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Archivo | Falsa tortuga: una reflexión post mortem, por VMPA


Julio, 2021

Y un jardín, la maquinaria de la descreencia y


«Y… nunca he comprendido porque estancarse en la estéril diferencia entre lo natural y lo artificial. Dicho de otro modo, un jardín artificial y otro natural son, en esencia, eso… un jardín. El matiz entre lo natural y lo artificial es irrelevante, triste causa de melosos ecoturismos, de académicas pasiones archivadas en el más inclusivo WC, de monedas apátridas, de quiebres de fe y más aún en ésta, nuestra vigésima primera… peonía». ZEVO

Y es un rico jardín a secas aquello que JCGG (Ciudad de México, 1987) ha concebido para esta muestra en la galería Pequod Co. Un jardín adventicio que maquila descreimientos, uno que es alimentado por caudalosos flujos de emociones opuestas y más de un enchiloso anhelo. Es un organismo que obra y también un personaje. Su metabolismo depende de rizosos ensueños, su putrefacción de la putativa concrescencia. Como cualquier otro jardín que se precie de serlo es una instalación de sitio específico en la que coinciden adverbios, elastómeros y ñáñaras. Es, asimismo, un ambiente, una azada biopolítica, un escenario acondicionado para el cultivo de la espiritualidad, la fantasía y…

“Aunque nada reste sobre la mesa, la mosca insiste en permanecer postrada ahí, a la expectativa… como a la espera de un segundo plato fuerte». WIPO

Sin embargo, en algún momento habrá que enmarcar al jardín y, ante todo, olfatearlo si insuficiente deviene aquel repujado reflejo. El conjunto de obras que articulan la exposición tiene como hilo conductor el manifiesto interés de su autor por los jardines de las villas renacentistas italianas y, en particular, la manera en que el grotto fue incorporado a dichos terrenos privados. Este es un elemento que puede definirse como una pequeña y pintoresca cueva, generalmente creada de manera artificial. El vínculo histórico y simbólico de la gruta o cueva con la mitología, las religiones, los rituales paganos, la filosofía y las artes es por demás vasta y alucinante. En el contexto de esta muestra valdría subrayar el carácter de la gruta renacentista como una vuelta a la naturaleza primitiva y la materialización por antonomasia de la tensión entre lo artificioso y lo natural. La gruta en tanto: fuente, refugio, hocico. Lugar sagrado, fértil, misterioso, del cual emanan vitales claroscuros entre lapas y lapachas.

«Y…me agradó especialmente una gruta artificial con una fuente de agua clara manando de ella; las paredes se componían de varias clases de conchas, todas labradas artificialmente, algo inesperado, siendo sus colores tan artísticamente combinados para formar una variedad de gran belleza». Leon Bautiza Lorenzo Alberti, Libro VI de Arquitectura —Ornamentum—, 1452

«…Y las artes visuales han existido siempre dentro de cierto coto; inicialmente este coto era mágico o sagrado. Pero era también físico: era el lugar, la caverna, el edificio en el que o para el que se hacía una obra». John Peter Charles Berger, Modos de ver, 1974

Y… sí, aunque a ZEVO le parezca intrascendente, Alberti y Berger nos abren la posibilidad de reparar en torno a ciertos enredos de lo artificioso versus lo naturalísimo. Algo que JCGG ha trabajado desde hace ya algunos años. En particular, durante su residencia a orillas del Lago de Como (Bikiny Art Residency) y la consecuente exposición individual en la galería Viasaterna de Milán bajo el título de Lucciole nella terza natura, (2020). Tanto en aquella exhibición como en la engendrada para Lancaster 29, persiste en las obras tridimensionales una clara alusión a la ya tradicional manufactura de pequeños grottos en esta región de la Lombardia italiana. Mamotretos cóncavos que, a manera de nichos rústicamente texturizados, albergan figuras religiosas o alegóricas. La artesanía local y bufonesca en tanto fenómeno antropológico que persiste milagrosamente al hiper globalizado «MADE IN CHINA» pero también en tanto puente de casi 600 años entre ésta y las coloridas conchas artificiales que menciona con asombro el ARQUITECTO genovés. La caverna sagrada para la cual son creadas las obras de sitio y función específicos que señala el CRÍTICO DE ARTE británico ahora convertida en souvenir prêt-à-porter.

