Música

Opinión | Jake Bugg: ¿Talento o marketing?


Por Pablo Cordero / @sugarskull12 | Noviembre, 2014

El 20 de noviembre, se presentará en el José Cuervo Salón del DF, el joven cantautor británico Jake Bugg (quien también visitará, un día antes, el Teatro Estudio Cavaret en Guadalajara). Pese a inscribirse dentro de la vertiente más comercial del rock contemporáneo, su talento para escribir canciones no carece de interés.

Con 20 años de edad, Bugg ya cuenta con un bien recibido disco debut Jake Bugg que le mereció elogios, llegando incluso al primer lugar en las listas de popularidad británicas, con un estilo directo y sencillo, con bases de country, folk y rock clásico, el cual contrasta con la mayoría de los éxitos comerciales del momento en el mundo del pop. Su segundo disco, Shangri La, fue realizado bajo la dirección de uno de los productores más exitosos del mundo del hip-hop y el metal, Rick Rubin (Shangri La es el nombre de su estudio en Malibú, donde grabaron el disco), y es necesario decir que la combinación de talentos de Bugg y Rubin no resulta del todo afortunada.

El potente pero aséptico tono en las guitarras remite al trabajo de Rubin con Metallica o Aerosmith, pero carece de la calidez que sentaría mejor a los riffs clásicos de rockabilly que Bugg construye con facilidad. El trabajo de los veteranos Chad Smith (Red Hot Chili Peppers) y Pete Thomas (Elvis Costello & The Attractions) en las percusiones es impecable, pero al comparar la soltura de su primer disco con el lustre profesional de Shangri La es inevitable preguntarse qué tan cómodo se habrá sentido Bugg rodeado por consumados profesionales que le doblan o triplican la edad.

Sin embargo, la personalidad de Bugg, un chico de clase obrera que compensa sus carencias en formación musical con una capacidad intuitiva para estructurar canciones, se percibe como auténtica y sincera, opinión que comparten muchos de quienes lo vieron actuar en el festival Corona Capital en octubre de 2013. Su voz nasal y quejumbrosa, por su parte, da un toque agradablemente humano e imperfecto al extremo profesionalismo de la grabación.

“There’s a Beast and We All Feed It”, “Slumville Surprise” y “Kingpin” son disfrutables y bien realizadas canciones de rock retro, pero la notable “Kitchen Table”, una madura y conmovedora reflexión sobre una relación que termina, con un arreglo musical sereno y espaciado, ofrece quizás el mejor ejemplo del potencial como compositor de Bugg, quien puede llegar a firmar grandes canciones si es que logra tomar el control de su carrera y evita caer dentro de las maquinaciones del marketing y las disqueras multinacionales.