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Gremios vs exigencias sociales


Por Rosa Castillo

 

 

A pesar de que no es un tema nuevo, no deja de ser un tema que debería seguirnos preocupando y, sobre todo, ocupando. Desde finales del siglo pasado el público de la danza se ha ido perdiendo; en las estadísticas del CONACULTA es fácil ver la poca audiencia, el poco conocimiento y cómo es que los bailables escolares tienen más foro que los propios escenarios.

¿Qué es lo que está pasando con la danza contemporánea? ¿Qué fue lo que perdió, ganó, cambió o no modificó a lo largo de estos años que ha dejado de impactar en la sociedad?

Para qué hacemos danza si el público somos nosotros mismos, la gente que encontramos una y otra vez en los foros a lo largo del año; cómo es que seguimos esperamos que sea una prioridad para el gobierno si lo único que ven ellos son números de encuestas y estadísticas que están muy lejanos de entender la realidad de la propia actividad.

Por un lado tenemos que preguntarnos qué es lo que está proponiendo la danza y cómo lo está haciendo, es decir, cómo se está conformando en tanto arte y cuál es la necesidad de llevarla a cabo, tanto para los intérpretes como para el público, más allá del interés de exploración individual. Por el otro habría que preguntarnos sobre el gremio dancístico, y cómo se está conformando o más bien, como no se está conformando.

Es común escuchar el deber del estado como promotor de la cultura, sin embargo, si las compañías no empiezan a ver más allá de sí mismas, y sus propias oportunidades, para generar un gremio real que pueda exigir en conjunto todo lo que espera de un ente, realmente muy abstracto, llamado estado.

Un gremio que exija, que se una, que se junte para crear instituciones que les brinden seguro médico, seguridad social, etc., no podemos esperar que el estado mágicamente cambie sus prioridades neoliberales.

Los esfuerzos individuales se agotan, agotan y han agotado a grandes bailarines y coreógrafos del recorrido de la danza contemporánea en México. Uno de los más emblemáticos ejemplos de esta lucha es el caso de la compañía Ballet Teatro del Espacio que en el 2011 se cerró después de 43 años de trabajo ininterrumpido, Gladiola Orozco y su compañero artístico y de vida, Michel Descombey, debido a que el FONCA dejó de dar repentinamente el subsidio con el que apenas sobrevivía tanto la compañía, como el foro, como su espacio educativo (el Centro de Formación Profesional y Enseñanza Abierta de la Danza del Espacio Independiente, activo desde 1977).