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Las líneas que dividen/Parte I


Por Daniela Orlando / @danieltitlan

En días pasados presenciamos la noticia de la reanudación de las hostilidades entre Israel y Palestina. Si bien es un conflicto muy complejo que requiere de un amplio bagaje de información para explicarse, el conflicto en sí ha sobrevivido porque sucede como parte de la vida diaria de ambas líneas. Divididos por un amplio muro, desde distintas posturas se ha intentado marcar cada vez más las diferencias de los habitantes palestinos como de los israelíes. En un aterrador, violento y funesto ataque, la esperanza empieza por difuminarse.

Sin embargo, hay quienes han determinado su modo de vida por el conflicto, pero por fortuna, han ido en la búsqueda de la salida de escape. Arkadi Zaides es un coreógrafo independiente nacido en la Unión Soviética en 1979, migró a Israel en 1990. Creó en colaboración con el Instituto Goethe de Israel en 2012 el proyecto “Moves without borders”, con él se propone invitar a coreógrafos de distintos lugares del mundo para trabajar en Israel.

En 2010 creó la obra Quiet una pieza para cuatro bailarines, dos judíos y dos árabes. Este proyecto se creó como una forma de vaciar y liberar las fuertes tensiones que se consideran inherentes entre dos sociedades, pero sobre todo, en crear un espacio donde se pueda reflexionar frente al caos y generar un cambio. Para Zaides el ejercicio escénico tiene todas las herramientas para generar enlaces de mayor fortaleza, enfrentarse en una relación de contacto físico implica necesariamente un cuidado y respeto con el otro. Una puesta en escena requiere de comprensión y comunicación en su proceso, Zaides propuso entrar de lleno en los códigos que pudieran crear nuevas relaciones a partir de la comprensión de cada uno como individuo.

Quiet habla del sentido de emergencia y rabia que habita en cada ser y que se traduce en una expresión descontrolada, pero también en el acompañamiento del dolor y la caída tras la furia. Un espacio seguro y libre donde los sentimientos puedan ser manifestados pero también explorados para construir confianza, un lugar donde puedan habitar todos los matices y donde por un instante, exista el silencio.

El trabajo de Zaides es sin duda un rasgo de esa esperanza donde las comunidades están dispuestas a encontrar la forma de vivir como habitantes de un espacio en común. El arte se considera uno de tantos espacios para liberarse y también para encontrarse. Si ejerciéramos el trabajo de dirección que Zaides hizo para la elaboración de Quiet entre un grupo más grande ¿podría cambiar algo? ¿Podríamos, de algún modo, bajar nuestras murallas?