Música

LA SOBREHUMANA PERFECCIÓN DE KRAFTWERK


Por Pablo Cordero / @sugarskull12

¿Existe otra banda tan seminal, tan influyente sobre el panorama actual de la música pop como Kraftwerk? Es necesario hablar sobre su legado con la misma reverencia con que nos referimos a The Beatles y The Velvet Underground, con una importante diferencia; Kraftwerk son una banda aún en activo, como lo demostraron en el Plaza Condesa de la capital mexicana el 13, 14 y 15 de marzo.

Los germanos pioneros del synth-pop presentaron su espectáculo 3D Concert con el cual hicieron gala de su estética a la vez retro y vanguardista. Sus discos acostumbran ser obras ejemplares por su consistencia, y en vivo Kraftwerk hacen patente el deseo de conservar la unidad temática y estilística de sus obras; no sólo tocaron de cabo a rabo The Man-Machine (1978), acaso la mejor de sus muchas obras maestras, sino que también dedicaron amplios segmentos del concierto a tocar casi completos discos como Computer World (1981) y la que hasta ahora es su última referencia discográfica, Tour De France Soundtracks (2003).

 

 

Además, terminaron su set tocando la primera cara de su LP de 1986 Electric Café (Techno Pop), cifrando el punto climático del concierto en el tema “Musique Non-Stop”. Esto demuestra que para Kraftwerk un disco no es sólo un conjunto de canciones sino una expresión estética completa, lo cual resulta más evidente al saber que inmediatamente después de su visita a México, Kraftwerk daría ocho conciertos en Los Ángeles interpretando completos los ocho discos centrales de su catálogo.

Y si la música de Kraftwerk, tan sencilla y a la vez tan profunda como sólo puede ser la mejor música pop, poseedora de una perfección melódica y rítmica casi sobrehumana, es necesariamente el punto focal de sus conciertos, el elemento visual resultó también ejemplar. Contrastando con la sobriedad y el estatismo de los cuatro músicos, casi inmóviles detrás de sus modernos teclados, vistiendo extraños trajes minimalistas-futuristas, las proyecciones tridimensionales combinaban la alta tecnología con la estética limpia y sencilla que desde hace años caracteriza al grupo, repleta de figuras geométricas simples y colores vívidos. Lo mismo podían bombardear al espectador con una ráfaga de números (“Numbers”) que llevarlo por un viaje espacial que concluye al aterrizar un OVNI en Teotihuacán (“Spacelab”), o bien recorrer una ciudad repleta de rascacielos que provocan la inquietante sensación de caer hacia arriba (“Metropolis”). Acaso el momento más potente tuvo lugar en “Autobahn”, que exhibe a dos automóviles (Volkswagen y Mercedes-Benz, natürlich) recorriendo una autopista a través de un paisaje imposible en el que no existe el polvo, la contaminación, y a juzgar por el vacío que se adivina tras los cristales de los autos, tampoco los humanos.

 

 

Las presentaciones de Kraftwerk en el Plaza Condesa superaron ampliamente el impacto de la anterior visita de los alemanes a México (como teloneros de Radiohead en 2009), y nos recordaron por qué son una de las bandas más importantes en la historia.