Arte

Opinión | El pasado de Asghar Farhadi


Por Abel Cervantes | Agosto, 2014 

Marie (Bérénice Bejo) es una mujer francesa que se ha enamorado de Samir (Tahar Rahim) y quiere casarse con él, pero para lograrlo debe tramitar el divorcio de su segundo esposo, Ahmad (Ali Mosaffa), que regresa de Teherán a París para enfrentar un pasado que había dejado en el olvido.

El sexto largometraje de Asghar Farhadi, que se estrenó la semana pasada en las salas de nuestro país, es un melodrama que no recurre a sentimentalismos. Por el contrario, exhibe una estructura compleja donde las emociones de los protagonistas se acompasan al ritmo del montaje. Además de sostenerse en una magnífica fotografía (Mahmoud Kalari) y en un estupendo guión (autoría del propio Asghar Farhadi), la cinta sustenta gran parte de su éxito en la calidad de sus actuaciones.

El punto de vista de El pasado no se detiene en un solo personaje. Al inicio del filme privilegia la perspectiva de Ahmad, que al regresar de Therán intenta descifrar una historia enmarañada donde su exmujer no puede sostener relaciones sentimentales estables con sus hijas. Posteriormente se detiene en la de Marie, una joven afligida que luego de tener dos hijas en su primer matrimonio, e intentar una nueva relación con un extranjero, decide casarse por tercera vez. Finalmente, la película observa la fábula de Ahmad, un joven cuya esposa trató de suicidarse por un enredo amoroso.

Exhibida en 2013 y nominada a múltiples premios, entre ellos al de mejor película extranjera en los Globos de Oro, mejor película en los Premios César y mejor actuación femenina en el Festival de Cine de Cannes, El pasado es una película sobrecogedora que esquiva los lugares comunes del melodrama, dotándola de una inteligencia que los filmes de este género rara vez exhiben. En el desenlace ofrece una de sus escenas más bellas, cuando el joven Ahmad intenta recuperar a su esposa, que está en coma en la cama de un hospital. La secuencia exhibe habilidades técnica y narrativa sobresalientes. Pero más importante aún: devela un final abierto, como si el director quisiera decirle a los espectadores que en asuntos amorosos no hay certidumbres, las historias pueden cambiar repentinamente, a veces de formas alegres y otras tantas de maneras desesperanzadoras.