archivo

“Y tú, ¿a quién hubieras elegido?”, por Brenda J. Caro Cocotle


Por Brenda J. Caro Cocotle | Enero, 2017

Y se puso fin a la especulación: ni Beatriz Paredes, ni Raúl Padilla, ni Saúl Juárez. La Secretaría de Cultura queda a cargo de María Cristina García Cepeda, titular del INBA hasta el año pasado. En medio de los comentarios que se derivaron de esa mala costumbre que tengo por externar mi opinión, hubo un cuestionamiento puntual: “Y tú, ¿a quién hubieras elegido?” La pregunta era la misma que me venía haciendo en las últimas semanas: si yo tuviese que hacer la elección del nuevo titular, ¿qué criterios serían los que determinaran un nombre? ¿Sería trayectoria, capacidad, compromisos, desempeño, intuición, señalamiento ajeno, consenso de una mayoría de pares o valoración de proyecto?  El cuestionamiento, más allá del juego hipotético, obliga a pensar algo de mayor importancia: cuál es la circunstancia que determina la selección de los cargos de primera jerarquía gubernamental –bajo qué reglas, marcos legales y rutas de decisión–.

El nombramiento de quien habrá de coordinar el sector cultural trae aparejadas expectativas y críticas. Sería pecar de ingenuidad el pensar que no fuese así, tanto por el nivel de responsabilidad que supone el cargo como por el estado actual en el que se encuentra la organización estructural de la Secretaría y el proceso de la Ley General de Cultura.

Es claro que la dependencia se encuentra regida  por la Ley de la Administración Pública Federal, y que, por lo tanto, la selección de su titular ha obedecido a lo que determina la misma: es prerrogativa y atribución propia del poder ejecutivo. Fue pues, una decisión de cálculo político, no tan sólo por lo que concierne a la articulación de una política pública en materia de arte y cultura, sino por el papel que habrá de tener la nueva secretaria en el establecimiento de relaciones con diferentes grupos de interés cultural y económico, y bloques de consenso y/o disenso con ese escurridizo grupo que se denomina “intelectuales”.

Bajo este tamiz, son sintomáticos los diálogos cruzados alrededor del nombramiento; la rumorología no es prueba de hecho pero sí da cuenta, parcialmente,  las tensiones a nivel institucional y las disputas dentro del ámbito. Sintomático es también este nuevo ritual consistente en el pase de lista, la felicitación por compromiso y la sincera, a través de twitter. Podría replicarse que sólo se repite en el medio virtual una práctica añeja, propia de la forma en cómo se ha entendido el ejercicio político en México. Pero lo cierto es que revela una distancia preocupante entre cultura y ciudadanía, en donde círculos muy cerrados trasladan un tipo de lobbismo al entorno digital.

“Y tú, ¿a quién hubieras elegido?”

Resulta poco prudente, en este momento, hacer un juicio sumario de lo que puede ser la gestión de María Cristina García Cepeda. Más no fue una elección gratuita. Puede leerse de varias maneras. Una sería que el perfil de la nueva Secretaria, a lo largo de su trayectoria profesional, ha sido la de una operativa hábil, conocedora de la burocracia institucional, dada a seguir un programa y evitar el conflicto. Así, García Cepeda sería ante todo una figura transitoria que garantizaría cierto grado de “estabilidad” en tanto que no se apartaría en demasía de la “línea” marcada por Tovar y de Teresa y de su metodología de trabajo.

Relacionada con lo anterior, una segunda lectura podría ser que es la debilidad del capital político de García Cepeda lo que fue considerado deseable. Su gestión dentro del INBA ha sido más bien gris, y en ciertas áreas, débil. No se ha caracterizado por asumir una posición clara en temas que han sido parte de la agenda pública como la situación laboral de los trabajadores del instituto, la falta de pagos, el recorte presupuestal, los casos de acoso sexual y la falta de transparencia en la aplicación de recursos; tampoco se ha alejado de una propuesta cultural que entiende la gestión de las artes y la cultura como un ejercicio de espectacularidad y de compromisos internacionales. En ese sentido, García Cepeda ha sido una figura poco protagónica; ello le permitiría a Peña Nieto mantener una suerte de status quo dentro del sector cultural, no lesionar relaciones e intereses económicos y empresariales y continuar las negociaciones pactadas previamente por el secretario anterior, en el marco de la Ley General de Cultura.

Una tercera lectura es que la Secretaría tiene al menos medio camino ganado con el sindicalismo institucional, en concreto, con el del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, en un escenario en el cual se ha dado una fragmentación gremial y el surgimiento de nuevos sindicatos al interior de la nueva dependencia, sin demasiada claridad sobre cómo y cuáles serán los canales e instancias de negociación.  Así considerado, García Cepeda sí podría fungir como pieza en la articulación determinadas políticas laborales que busquen normar a los “prestadores de servicios culturales”, y como contención de la posible inconformidad que se derivara de ello.

“Y tú, ¿a quién hubieras elegido?”

La respuesta más honesta es que no hubiera podido hacer elección alguna. Mi voz, ni como profesional ni como ciudadana tiene conducto y cabida. El nombre es lo que menos importa. La administración de García Cepeda estará limitada en tiempo y oportunidad, y obligada a asentar una estructura institucional que obedece a un planteamiento preciso (aunque no lo parezca). No es tiempo de felicitaciones. Es momento de recordar que la secretaria es una servidora pública, que su cargo implica una serie de obligaciones. No es un regalo. Si alguna posibilidad hay en los siguientes dos años es la de buscar modificar la forma en cómo participamos en las políticas públicas, y la forma en cómo concebimos la relación con aquellos que ocupan los puestos de decisión.

“Y tú, ¿a quién hubieras elegido?”  La pregunta es quizá otra: ¿cómo elijo, cómo exijo participar? Es momento de hacer menos política de redes sociales y comenzar a tomar la responsabilidad que nos corresponde con respecto al escrutinio del ejercicio público, la transparencia y rendición de cuentas y la crítica argumentada.

Foto: Revista Proceso. 

——

bc1

Brenda J. Caro Cocotle es Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas y Maestra en Museos. Es Doctora en Estudios en Museos por la University of Leicester, Leicester, Inglaterra.

*El contenido publicado es responsabilidad del autor y refleja su punto de vista.