Arte

Opinión | Cuando la noche cae en Bucarest o metabolismo, de Corneliu Poromboiu


Por Gustavo Cruz / @piriarte | Diciembre, 2014

En la pantalla, una endoscopía. La mirada del espectador saliendo del esófago para encontrarse en la boca del estómago en busca de una lesión que no será encontrada. Corte. Un médico anuncia a la productora de una película que en el video que están examinando no hay rastros de la úlcera que, supuestamente, había impedido al director de la película que están rodando presentarse a la locación unos días atrás. «Nada dramático», es su diagnóstico. Y después de estas palabras, el affair que el director tiene con la protagonista y que fue la verdadera razón de la ausencia está por llegar a un punto definitorio, a un desenlace que promete intensidad emocional. Y que nunca llega. El romance que durante toda la cinta se fue construyendo lentamente, a través de largos diálogos en planos abiertos que, con mucho esfuerzo, logran generar tensión y un cierto suspenso, no tiene cierre. El conflicto no tiene solución. El nudo argumental es destruido antes de tener la suficiente fuerza siquiera. Nada dramático.

Esto porque la preocupación de Cuando la noche cae en Bucarest o metabolismo, tercer largometraje del realizador rumano Corneliu Poromboiu, no es el romance entre director y protagonista. Sino el cine como técnica y como lenguaje. Por eso es tan importante la endoscopía. Walter Benjamin, en su ensayo de la década de los años 30 La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, había comparado al cine con la precisión y frialdad de la cirugía, en oposición a los medios tradicionales, más emparentados con la magia del curandero. Ese importante escrito intenta dar cuenta de cómo la tecnología utilizada en la producción de una obra moldea y determina esta producción, así como la percepción de su audiencia. Parece que Porumboiu se toma de manera literal este símil.

El interés por cómo la técnica impone la forma al producto, la obra, está todo el tiempo en los diálogos. Se habla de cómo los cubiertos con los que cuenta una cultura determinan la forma en la que se cocinan los alimentos. El cuchillo y el tenedor permiten servir trozos grandes de carne, los palillos vuelven necesarios pedazos más pequeños. De igual manera, el cine análogo impone un límite de duración temporal a los planos, que es la longitud de un rollo de película. Aproximadamente once minutos por rollo. Esto es discutido hacia el inicio del film. Y casi todos los planos de la cinta duran aproximadamente 6 minutos. Porumboiu quiere que el espectador experimente este límite. Pocos ejercicios de reflexión sobre el cine tan interesantes como este se han hecho en años recientes. Es por eso que es una lástima que en salas nacionales la cinta haya tenido tan sólo una fugaz presencia en el marco del Festival Internacional de Cine de la UNAM. Y que, en general, en prensa o festivales, haya llamado tan poca atención.