Arte

Opinión | Fragilidades sobre el exterior


Por Clara Bolivar Moguel / @yoclaramente | Junio, 2015

En el marco del año México-Reino Unido, se presenta en el Laboratorio Arte Alameda la muestra A room of one´s own: Fragilidades sobre el exterior, bajo la curaduría de José Luis Barrios. En ésta participan Melanie Smith (Inglaterra), Katri Walker (Escocia) y Jaki Irvine (Irlanda). El título de la exhibición refiere a un ensayo de Virgina Woolf del mismo nombre, en el cual apunta que las mujeres requerirían independencia económica y legitimidad individual para realizar una producción literaria autónoma. A partir de este planteamiento, ¿cuál sería entonces la autonomía y legitimidad a la que se alude en esta muestra? Según el texto curatorial: modernidad poscolonial, imagen y feminismo.

En la pieza de Jaki Irvine titulada Se compra: Sin É, un canto galéico interpretado por Louise Phelan con un pianista, un violinista y un chelista, se sobrepone con el registro visual y sonoro de personas que entonan voces anunciando servicios en la ciudad de México: afiladores, vendedores de gas, compradores de “colchones, lavadoras, refrigeradores…”. El video produce una mirada exotizante sobre los oficios callejeros. Me parece que la conjunción que traza la artista con los cantos irlandeses es gratuita e injustificada, ya que no se vinculan conceptual ni históricamente, aunque por contraste, logra un señalamiento sobre las características sonoras particulares de la ciudad.

Tlacochahuaya de Melanie Smith revisa iconográficamente el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, de Diego Rivera mediante un estudio minucioso de vestimenta, manos y piernas de ciertos personajes que contiene la pieza de Rivera. Con ello, Smith intenta relativizar el binomio de lo masculino y lo femenino implicado en la pintura de recintos religiosos y políticos. En la sala de exposición se encuentra un andamio y algunos botes de pintura que parecen remitir a elementos más bien museográficos, casi escenográficos. Smith regresa al lugar común, es decir, vuelve a una lectura del muralista mediante el recurso de su fragmentación, pero sin tener una línea clara de la intención que se busca con su reelaboración.

La pieza más interesante de la muestra es Trip de Light de Katri Walker, en la cual se sigue el hilo de la narrativa de la tauromaquia mediante la contraposición de dos vídeos: uno que documenta las manos que tejen delicadamente una prenda, otro que destaca los pies que se deslizan sobre la arena de la plaza de toros. Walker logra un ritmo visual admirable gracias al énfasis en el detalle y la descripción minuciosa, en el cual se cuestionan las asociaciones entre la luz y el brillo con los valores masculinos y/o femeninos, entre la fiesta y el cuerpo: simultáneamente remiten a la metáfora de luz como claridad en el conocimiento y la reflexión.

Esta exposición pone sobre la mesa la dificultad respecto a las estrategias “descolonizadoras” y «femeninas» del arte. ¿Qué implicaría hoy la construcción y legitimación del arte que se hace desde México? ¿Qué papel ha tenido México como sitio de encuentro y objeto de estudio para el arte? ¿Cómo se hace el arte desde los «márgenes»? ¿Cómo se desmantelan las estrategias dominantes de representación, y qué se puede construir desde ese desmantelamiento? A room of one´s own, a mi juicio, esboza vagamente estas preguntas.

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Foto: Cortesía LAA.