Otras disciplinas

Anabella Pareja Robinson, la chica pop de la danza


Anabella es una de las coreógrafas que protagonizan una reformulación de la danza. Sus trabajos más recientes Las cosas no son (sino) lo que son El fin de los principios proponen “un método para que el mundo de la danza se abra”.

Por Silverio Orduña

 

Anabella Robinson

Anabella Pareja Robinson confiesa que “no tenía ni idea” sobre la danza contemporánea. Se dice hiperactiva y por tanto desde pequeña empezó a tomar clases de todo, en especial de gimnasia. A los quince años decidió que su relación con el cuerpo no debía ser solo el ejercicio, así que buscó un curso de ballet, pero ya no había cupo. Ni modo, se inscribió al grupo de contemporánea.

Actualmente Anabella es una de las jóvenes coreógrafas que protagonizan una reformulación de la danza contemporánea en la escena nacional. Sus trabajos más recientes Las cosas no son (sino) lo que son y El fin de los principios proponen “un método para que el mundo abstracto de la danza se abra, a partir del uso de la palabra”. Le interesa ser clara con el espectador; sin embargo, ¿cómo ser claro cuando la danza no parece danza?

Su formación dancística inició con Vicente Silva en la FES Acatlán, después decidió que estudiaría Derecho. Mientras cursaba la carrera en la Ibero recibió clases en el Ballet Teatro del Espacio, dirigido por Michel Descombey y Gladiola Orozco. Ahí la formación resultó más disciplinada, pues practicaba el ballet y la técnica Graham. Después colaboró en una revista de rock y arte y se dio cuenta de lo que implicaba el trabajo escénico profesional. “¿Cómo se puede vivir de esto?”, se preguntó.

A los 22 años viajó a Madrid específicamente para estudiar danza. “Solo podía romper con todo yéndome”, explica. Encontró en la escena española una especie de informalidad en las propuestas escénicas, cuestionaban más claramente las estructuras rígidas que había aprendido en México. Estudió con el coreógrafo y bailarín Francesc Bravo y colaboró con él, aunque el tema migratorio resultó un problema.

Se mudó a Buenos Aires a los 25, ahí permaneció cuatro años. Piensa que los argentinos explotan la reflexión y un trabajo más intelectual; en Argentina tomó cursos de composición instantánea con Fabiana Capriotti, donde afianzó su inquietud por la coreografía.

 

 

 

Todos citan a Deleuze

Cuando regresó a México, Anabella pasó por  una crisis al no hallarse en sintonía con la danza que se hacía en el país. Su tirada no era “bailar por bailar”, señala. Tomó un taller con la uruguaya Magdalena Leite llamado Inquietando, y con sus compañeros formó un grupo para reflexionar sobre la danza contemporánea “tradicional”. Durante la edición de 2009 del Premio INBA-UAM, el certamen de danza más importante a nivel nacional, repartieron el Manifiesto de manifiestos, donde cuestionaban las formalidades de composición coreográfica tan arraigadas en la escena nacional.

Fue hasta 2010 con la intervención escénica Sala tomada, montada en el Teatro de la Danza, que los “inquietando” reformularon su postura y renacieron como Colectivo AM, en el cual cada integrante tiene su propio proyecto artístico pero comparten reflexiones y procesos. Además de Anabella, los integrantes son: Alma Quintana, Bárbara Foulkes, Esthel Vogrig, Juan Francisco Maldonado, Nadia Lartigue, Nuria Fragoso, Hunab Ku Mata Caro, Zulai Macías, entre otros colaboradores.

Por ese tiempo, en el 13 Encuentro Internacional de Escena Contemporánea Transversales 2010, Anabella cursó un taller con la coreógrafa española Cuqui Jerez. “Me partió la cabeza. Hice clic con su visión y comprendí que hay una gran diferencia entre la danza y la coreografía”, afirma. El arte coreográfico no solo se traduce en baile, sino en las posibilidades estéticas de relacionar el cuerpo y el espacio.

Desde entonces, Anabella se ha empeñado en comprobar con sus piezas que la coreografía sucede simultáneamente en tres lugares diferentes: la imaginación del espectador, la imaginación del intérprete y el espacio escénico. En su último, El fin de los principios, utiliza varias veces la enunciación de una escena por medio del habla, después la confronta con la escenificación y el público le da sentido de acuerdo con su experiencia y sus expectativas. La coreógrafa juega con los conceptos de repetición, variación y versión; y aunque suena muy complejo, el resultado no deja de ser lúdico.

Criticada por algunos que afirman que su trabajo se fundamenta en lo intelectual porque no sabe bailar, Anabella remarca que su propuesta es distinta al virtuosismo técnico y dice que tampoco se encuentra en el extremo donde se refieren explícitamente a los teóricos y filósofos en las piezas o, de perdida, en el programa de mano. “A veces me toman como tonta, la chica pop. No me interesa repetir lo que Deleuze ya dijo; además, ya todos lo citan”, puntualiza.

 

 

+info:

Anabella Pareja colaboró como actriz en el video musical de la canción «The Bad In Each Other«, de Feist.