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Comunidades afectivas: empatía, salud mental e imaginación, por Aline Hernández


Por Aline Hernández / @AlineHnndz | Agosto, 2016

En el libro Affective Communities: Anti-colonial Thought, Fin-de-Siècle Radicalism, and Politics of Friendship, la investigadora y profesora de Humanidades e Inglés de la Universidad de Brown, Leela Ghandi, lleva a cabo un importante análisis en torno a la formación de comunidades afectivas. A pesar de que la investigación está enfocada en una serie de utopías que tuvieron lugar en la época victoriana, hacia mediados de 1800, el estudio de estos ejemplos arroja luz para pensar en la actual importancia que pueden tener este tipo de comunidades también llamadas «espacios emocionales».

Se trata de un área poco problematizada. Quizá responda a la necesidad de recurrir a herramientas y metodologías de diferentes disciplinas con el fin de poder crear un espectro más amplio de comprensión, o bien, porque las emociones dentro del paradigma de las ciencias han sido descartadas frente al racionalismo —por más decimonónico que esto pueda parecer—. Lo cierto es que son escasos los trabajos de investigación que abordan este importante tema desde una perspectiva multidisciplinaria o interdisciplinaria.

Aún así existen ciertas publicaciones que se destacan por sus aportaciones como es el caso antes mencionado de Leela Ghandi. Otro ejemplo, es el libro Political Affect. Connecting The Social and the Somatic, de John Protevi, profesor de Filosofía y Estudios Franceses de la Universidad Estatal de Louisiana. En esta publicación el autor lleva a cabo un minucioso estudio de la relación entre los factores sociales y somáticos para plantear cómo nuestras mentes, cuerpos y condicionamientos sociales están intrínsecamente vinculados. Lo interesante de ambos casos, es que logran sentar las bases para replantearse el importante rol que juegan las emociones y las relaciones afectivas más allá de considerarlos como meros sentimentalismos, logrando de este modo, complejizar las experiencias y evidenciar la importancia que tiene el re-evaluar su papel en nuestras vidas, relaciones y construcción de espacios.

Por su parte, la periodista e investigadora Vanesa Saiz Echezrreta explica que si bien este enfoque ha sido vagamente abordado, tampoco ha pasado del todo desapercibido. De acuerdo a la autora:

«Durante la última década, se ha incrementado el conocimiento interdisciplinar sobre las emociones desde la neuro-biología, la psicología, la sociología, la ciencia política y la filosofía entre otras […] Las emociones se han mostrado como un elemento sugestivo y prometedor a la hora de comprender y explicar la acción colectiva y los movimientos sociales» (1).

A partir de esta premisa, Saiz plantea que esta perspectiva que ella denomina «giro emocional» no es simplemente un enfoque, sino la incorporación a las investigaciones de herramientas que permiten ampliar el conocimiento de las consecuencias y modos de incidencia que tienen los afectos, las emociones y los vínculos entre sujetos que a su vez acompañan a movimientos sociales, comunidades, colectivos, comunas, etc. y que forman parte intrínseca de su creación, mantenimiento así como de sus luchas.

En los tres casos resulta interesante no sólo la predisposición de investigadores a incluir el estudio de las emociones entre sus marcos teóricos, sino también la conciencia de que el estudio e inclusión de éstas, logrará ampliar nuestro entendimiento sobre las posibilidades que el trabajo emocional y afectivo puede conllevar. Tomando en cuenta los estragos que han acarreado las producciones en masa de crisis, las emociones pueden además ser un factor fundamental para lograr tanto la existencia y reproducción de estos espacios y comunidades a largo plazo como su mantenimiento y sostén.

Saiz argumenta en este sentido que:

«[…] la idea de disposición afectiva remite a la posibilidad de acción, esto es, actúa como una guía u orientación para la acción colectiva, lo que presupone la existencia de un espacio de encuentro y contacto entre sujetos […] Si estamos abiertos a sentir un sentimiento —tenemos una disposición afectiva—, significa que existe un lugar que puede ser ocupado, una experiencia potencial (que podemos anticipar emocionalmente) y que puede transformarse en un acontecimiento o suceso presente» (2)

Esto abre preguntas no sólo en torno a las disposiciones afectivas y cómo éstas se cuidan —vinculadas con los espacios de salud mental o cuidado emocional—,  sino también al hecho de cómo procurarlas, o bien, producirlas en el marco de una guerra que está teniendo lugar y que opera principalmente a través de lo que la activista e investigadora Naomi Klein ha planteado como «doctrina del shock».

