Música

Opinión | Morrissey: Exquisita madurez


Por Pablo Cordero / @sugarskull12

Dentro del mundo del pop sigue imperando el culto a la personalidad, y es muy difícil separar al creador de la obra. Es común caer en la trampa de pensar que, como aficionado a un músico o cantante, llegamos a conocerle a un nivel personal e íntimo a través de sus grabaciones. Visto de esta forma, debo decir que percibo a Morrissey como un amigo con quien me une una relación complicada; tan egomaníaco y santurrón que puede resultar insoportable, pero con destellos de sinceridad y desternillante buen humor que me impiden, figurativamente hablando, retirarle la palabra.

Su recientemente publicada Autobiography es un buen ejemplo de esto; además de su ridícula insistencia en publicarla a través del sello Penguin Classics (hasta ahora dedicado a clásicos establecidos de la literatura occidental), el libro destina página tras página a condenar a todos los que han ofendido al eternamente victimizado Morrissey, desde ingratos colaboradores que se atreven a pedir un trato igualitario en la repartición de regalías hasta ejecutivos de disqueras, cuya ineptitud impide al cantante alcanzar el número 1 de las listas de popularidad, que le obsesiona como una ballena blanca. Y eso sin mencionar el episodio en el que Morrissey, activista de los derechos animales, se niega a sentarse a desayunar con David Bowie, quien está comiendo carnes frías, recibiendo como respuesta un “debe ser un infierno vivir contigo”.

Sin embargo, Morrissey cuenta con la virtud de admitir que, sí, vivir con él es un infierno, temperando su arrogancia con destellos de humorístico auto-desprecio que le humanizan. Además, su innegable talento para hilar frases memorables, que ha llevado a que se le considere uno de los grandes letristas del rock contemporáneo, hacen de Autobiography uno de los pocos libros esenciales dentro del subgénero de literatura sobre rock.

“Istanbul”.

En cuanto a su discografía, sucede algo similar: Morrissey parece estar desde hace años en riesgo de convertirse en una parodia de sí mismo, pero su evidente talento impide que caiga la calidad de sus discos. En 2004 Morrissey salió de un hiato de 7 años, transcurso en el cual perdió el apoyo de su sello discográfico, con el sublime You Are the Quarry, un gran disco de comeback y capítulo inicial de la trilogía que completan Ringleader of the Tormentors (2006) y Years of Refusal (2009), excelentes discos de madurez, duros e inteligentes. Su más reciente grabación surge en una situación similar a la de hace una década: el nativo de Manchester se separó de su disquera y ha padecido durante los últimos años de una enfermedad que le obligó a cancelar sus últimas giras, pero emerge de esta complicada situación con otra obra maestra.

“World Peace Is None of Your Business “.

World Peace Is None of Your Business se distancia del sonido rockero y agresivo de sus últimos tres discos en favor de un cálido sonido vintage, influido por el pop de la década de los sesentas (es necesario reconocer la extraordinaria labor del veterano productor Joe Chiccarelli). La calidad de las canciones es excelente, con joyas de pop como “Staircase at the University”, “Kiss Me A Lot” y el tema que da título al disco al lado de lentas y dramáticas baladas como “I’m Not a Man” y “Smiler With a Knife”, además de temas más duros, como “Neal Cassady Drops Dead”. Cuando Morrissey se hace acompañar por una guitarra de flamenco en “Earth Is The Loneliest Planet”, el resultado podría ser ridículo, mas el cantante se desenvuelve con comodidad en el terreno del kitsch y sale triunfador, como en aquel memorable concierto del año 2000 en que Moz y su banda tocaron en el Auditorio Nacional vestidos de mariachis.

Aunque el disco (sobre todo en su versión deluxe, con seis temas extra) resulta demasiado largo para considerarlo intachable, es un triunfo, obra de un artista maduro que vive un excelente momento.