Otras disciplinas

Evoé Sotelo y su danza mínima


El proyecto aún vigente llamado Danza Mínima, de la coreógrafa mexicana Evoé Sotelo, está compuesto por siete propuestas. Fue concebido, según Mauricio Ascencio, colaborador de la compañía Quiatora Monorriel que dirige Sotelo, como una forma para visitar las habitaciones clausuradas u olvidadas dentro de la mente.

De acuerdo con Evoé, una de las creadoras dancísticas más reconocidas a nivel nacional, Danza Mínima es un caldo de cultivo originado por el ‘razonamiento’ —así lo entrecomilla— del propio inconsciente, que “discrimina, elige, pondera, con total autonomía, los elementos que constituyen el universo personal.” Aquí la improvisación es la técnica que predomina.

 

 

Esta obra ha generado dos antesalas, la primera con cuatro versiones y la segunda con tres; la primera implica el diálogo improvisado entre el cuerpo, el sonido y la luz, mientras que a la segunda se le aumenta la intervención del video en tiempo real. Por su rareza y aspecto alternativo ante el código dancístico, Danza Mínima fue elegida para inaugurar en marzo de 2010 las funciones del Salón de Danza de la UNAM, un lugar donde se promueve la experimentación y el montaje de “propuestas artísticas arriesgadas”.

También fue arriesgado, recuerda la crítica Hayde Lachino, programar la pieza en el Festival de Artes Electrónicas y Video Transitio_MX 02. Encargada de escribir un texto para el catálogo, registró la rigidez de la mirada, con respecto a la danza, de varios espectadores, entre ellos varios artistas visuales.

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“La comprensión general de la danza está vista desde el espectáculo, no como una práctica artística. Resulté indignada frente a la comunidad de creadores, algunos de ellos con propuestas muy radicales dentro de sus disciplinas, cuya crítica recaía en que Evoé ‘no bailó’. Reducir la danza a la ejecución de pasos es empobrecer lo que la danza puede hacer potencialmente”, relata aún sorprendida.

Explica Lachino que “Evoé investiga sobre la temporalidad y plantea estructuras de representación que no están atadas a la lógica aristotélica, del principio, desarrollo y fin, o de contar una historia por medio de estructuras narrativas lineales. Se instala en otras formas de representación donde la inmovilidad, el mínimo movimiento, se instituye como alternativa para la danza”.

– Silverio Orduña