Si tal como menciona Saiz, la posibilidad de transformar el presente, y por tanto, incidir en la construcción de un otro futuro está directamente relacionado con la memoria afectiva, con los sentimientos y con la disposición afectiva, precisamente esta «cultura del shock» apela a bloquear dichas emociones, a doparlas o anularlas con el propósito de impedir acciones colectivas, construcción de vida en común o de espacios comunitarios.

El análisis realizado por Klein plantea que desde 1970, se ha puesto en marcha un modelo de carácter corporativista que apela a la «privatización radical de guerras y catástrofes». Éste busca; o bien aprovecharse de las catástrofes —como ocurrió en lugares como Nueva Orleans después del huracán Katrina, en Sri Lanka tras el terremoto del 2004, o el terremoto de Haití en 2010—; o bien crearlas para lograr, en palabras del economista Milton Friedman, que «lo que hasta entonces era políticamente imposible, se vuelva políticamente inevitable» (3)

Las crisis que derivan de estos ataques o catástrofes se vuelven entonces lucrativas oportunidades para el mercado y la inversión privada, quienes vinculados con las potencias y de la mano de organismos no gubernamentales y otros cómplices, orientan la situación en beneficio de las potencias y de los intereses corporativos representados por las multinacionales. Para ello recurren a estrategias como debilitar la economía interna, acrecentar el endeudamiento, generar escasez alimentaria, y por tanto, impulsar la pauperización de la población; acentuar mediáticamente la crisis humanitarias por la que atraviesa el país, además de que comúnmente dichas fuerzas de ocupación están directamente relacionadas con el alza de la violencia en los países donde se instalan, generando así otra justificación más por la cual «permanecer» (4).

Pero esta doctrina no sólo aplica para la privatización de catástrofes de grandes magnitudes, sino otro tipo de formas de represión, violencia y producción de miedo en menor escala. Podemos tomar como ejemplo la delirante Operación Piñata, puesta en marcha en España, que opera bajo una lógica cuasi medieval de persecución y cacería de brujas. En un artículo publicado al respecto, el autor menciona: «No explican, por supuesto, que se han permitido derribar puertas, incluso fachadas enteras, e invadir moradas sin permisos judiciales, o invadir barrios enteros para crear un sentimiento de alarma y terror que no existían antes. Es un paso más en la caza de brujas antifascistas que llevamos sufriendo en los últimos años» (5)

En oposición a estos mecanismos de represión existen también una gran diversidad de comunidades, colectivos y grupos de afinidad que trabajan para no sólo subsanar estos efectos sino para construir otras formas de estar en el presente. No se trata así de sólo una disposición afectiva sino de la puesta en marcha de un conocimiento en torno a las afectividades, de procesos de des-aprendizaje y re-aprendizaje.

Por ejemplo, el colectivo transdisciplinario Kunci Cultural Studies quienes a partir de este trabajo sobre lo afectivo y el estar-juntos, presentaron una serie de cápsulas resultado de una residencia que llevaron a cabo algunos de los integrantes del colectivo en Ifa Gallery Berlin. La idea era reflexionar sobre el concepto de ‘Numpang’ cuyos significados varían dependiendo de la situación.

Syafiatudina, una de las integrantes menciona en una de las cápsulas titulada Numpang as Politics of Sharing que ‘Numpang’, puede significar la acción de refugiarse o vivir temporalmente en un espacio que pertenece a alguien más; puede utilizarse para referir a una cosa que depende de otra cosa para que esta pueda existir o la acción de facilitar conocimiento y cuidado mutuo; puede ser también un gesto de amabilidad que muestra que estoy temporalmente utilizando el espacio del otro y creando ruptura en su tiempo y espacio, o puede ser utilizado como una forma de relacionarse ya que simboliza el hecho de que no existe entre dos o más personas un acuerdo previo y en este caso el concepto significa que la relación está ante todo basada en confianza y generosidad (6).

