Música

Opinión | Richard Pinhas: Ruido y Desolación


Por Pablo Cordero / @sugarskull12 | Septiembre, 2014

Después de llevar más de 40 años en activo, ya sea como líder de las bandas Schizo y Heldon, o con una extensa discografía solista en la que ha colaborado con luminarias del avant-garde internacional como Magma, Merzbow y Pascal Comelade, el guitarrista francés Richard Pinhas está lejos de ser una figura reconocida. Su más reciente grabación, Desolation Row, es ante todo una constancia de lo injusto que resulta esto: se trata de uno de los discos de rock instrumental más vitales e interesantes de los últimos años.

A lo largo de seis extensos cortes, Desolation Row prescinde casi por completo del desarrollo melódico, centrando su discurso en el ritmo y la textura. Con un sonido saturado, dominado por el timbre metálico de la guitarra de Pinhas (metálico en tanto que su sonido remite a dicho material, no por insertarse en el género musical), las estructuras circulares de los temas remiten al krautrock del primer disco de Neu! (1972). Si bien Pinhas emplea percusiones emparentadas con el jazz, en contraste con los ritmos motorik del grupo alemán, y sus texturas crispadas con un amplio rango de frecuencias, remiten también a la música industrial temprana de Throbbing Gristle o Whitehouse.

Desolation Row exhibe sus cartas más fuertes durante los 16 intensos minutos del corte inicial. “North”con un ostinato bajo sintetizado, una batería ágil e impelente, capas de ruido blanco electrónico y una apasionada ejecución de Pinhas a la guitarra. Sus fraseos, con larguísimos “sustains” y amplios intervalos, están claramente inspirados por el trabajo más radical de Robert Fripp, al grado que fácilmente podríamos tomar a “Drone 1”como un ejemplo particularmente oscuro de los experimentos con loops que el líder de King Crimson bautizó como frippertronics o soundscapes. Por otra parte, Pinhas es también capaz de firmar temas como “Square”, en el cual realiza un ataque más mesurado, con cadencias amenazantes.

Los tres temas arriba descritos cuentan en el disco con contrapartes que abordan el singular paisaje sonoro de cada uno desde una perspectiva distinta. “South” comprime el ataque sonoro de “North” en nueve densos minutos, mientras que “Circle” alcanza una atmósfera jubilosa a partir del entramado armónico de “Square”. “Moog”, finalmente, deposita el tono líquido de la guitarra de Pinhas, central en “Drone 1”, en una cama de sintetizadores análogos, logrando el momento más accesible del disco.

Este juego de dualidades evidencia la cuidadosa y balanceada construcción de este disco, que además de ser una obra redonda, es una excelente excusa para conocer el talento singular de Pinhas.