¿Inculta tragedia, festín popular? ¿Experiencia sensible al alcance de muchos acompañada de plástica jauja? ¡Versallesco cache-cache a media luna! El arte sin domicilio fijo, vagabundo, deambula en búsqueda de algo o alguien que, a pesar de su tiberio, le acoja. ¿Quién deseas que te acoja ahorita?… Se dice que hay que tener cuidado con lo que uno DESEA…

Un bizarro género de dichos grottos es aquello que recibe a la mirada del espectador de esta exhibición. Emplazado ahí, en una especie de centro… algo inexistente en aquella EXCÉNTRICA galería, sobresale un agudo grotto con apariencia de milenaria estalagmita y atractivo fondo purpúreo. De la parte superior de su cavernosa materia cementera surge la jeta de un extraño ser, una cosa entre cerdo, demonio y can que, en lugar de orejas, tiene a los costados un par de manos que estiran sus mejillas hacia afuera, provocando una macabra sonrisa. Dicho ornamento fue apropiado por JCGG de un putto de grotta; obras figurativas qué solían adornar los grottos y que, por lo general, representaban a Cupido o bien a querubines de nalgas y cachetes tan alegres como globosos. Este putto, en particular, es autoría de Pierino da Vinci (1530-1553) sobrino del mismísimo Leonardo que, si bien talentoso, contó con muy poco tiempo para desarrollar su maestría en ciernes. Y… como dice el dicho, todo queda en familia pues el larguísimo y cojonudo título de esta pieza de JCGG es un cita, una alusiva confesión:

«Después de haber permanecido algún tiempo en la entrada, surgieron en mí dos emociones contrarias, el miedo y el deseo, el miedo a la oscura grotta amenazadora, el deseo de ver si había algo maravilloso dentro de ella». Leonardo di ser Piero Antonio da Vinci, 1477

Conveniente resulta mencionar algunos aspectos generales de esta ajardinada puesta en escena: césped de quinta naturaleza a casi todo lo largo y ancho, cupríferas monedas tipo «pennies» de forma ovoidal con venoso ojo vorticoso estampado y esparcidas por el suelo sintético cual hojitas de otoñal parota (tituladas Divisa de deseo) paredes y techos blancos por doquier y uno que otro muro en tono verde fluorescente tipo agridulce post-it adherido a furibundos genitales de mandril, alba y parigual iluminación de mediodía ecuatorial, intermitente aroma a procesada Salsa Valentina y estrecha tubería de bronce interconectada a distintas alturas y por los diferentes espacios de la galería cuyo cauce —en ocasiones haciendo TIERRA— parece dirigirse a otra de las piezas escultóricas de la muestra titulada: Maquinaria de producción de flujos reales a presión.

«Del CiCi una ola provocaste en la mirada idea y…desde afuera al otro el ojo camuflaste». UNAN

Dicha obra podría describirse como una maraña, un enjambre maquinizado de innumerables fragmentos de tuberías cobrizas soldadas por doquier. Entre las uniones de la tosca soldadura encontramos de pronto un trozo de tubérculo, una raíz de jengibre medio chamuscada pero que, aún así, cumple su función de multicontacto. Aunado a ello, la obra integra «figuras de flor» cuasi invisibles, anillos de troquel y algunas etiquetas con códigos de barras de los omnipresentes conductos. Por si ello fuese poco, esta pieza «hace agua», chorrea por doquier un líquido con aroma a sangripesada salsa oxidada. De manera aleatoria mancha, ensucia, tanto uno que otro muro albo como el hermoso pedestal con aspecto de verdoso post-it, ahora ternura volumétrica. Rico jardín a secas más no por ello carente de nobles elementos museográficos… la BASE, el VINIL como preludio o bienvenida…»pase usted a este mi jardín», diversas obras debidamente ENMARCADAS y la sonora PANTALLA plana a uno cuarenta.

