de “Sister Ray” es simplemente alucinante.

La caja también incluye el llamado “disco perdido” de la banda, un disco completo de material grabado el mismo año, que fue abandonado al romperse el contrato de la banda con MGM. A estas alturas llamarlo “disco perdido” es una exageración, pues la mayor parte de este material apareció a mediados de los ochenta en las recopilaciones VU y Another View, pero nunca habíamos escuchado estos temas reunidos de una forma tan coherente como aquí, yendo del potente rock de “Foggy Notion” a la belleza panorámica de “Ride Into The Sun”. Este “disco perdido” es una excelente obra, más rockera y accesible que The Velvet Underground y superior al que sería el cuarto disco oficial de la banda, Loaded.

Aunque la caja, que también incluye un libro con fotografías y textos, tiene un precio elevado, la importancia histórica y calidad del material son incuestionables. Muy recomendable para quienes deseen conocer un capítulo esencial en la historia del rock.