Arte

Opinión | Le Corbusier en decadencia


Por Andrea García Cuevas / @androsglc | Septiembre, 2014

¿Qué queda de las utopías y las promesas de un mundo mejor promulgadas por la modernidad a principios del siglo XX? En un momento donde la imagen del mundo moderno —aquella que sostenía los valores del progreso asegurando su éxito— ha sido más que superada por la realidad para dar paso a una representación aún más crítica, vandalizar los iconos de la época no parece más que una consecuencia. La pregunta inicial es planteada por el artista Xavier Delory como parte de su más reciente serie Peregrinación por la Modernidad (Pèlerinage sur la modernité, 2014), proyecto fotográfico intervenido con herramientas del photoshop, que proyecta el fracaso del movimiento moderno a través de sus monumentos arquitectónicos.

La primera protagonista del proyecto es una de las obras más importantes y revolucionarias de principios del siglo XX: la Villa Savoye (1929), con la que Le Corbusier no sólo trazó las bases de su arquitectura racionalista sino también expresó el espíritu de la época. Emplazada en la comuna francesa de Poissy, a las afueras de París, la casa representa la concepción mecanicista del mundo. El contexto que la vio nacer, inmerso en la identidad y las entidades industriales, posibilitó su diseño como un prototipo ideal para ser reproducido en serie. De ahí los famosos “5 puntos de la arquitectura” (Pilotis, terraza jardín, planta libre, ventanas corridas y fachadas libres). Una artificio con un lema muy claro: “La casa es una máquina de habitar”.

Para Delory, una de las más grandes contribuciones de la Modernidad, que sobreviven y aún se arraigan con fuerza en el presente, han sido los proyectos de vivienda. La historia, la arquitectura y los referentes que transmite la Villa Savoye se articulan discursivamente con la propuesta visual del artista belga. Las imágenes muestran la casa como un espacio sumido en la decadencia, totalmente abandonado, con los ventanales rotos y los muros grafiteados. El resultado, sencillo pero atractivo, provoca la memoria visual, establece un vínculo con el paisaje cotidiano actual y transgrede un símbolo del modernismo para hacer visible una realidad: el tan sonado fracaso de las utopías.

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