“Y… pensar el maquillaje en función de la forma de los ojos ayudará con la tarea de lograr una mirada destacada, abierta. Aplique parabenos, sulfatos laurillos y algo de bronidox ya sean hundidos, juntos, caídos o saltones, mientras repica el cuarteto de sombras, eche morralla». NARS

En este parterre también pulula obra gráfica de técnicas mixtas y distintos formatos. Siete piezas, según mi visión, distribuidas de manera equilibrada por todos las áreas de Pequod Co. Ex cabina de audio y cochera incluidas. Entre éstas, resultan espectaculares e intrigantes el trío que hace honor a su naturaleza heterogénea al conjugar en un mismo plano: litografía, grabado, gofrado, verde fieltro tipo mesa de juegos de cartas, placas de cobre, las monedas antes mencionadas entre otras delicias. Un par de ellas comparten el mismo título: Diagrama de jardín con fuente de los deseos en trabajo rústico. Sin embargo, lejos de fungir como un díptico, ocupan espacios diametralmente opuestos: el inicio y el final del paseo porque: nunca se pone lo de atrás adelante y… mucho menos en un jardín. El carácter diagramático de ambas piezas les confiere un vínculo directo con la noción de territorio y su consecuente conquista para ser domesticado, diseñado, fragmentado en distintas áreas según su uso o función. Dicha racionalidad, representada aquí por seis triángulos equiláteros (colmados de ojos) ya bien unidos entre sí o separados por una suerte de ritmo lúdico, está acompañada por la imagen sepia de un bucólico paisaje en cuyo horizonte se percibe una gruta. Superpuesta a esta imagen surge otra a todo color setentero en la que observamos una pequeña y rústica fuente. Tanto como las palabras:

R U S T I C A A C Ú S T I C A

A C I T S U R U Ú S T I C A U R

I C U S T U C Á R U S C U T A

Dicho de otro modo, con acabados de cemento u otros materiales parecidos que simulan ser cosas tremendamente orgánicas cuando en realidad se trata de:

¡FAUX BOIS-PIERRE  FAUX!

Digamos que al más puro estilo del mobiliario de reposo en el Parque México pa’ tragar la torta o bien los distintos escenarios «rocosos» del Bosque de Chapultepec o en el escarpado y curvilíneo jardín público Buttes-Chaumont al noreste parisino inaugurado en 1867. Pero no olvidemos que el origen de este cándido truco aún en boga en 2021, de esta ilusión cachirulesca tiene su origen oficial, ni más ni menos que en el mismísimo Renaissance. ¿De dónde surge este tremendo goce entre maravilloso y obsceno por producir cosas que parecen algo que son…Y… no son?

«¡Me gustaría que alguien me lo explicara! Comentó la Falsa Tortuga». Charles Lutwidge Dodgson Adams, 1865

Desconozco si JCGG está al tanto de ello pero estos grabados de técnica mixta me han hecho recordar que uno de los primeros grabados de la historia es una xilografía del año 1423 que representa al gigante de gigantes, San Cristóbal. Realizado por algún monje de la Cartuja de Buxheim, la imagen estampada describe un paisaje en el que el santo cruza un río con Cristo niño a sus hombros quien, a su vez, sostiene con gracia al orbe con su mano izquierda, cual pelotita de soft ball y con la derecha da la bendición. Pero lo más impactante de éste y muchas otras representaciones del «portador de Cristo» es la forma que en éste se esfuerza por dirigir su mirada al propio infante divino, ignorando el panorama, el rumbo de sus pasos.

Dichas piezas cartográficas también integran sobre ovales placas de cobre el retrato de un Ghillie Dhu. Criatura de la mitología escocesa cuya misión consiste en ser un ferviente y nocturno guardián de los árboles —en particular de los carnosos abedules— forestales. En la pieza colgada a la entrada dicho ser cuenta con sus dos glaucos ojos, en la que se encuentra al final ha perdido uno de ellos y sangra visiblemente, como si lo viniera a penas de extraviar en el tupido Dumfries Forest. Su clorofílica testa se conforma por un montón de hilos y/o hierbas filiformes de tonos verdes y amarillentos. Su rictus es más cercano a la sorpresa, al asombro que a la apacible contemplación de un par de sarnosos siervos entre betulas sobándose.

