Música

VAMPIRE WEEKEND: MODERNOS Y MADUROS


Por Pablo Cordero / @sugarskull12

Cuando apareció, en mayo de 2013, Modern Vampires of the City, tercer disco de los neoyorquinos Vampire Weekend, algunos no le prestamos toda la atención que merecía. La banda surgió en 2008 con un disco debut sólido y sencillos tan pegajosos y memorables como “A-Punk” y “Cape Cod Kwassa Kwassa”, los cuales derivan gran parte de su identidad del manejo de ritmos africanos vistos desde el prisma del rock indie norteamericano (“Upper West Side Soweto”, se autodefinieron pretenciosamente.) Su segundo disco, Contra (2010) obtuvo buenas críticas, pero daba la impresión de tratarse de más de lo mismo, haciéndonos pensar que Vampire Weekend se perdería en su propio gimmick, y su legado musical no trascendería el intento de actualizar el Graceland de Paul Simon con toques de post-punk.

Sin embargo, las excelentes críticas recibidas por su tercer disco de larga duración (mejor disco de 2013 para Rolling Stone, Pitchfork y National Public Radio, entre otros medios) nos llevaron de vuelta a Modern Vampires of the City. El progreso artístico exhibido por la banda en cinco años es poco menos que espectacular; por momentos resulta difícil creer que se trata de la misma banda que grabó aquel disco epónimo en 2008.

 

Video oficial de “Diane Young”

 

Despojados casi por completo de su influencia africana (¿y cuántas bandas se atreven a abandonar aquellas características que suelen venir primero a la mente al describir su sonido?), Vampire Weekend dan un importante paso hacia adelante para encontrar su propia identidad. Modern Vampires of the City, más allá de la visionaria y rica producción, las voces manipuladas y deformadas, los arreglos complejos e incluso la bella y sugerente portada, es ante todo un disco de pop; la belleza de las melodías y la desnudez emocional de la voz de Ezra Koenig son sus ejes conductores, mientras que los textos de Koenig, antes irónicos y académicos, son ahora mucho más directos.

 

“Unbelievers”, en vivo en Saturday Night Live

 

Cada una de las 12 canciones que componen al disco es diferente y complementaria; “Obvious Bicycle” posee una solemnidad casi litúrgica en su melodía vocal, “Diane Young” une un propulsivo ritmo de rockabilly con un fondo musical lleno de sonidos sampleados casi industriales. “Everlasting Arms” es pop de cámara con una sensualidad en la voz de Koenig cercana al R&B. “Finger Back” demuestra que la madurez no les impide igualar la frescura rítmica de sus primeros trabajos. “Ya Hey” distorsiona la voz en un falseto tan irritante como inolvidable. El final, con la balada “Hudson” y la miniatura para piano “Young Lion”, es emocionalmente devastador.

Modern Vampires of the City es, pues un agigantado paso hacia adelante de una banda que de por sí resultaba prometedora. ¿Se trata del mejor disco del año recién terminado? Ese tipo de cuestiones siempre resultan subjetivas, y en lo personal no creo que lo sea, mas no cabe duda de que se trata de un disco tan bello como sugerente.