Arte

Topografía de la familia


Por Sandra Sánchez / @phiopsia 

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Existen modos de relación entre los seres humanos que parecen territorios incuestionables, uno de ellos es la familia, célula de amor y devoción. Ante cambios en la estructura social como la emancipación femenina y la gran lucha del movimiento LGTB, el modelo mismo se ha ensanchado. Podemos enumerar distintos tipos de familias: nuclear, extensa, monoparental, ensamblada y homoparental. Por otro lado, las personas que ocupan una casa no necesariamente son familiares, lo cual es cada vez más común en las ciudades. Según el INEGI, “un hogar es el conjunto de personas que pueden ser o no familiares, que comparten la misma vivienda y se sostienen de un gasto común”. Según el censo de 2010, 9% de los hogares mexicanos son “no familiares”, es decir, sus integrantes no tienen ninguna relación de parentesco.

Hogar ya no es sinónimo de familia, y dentro de la última, las relaciones entre los integrantes tampoco son las que orgullosamente representaban los filmes del cine de oro mexicano; existen nuevas relaciones  de jerarquía interna y de convivencia. Ganador de la tercera edición de la Beca adidas Border 2013, Bruno Ruiz presenta un proyecto donde el cuestionamiento sobre el concepto de  familia es puesto en crisis mediante representaciones poco usuales de los roles que supuestamente cada miembro debería ocupar. Lo interesante es que lejos de abordar nuevas formas de estructuración familiar, lo que propone es una aproximación a su propio entorno nuclear para entenderlo, cuestionarlo y construirlo.

A partir de la instalación de fotografías, dibujos, video y objetos construidos por él mismo, Ruiz trae al frente su propia concepción sobre su familia, mostrando la performatividad que cada miembro ejecuta al ser insertado como parte de la investigación y del registro. Al mostrarlos disfrazados y posando frente a la cámara hace evidente la naturalización que, pese a nuestras nuevas formas de interacción, seguimos teniendo sobre los roles que “necesitan” ser ocupados por cada integrante. Su pieza me recuerda la pregunta de una amiga a una pareja de lesbianas: ¿quién es el hombre?

La pregunta es por la pregunta misma, ¿por qué debería haber un hombre? Un tríptico muestra al hermano menor de Ruiz representado de tres formas: la primera es un desnudo intervenido con  dibujos donde se enmarcan sus tetillas y el triángulo que sostiene su órgano sexual; en la siguiente observamos una intervención sobre el desnudo donde se montan un par de tetas en su pecho, una fotografía de un monte de Venus sobre su pubis y los antebrazos de alguien más sobre los suyos; en la tercera fotografía, su rostro no nos mira de frente, sus ojos se dirigen a sus genitales, mientras sostiene con ambas manos un toalla que no busca censurar, sino mostrar su cuerpo como es. El tríptico engloba la constante de Ruiz, el poner en duda los cánones de visibilidad sobre nuestro propio rol, evidenciando que más que un sujeto cerrado, somos relación; ¡y qué relación más fuerte que la que tenemos con nuestro género y conformación las personas que nos educaron! Idealmente, por supuesto.

A simple vista, el trabajo de Ruiz parecería “irreverente”, esta percepción puede darse por el prejuicio constante que se tiene ante lo lúdico: máscaras, dibujos que bien podrían formar parte de un fanzine de Ediciones ¡Joc Doc!2, personas portando cabezas de cartón, la fotografía de una mascota, algunos desnudos, etc. Sin embargo, se puede ir más allá de esa simple lectura para trazar, como la instalación lo propone, una topografía que cuestiona los principios y procedimientos de una de las más viejas formas de lo familiar: los padres y sus hijos. Es imposible no pensar en la propia conformación consanguínea, en el cinismo o cómodo beneplácito ante ellos. Si vamos a ejecutar un rol, ¿cómo?, ¿cuál?, ¿ante quién?, ¿puede cambiar?

La instalación puede visitarse en la Planta Baja del Centro Cultural de España hasta el 20 de julio de 2014.