El tercer grabado es distinto aunque mantienen un mismo espíritu territorial. Aquí nada de geometría, solo cuatro grandes placas rectangulares de bronce. Tres de ellas de un intenso tono naranja producto de algún tipo de oxidación y repletas de ojos numismáticos, la otra bastante más clara y brillante que ha sido mutilada, recortada a su interior para conformar tres pequeñas islas, verdosos territorios entre un mar de dorados vistazos. Esta pieza de JCGG me ha llevado a recordar la poética y sutilmente POLÍTICA obra que, bajo el título de Dodici forme del guiugno 1967-1971 realizara con placas de bronce Alighiero e Boetti. Este trabajo consistió en trazar sobre placas de cobre los contornos o siluetas de aquellos territorios que, en ese lapso de tiempo, estuvieron en guerra. La imagen de estos ilustrativos mapas fue tomada por Boetti del popular diario italiano La Stampa. La intención del artista turinés, fue, entre otras cosas, generar una tensión temporal entre la inmediatez y carácter efímero de los periódicos con la inmutable permanencia de esas caprichosas siluetas de formas informes. Elementos abstractos que remiten a mojones de caca, simples manchas y, de pronto, a un desconcertante rasgo figurativo. Impolutas superficies de cobre que, de manera tácita, encarnan la violencia, la sangre derramada de millones de inocentes en aquellas guerras e invasiones. Consecuencia, en su mayoría, de atroces negociaciones diplomáticas e intereses económicos. En relación al uso del cobre en esta pieza el filosofo y curador Emmanuel Latreille plantea sugerentes interrogantes que bien podrían dirigirse asimismo a las piezas de JCGG. Aquí algunas de éstas:

1. ¿Sería factible cancelar la condición del cobre en tanto materia «natural»?

2. ¿De qué manera impedir que su color sea las más satisfactoria evocación de una mezcla entre la tierra y el fuego, entre la transparencia del agua y la luminosidad del aire? 

3. ¿Es posible negar que el matiz del cobre está relacionado con el color de la carne humana? 

4. ¿No es acaso un color cobrizo el que adquiere la piel al contacto con el sol?

Y añadiría las siguientes…

5. ¿Qué sucede cuando las propiedades del cobre y su vínculo con la creatividad artística según la alquimia devienen la esencia de un jardín «artificial»? 

6. Si el cobre es conductor de energía ¿Lo es también del deseo político, económico, carnal? ¿Qué es lo que, en el fondo del pozo desea suscitar JCGG con este cuprífero edén? ¿Qué el deseo produzca ideología o viceversa?

Por si todo esto fuese poco, los grabados de esta exposición generan, gracias a las características del vidrio que sostienen sus marcos de juglans regia, una infinidad de reflejos y relaciones visuales con el resto de las obras, las cámaras fotográficas y los espectadores que les rodean: los grottos se multiplican cual lodosos vómitos de Little Caesars, la Sangre Valentona chorrea vistosas sonrisas, las moneditas ojosas se reproducen cual mesozoicas luciérnagas, la felicidad de MDGO explota como un grandioso fuego de artificio MADE IN TULTEPEC.

«Trato siempre de ENTRAR, no de SALIR». Michael Paul G. Thek, 1982 

Un madreado retrete «cacoso» (shitty… we might say) se impone. No ha sido emplazado precisamente al centro de la galería sino en el mero centro del mundo cual fuente de Mimir. ¡Los gigantes se atraen! Su pedestal rocoso, troncoso, nauseabundo parece derretirse de orgullo ante nuestros ojos. De sus costados posteriores surgen dos finas estalagmitas de mierda interconectadas por varillas de metal que, a su vez, forman un travesaño que sirve como porta papel higiénico… BLANCO-PÉCU. Se trata de la pieza titulada Los deseos por el escusado que el pozo es un vampiro con esquizia. Al interior de su taza flotan en sus marrones líquidos algunas monedas mironas y un ojo de acrílico. ¿Me observa ese órgano chafa desde afuera o soy yo quien está dentro al mirarlo? Lacan podría explicar mejor pero a grandes rasgos la esquizia plantea sesudas reflexiones en torno a la encrucijada fenomenológica de «ver hacia afuera» cuando la percepción se lleva a cabo al interior… en esa por demás extraña cosa que llamamos ojo. ¡Vaya palabrita tosca… OJO». Y… hablando de vocablos, la palabra esquizia proviene del francés schize que significa separación, corte, disyunción, huevos divorciados.

«El ojo y la mirada, esa es para nosotros la esquizia en la cual se manifiesta la pulsión a nivel escópico». Jacques Marie Émile Lacan, 1968

Imaginemos por un segundo que el ojo pudiera sacarse, así como se saca la lengua. Lamer los ojos enteritos y echar el ojo a la almorrana desde afuera. ¡APETITO! El pozo es un sujeto, un personaje hambriento de TODO. Si no me creen pregúntenle a ODIN.

Entretanto, en una esquina cercana a esa cosa tan indeseable como necesaria, en pleno suelo yace un endeble busto de nuestro amigo verde ecologista. Sí, el mismísimo Ghillie Dhu nos guiñe el ojo… el único que le resta. Carente de tronco y de extremidades ni a las hermanas moscas puede ahuyentar. ¿Serán sus ramitas ensangrentadas el segundo plato fuerte?. Pero la tortura no termina ahí. Desde su posición es capaz de observar un pobre registro en video con precarios efectos especiales en el que aparece —cual velluda MAFAFA MUSGUITO en cautiverio— haciendo y deshaciendo, cagando y mal limpiándose. En un escenario ajardinado similar al de la exposición donde ahora es exhibido, estruja torpemente entre sus manos las famosas moneditas, gime y gesticula hacia la nada, se saca un ojo de la manga y… obviamente, sangra naranja. Todos sus actos tienen una relación, un vínculo directo y lógico con el alucinante acertijo, la proposición indecidible que se entrelaza a lo largo de la exposición y, precisamente por ello, aniquila narrativas alternas a lo sugerido, desnuda el misterio y vuelve la especificidad del jardín adventicio en pomposa serie de televisión… perdón… de NETFLIX. Por fortuna, la solución a este paso en falso se soluciona con tan solo pulsar un botón.

«Si has de cagarla, cágala como Dios manda pero no me mires así…

                                                                                                            con esa carita de yo no fui». INVA

«La jardinería está emparentada con la filosofía». POPE

Y… tal y como POPE, JCGG se busca en su propia gruta, en su visceral jardín pues estos escenarios están íntimamente ligados con la mente que les crea. Visitar virtualmente su jardín ha sido una estupenda oportunidad para adentrarme en su práctica artística que, desde hace ya tiempo, ha despertado mi limitada curiosidad por el mundo exterior. En términos formales se antoja una puesta en escena menos contenida, menos fragmentada en objetos artísticos bien delimitados y, por momentos, sobremaquillados. Es decir, algo que explote con mayor refinamiento no lo grotesco per se sino lo burlesco deleznable hasta la médula. ¿Somático? LLAMENTE MIMETISMO. Pero más allá de este apunte, la exposición es digna de espanto y de múltiples embarramientos entre la fayuca conceptual y el corazón del contemporáneo arte. Espero haber señalado, aunque de forma tácita al menos, un par de éstos enredos. Queremos, deseamos, casa con arte en el jardín… ahorita.

Agradezco a JCGG la conversación a distancia que sostuvimos para instruirme a escribir estas líneas a destiempo y a tratar de aprender algunas cosas fascinantes. De ésta me gustaría rescatar como semi colofón post mortem la siguiente aseveración del artista:

«El arte es algo que debe exceder nuestras limitaciones como individuos o como mera identidad de lo que somos».

Vaya mi deseosa moneda de cambio sin certificado de autenticidad por el flujo de la otra estalagmita que casi olvido mencionar y que es fundamental para cuadrar la ecuación plásticosa del jardín: Artificio de una estalagmita con fuente de pozo. Más vale tarde que nunca.

Por lo pronto, no cabe la menor dudad que, JCGG tal y como la señorita Campbell logrará salir airoso de la gruta de Fingal y proseguir así a la búsqueda del RAYO VERDE.

Fotos: Cortesía de Pequod Co. © Fotos por Sergio López.