Música

Opinión | Joyas enlatadas / Parte II


Por Pablo Cordero / @sugarskull12  | Octubre, 2014

El que un grupo o artista cuente conmaterial inédito no tiene nada de especial; hasta las bandas prefabricadas por la mercadotecnia y los artistas más prolíficos de lo-fi tienen canciones que, por alguna u otra razón, nunca llegan a publicar o incluso a registrarse oficialmente. Es común que cortes de su periodo formativo, experimentos formales y canciones que no encajan con su sonido habitual se queden en la congeladora. Pero también existen canciones (y discos completos) que, pese a nunca haber sido editados formalmente, trascienden lo que normalmente se espera de un rarity cualquiera. De estas joyas, escondidas durante largo tiempo pero hoy accesibles para el público en general a través del Internet, es que hablaremos en este texto.

David Bowie, quien cuenta con una considerable cantidad de temas inéditos, es autor de una obra digna de análisis que seguiría hundida en la oscuridad de no ser por las bondades del file-sharing. En 1994, sin más preparación que algunas líneas de una historia cyberpunk de asesinatos de su autoría, Bowie entró al estudio con una banda que incluía a Brian Eno, el guitarrista Reeves Gabrels y el pianista Mike Garson, y en cuatro horas creó una “ópera industrial improvisada” que hoy podemos encontrar bajo el título de Leon o Outside Outtakes. Por desgracia, su disquera encontró a estas atmosféricas y delirantes grabaciones poco comerciales y persuadieron a Bowie para volver a trabajar con estas ideas en estructuras más convencionales, dando lugar al disco Outside de 1995. Como sea, los Outside Outtakes muestran un lado fascinante e inusual de la camaleónica carrera del británico.

Una banda tan popular como The Cure también tiene un tema que, por sus mismas características, no puede ser registrado en el estudio; “Forever”, corte improvisado que desde 1981 tocan ocasionalmente en sus conciertos, donde Robert Smith cambia la letra según la ocasión, usualmente desembocando en una catártica andanada de ruido y aullidos.

Hay también bandas cuya existencia entera queda relegada a la proverbial congeladora, al nunca realizar una grabación profesional, y en casos excepcionales esto no impide que lleguen a resultar influyentes. Es el caso de The Screamers, seminal grupo californiano de synth-punk (alineación: batería, dos sintetizadores y vocales) cuya fugaz existencia a fines de los setenta sólo quedó registrada en algunas grabaciones piratas, lo que no impide que artistas como Dead Kennedys, Yeah Yeah Yeahs y Swans los citen entre sus mayores influencias.

Acceder a este tipo de joyas perdidas implica saber dónde buscar, así como sortear la desigual calidad de grabación a la que frecuentemente tendremos que enfrentarnos, pero la recompensa puede ser conocer un lado oscuro y oculto de este campo de la cultura popular.