Kunci Cultural Studies es uno entre muchos, y cada quien ha creado y trabajado de acuerdo a sus necesidades. Resulta importante destacar que muchos de los colectivos y organizaciones que reciben financiamiento de la Red de Arts Collaboratory (7) están en muchos sentidos vinculados con este trabajo y aprendizaje afectivo y emocional. La organización Centre Soleil d’Afrique (8) al Norte de Mali, por ejemplo, ha trabajo este aspecto desde la recuperación del espacio que ellos denominan «La Ceremonia del Té». De acuerdo a la organización, esta ceremonia:

«Es un momento al que consagramos tiempo, como mínimo 45 minutos a 1 hora; es una buena ocasión para crear un verdadero espacio de compartición y comunión entre las personas. Durante los «Grins» de té, todos los temas que conciernen a la sociedad, sobre todo la juventud, se debaten libremente, sin moderador ni orador».

En el marco del Festival Africano Artístico de Imágenes Virtuales (FAIVA, por sus siglas en francés), procuraron nuevamente este espacio para discutir sobre las dificultades por las que atraviesa el país, sobre todo en los aspectos y consecuencias que conciernen al fortalecimiento del también llamado ‘integrismo o extremismo religioso’, —mal llamado yihad—. En este sentido explican que «Teniendo en cuenta la crisis desastrosa que impactó a toda la populación, el pueblo tiene necesidad de comprender aquello que ocurrió con el fin de reconciliarse para la instauración de una paz durable».

Muchos de estos impulsos o necesidades por trabajar lo emocional suelen encontrar sus antecedentes en las condiciones sociales, económicas y políticas por las que se ven atravesados los individuos. Antonio Damasio precisamente explica que, en medida que las emociones son formas corporales que experimentan los individuos como reacción al mundo en que viven, el trabajo con estas no es simplemente una forma de alcanzar ‘neutralidad’ sino de procurar «bienestar, para crear la mejor situación en beneficio de su propia preservación y funcionamiento eficiente» (9).

En tanto que las emociones son reacciones corporales, si éstas son adecuadamente trabajadas pueden por tanto ayudar en la creación de entornos de mayor bienestar, además de que el trabajo de las emociones está directamente relacionado con la empatía, cuyo componente más básico es de acuerdo con John Protevi «(…) lo que conocemos como «contagio emocional», o un estado afectivo compartido: uno siente lo que la otra persona está sintiendo» (10).

Para finalizar valdría la pena mencionar que, el arte y la imaginación son formas indispensables tanto para procurar este contagio emocional como para idear formas de trabajar las emociones y sanarlas, además de crear comunidades afectivas que conciban la importancia de la apertura de espacios de salud mental frente a la imposición de guerras, diversas formas de violencia, represión, entre otros mecanismos que determinan muchas veces los modos en que vivimos, pero también los modos en que sentimos, por ende, nuestra reacción al mundo y nuestra disposición a construir presentes al margen de dicha guerra pero también para contrarrestar sus efectos.

Imagen: «Ceremonia del té» en Bamako llevada a cabo el 6 de noviembre de 2015, como parte de la 5 edición de African Festival of Art Virtual Images (FAIVA).

Referencias

1.ECHEZARRETA, Saiz Vanesa, «Disposiciones afectivas y cambio social», disponible en línea.

2. Ibíd.

3. KLEIN, Naomi, «La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre», disponible en línea.

4. En relación a la ‘Doctrina del Shock’ y su aplicación, retomo ideas planteadas en el artículo «Capitalismo del desastre y ocupación humanitaria en Haití» el cual puede consultarse aquí.

5. SA, «Operación Pandora y Piñata, con ‘p’ de PP y propaganda», disponible en línea.

6. En torno a la traducción del concepto ‘Numpang’, puede consultarse el artículo «Traducir Numpang: Kunci Cultural Studies Centre en Ifa Gallery, Berlín», disponible en línea.

7. Arts Collaboratory es una red translocal que conformada por 23 organizaciones diferentes alrededor del mundo que se enfocan en prácticas artísticas, procesos de cambio social y trabajo comunitario más allá del campo del arte. Funciona como punto de encuentro, y Arts Collaboratory es en este sentido, un lugar donde las organizaciones pueden compartir conocimiento, colaborar en proyectos y construir soportes emociones juntos. Sobre las organizaciones que forman parte del ecosistema véase aquí.

8. Sobre la organización véase aquí.

9. PROTEVI, John, «Political Affect. Connecting The Social and The Somatic», University of Minnesota Press, London, 2009, pp. 26

10. Ibíd. pp. 27.

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Aline Hernández (México, 1988), su trabajo escrito explora temas como hegemonía, neoliberalismo, economía y su relación con el arte, así como formas de resistencia y cooperación. Forma parte de la cooperativa Cráter Invertido.

*El contenido publicado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista.