Música

Opinión | Songs of Innocence


Por Pablo Cordero / @sugarskull12 | Septiembre, 2014

Cuando Radiohead publicó In Rainbows (2007), aparecido originalmente como una descarga electrónica por la cual el público podía pagar la cantidad que considerara apropiada, no es exagerado afirmar que revolucionaron la industria musical. En años subsecuentes, artistas como Nine Inch Nails imitaron este modelo, y hace menos de un año Beyoncé Knowles logró un éxito inusitado al publicar su quinto disco de manera sorpresiva en iTunes, convirtiéndose en el álbum más vendido de la plataforma.

¿Por qué, entonces, Songs of Innocence, decimotercer disco de los irlandeses U2, generó una reacción tan tibia al publicarse de manera gratuita en la plataforma de Apple el 9 de septiembre? El álbum, que se descarga de manera automática a la biblioteca de todos los usuarios de iTunes, ha sido incluso cuestionado en medios como NME, The New Yorker y The Guardian como una supuesta invasión a la privacidad. Esto puede resultar exagerado: no se trata más que de música gratis, y el recibir información no solicitada es un riesgo para todo el que decida navegar en internet. Bono lo expresó mejor cuando dijo “A la gente que no tiene interés en escucharnos, les pido que lo vean así: la sangre, sudor y lágrimas de algunos irlandeses están en su correo basura.”

Las canciones de Songs of Innocence, tristemente, tienen muy poca sangre, sudor y lágrimas, y suenan más bien a correo basura. El tema inicial, “The Miracle (of Joey Ramone)” rinde tributo a quien fuera uno de los ídolos del joven Paul David Hewson años antes de convertirse en el mesiánico Bono, pero irónicamente, U2 nunca han sonado menos punk que en esta oda a The Ramones.

La estéril producción de Danger Mouse hace que la banda suene más anónima que nunca. Sería mezquino negar que Bono es un buen cantante, y su voz retiene gran parte de la potencia y el rango emocional de antaño, pero a estas alturas ese es el único elemento de la banda que aún suena a U2. Las guitarras de “Iris (Hold Me Close)” podrían ser obra de un imitador de segunda de The Edge, pero en el resto del disco, dominado por teclados, el característico estilo de uno de los guitarristas más influyentes de los años ochenta brilla por su ausencia. La batería de Larry Mullen Jr. compite tímidamente con las omnipresentes percusiones electrónicas, y si alguien invitó al bajista Adam Clayton a la grabación, hay muy poca evidencia de ello.

Hay destellos de la banda respetable que alguna vez fue U2 con canciones emotivas y bien escritas como “Song for Someone” y “Raised by Wolves”, pero la mayor parte del disco suena flácido y débil. Con su ardid publicitario, lo único que logró U2 es llevar el peor disco de su carrera a un público masivo que lo recibió como lo que es: una inconveniencia.