Arte

Opinión | La importancia de seguir instrucciones


Por Tania Puente | Junio, 2015

Happening obligatorio:

Decidirás o no leer esta instrucción.

Al haber tomado tu decisión, el happening ha terminado.

Ken Friedman, 1966.

El Archivo Fluxus, compuesto por los títulos Ensayo sin título y otros happenings, de Allan Kaprow, y [Breve] autobiografía de la originalidad, de Dick Higgins, editado por Tumbona Ediciones, llega a su culminación con Cuaderno de ejercicios. Eventos, acciones y performances. Esta compilación, llevada a cabo por Ken Friedman, Owen Smith y Lauren Sawchyn, y traducida al español por Bibiana Padilla Maltos y Alejandro Espinoza Galindo, brinda un acercamiento panorámico y práctico de las producciones performáticas de Fluxus.

Cuaderno de ejercicios está dividido en dos partes. La primera de ellas es el ensayo de Ken Friedman “50 y tantos años de Fluxus”, aparecido por vez primera en 1989, pero con una adenda conmemorativa de los 50 años del nacimiento de Fluxus, del 2012 (es esta segunda la versión incluida). Si bien por los rasgos característicos de este grupo se vuelve difícil asirlo y suscribirlo a un espacio y un tiempo específicos, el punto de partida detona la necesidad de recordar aniversarios y revisar, de forma reflexiva —y no exenta de nostalgia— aquello que consolidó a Fluxus como tal.

Contrario a otros movimientos, los miembros de esta manifestación se negaron a ser concebidos como un grupo cerrado, el cual terminaría por desgastarse tautológicamente. En vez de eso, Fluxus puede definirse como una idea creadora de paradigmas y modelos: más que entregar producciones fijas y terminadas, las ideas estaban al alcance de todos, para ser experimentadas y puestas en acción cuantas veces se deseara.

Ken Friedman, representante del Fluxus en el Oeste, retoma de Dick Higgins los 9 criterios constituyentes del Fluxus y los aumenta a 12 —globalismo, unidad del arte y la vida, intermedia, experimentalismo, azar, carácter lúdico, simplicidad, implicación, ejemplaridad, especificidad, presencia en el tiempo y musicalidad— los cuales describe puntualmente en su ensayo.

Aunado a esto, abre una reflexión en torno a la relación de Fluxus y la tecnología. Si nos remitimos a la época que cobijó su surgimiento, era fácil que los artistas, arquitectos, músicos y diseñadores asociados a este flujo se dejaran seducir por las apariciones tecnológicas y sacrificaran su interés filosófico por la vistosidad de lo nuevo.

Para Fluxus, la función se privilegia sobre el objeto, la tradición global se jerarquiza sobre nacionalismos fanfarrones y la discusión entre los límites del arte y la vida se desecha puesto que, para ellos, no hay tales. Fluxus rompió con las barreras espacio-temporales características de los circuitos del arte, así como de las convenciones de los lugares de exhibición, emplazando sus performances en cualquier tiempo y cualquier lugar. Su carácter humanista radicaba en que “el artista, y no las herramientas, dicta las formas.” Lo cual nos lleva a la segunda parte: el cuaderno de ejercicios.

Son 41 los artistas de quienes se incluyen eventos e instrucciones a seguir. El estilo de las instrucciones se caracteriza por su brevedad y puntualidad. No hay confusión para el lector y potencial performer, los mensajes son claros para su realización.

El orden de la selección de artistas se rige por un orden alfabético, pero si tuviéramos que identificar tipos de instrucciones, podríamos dividirlas en piezas musicales, otras más que incitan y requieren la intervención del público, y un último grupo que alude a un ambiente más íntimo: a realizarse en la compañía de amigos o solos en la tranquilidad de casa. Los diálogos entre estos tipos se encuentran presentes, y sus ejecuciones y discusiones nos hacen pensar en las interrelaciones de la época, y en sus herederos, como, por ejemplo, el arte relacional, el cual se construye a partir de la participación de los espectadores.

Ahora bien, ¿por qué editar el Archivo Fluxus? ¿Qué hay con el traerlo a estos momentos?

Si bien la lectura de las instrucciones podría estar inscrita en un regimen disciplinario y prescriptivo, su finalidad es apelar a la subversión de las normativas que delinean las convenciones sociales. Las ideas artísticas de Fluxus eran simplistas, mas no simples, discurrían en temporalidades que podían prolongarse o activarse en cualquier momento, y pugnaban por una democratización de esas mismas ideas. El poder zambullirse en su tradición a través de la performatividad de las instrucciones es un ejercicio que tiende a la formación de comunidades y a una reconciliación individual que parte desde el cuerpo: se crea, con estas pautas, un otro mundo, otra posibilidad de concebirnos y de comprender nuestra existencia. Aunque sea sólo por un momento.

Imagen: Tumbona Ediciones.