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Danzar en Brasil


Por Daniela Orlando / @danieltitlan

Ahora que Brasil será un tema obligado de conversación, ya sea por la copa mundial o por las manifestaciones sociales, cabe tocar el tema de la danza contemporánea en un país que no es tan distinto al nuestro.

Si bien México ha tenido una larga tradición dancística y escénica, es interesante notar que la forma de hacer danza no difiere tanto a la brasileña. Brasil, como muchos países en Latinoamérica, se enfrenta al problema económico que impide que las oportunidades culturales y de educación lleguen a la mayor parte de la población. Las mismas diferencias socioeconómicas que hemos visto desarrolladas en los últimos días, son un conflicto para que la danza contemporánea se expanda y difunda a lo largo de Brasil.

No obstante, la especialización en la danza ha crecido con buenos resultados. Se ha llegado a crear una base teórica que se fomenta desde las universidades, se ha potenciado la producción coreográfica y sobre todo, la comunidad dancística tiene una fuerte presencia en la red de festivales, muchos de ellos con reconocimiento internacional. Ejemplo de esto es el Festival Panorama de Dança en Rio de Janeiro y el Fórum Internacional de Danza en Minas Gerais.

Gracias a estos dos grandes festivales y algunos menores la danza ganó el apoyo federal, lo cual habla de una agenda política que tiene un interés potencial en el arte. El papel de la danza contemporánea y los fomentos federales en Brasil son mucho más ajenos que en México. A pesar de los matices con los que debemos acercarnos a este tema, Brasil no cuenta con tantos privilegios de fomento a nivel gubernamental. La mayoría de las compañías tienen que realizar esfuerzos por medio de inversiones privadas para sostener su trabajo. Uno de los principales inversionistas y el más frecuente en la danza, es Petrobras, la compañía de petróleo estatal pero con participación extranjera privada en Brasil, misma que se ha enfrentado a grandes discusiones político-económicas y de medio ambiente a nivel mundial.

Sin embargo, la danza se sigue haciendo, sigue creciendo y cada vez es más común hablar de coreógrafos brasileños con propuestas interesantes. Entre las grandes compañías están Grupo Corpo (1975), Quasar (1988) y Companhia de Dança Deborah Colker (1993), como principales. A menor escala, Lia Rodrigues Companhia de Danças (1990), Marcia Milhazes Compañía de Dança (1994), Grupo de Rua (1996).

A pesar de las fuertes dificultades para producir danza y vivir de ello, Brasil no pone en duda sus capacidades y talento, virtud constante en América Latina, que habla de una sociedad que sigue creyendo en el fomento al arte, a su investigación y como un medio donde las diferencias sociales, económicas y fronterizas se abren en un interés compartido. Así se hace danza en Brasil, en México y Latinoamérica pero así se crean, también, las relaciones humanas.