Arte

Una batalla sin fatiga. Conversación con Ernesto Alva


Por Christian Barragán

Ernesto Alva nació en la ciudad de México en 1982 y estudió arte en la Esmeralda. Su obra, oscilante de la pintura al grabado, y del dibujo a la escultura, testimonia el enfrentamiento de lo pleno con lo vacío, entre la luz y la oscuridad, de lo aleatorio ante el orden; pero sobre todo, la conciliación de significante y significado: el encuentro, como decía Antonio Machado, con la presencia. Pero una presencia en conflicto, la imagen bajo el asedio de la línea y la mancha.

La siguiente conversación se mantuvo al mismo tiempo que el Polyforum Siqueiros exhibía Informe (2008-2014), primer revisión del trabajo de Alva. Es, a su vez, una continuación del diálogo que hemos mantenido a lo largo del último lustro y un repaso demorado por su ejercicio, intereses y lecturas.

Christian Barragán: Me parece que tu obra surge del dibujo, y no me refiero a la categoría ni a su condición formal con técnicas y soportes, sino al ejercicio cotidiano de atender un pulso sin consideraciones de fines ni medios. ¿Es así? ¿Cómo concibes el dibujo? ¿De dónde surge tu obra?

Ernesto Alva: Yo considero el dibujo la manera más directa de nombrar o hacer real cualquier pensamiento que quizá necesitaría de muchas palabras y tiempo para ser expresado; pensamientos e ideas tal vez incomprensibles, contradictorias. Una línea sobre otra.

Creo que mi obra ha surgido de aquellos pensamientos no dichos, pensamientos de naturaleza contradictoria, que se anularían al salir por la boca. En el papel permanecen y dejan su huella irreconocible. Se pueden observar, interpretar y pueden detonar nuevas ideas, pero no se pueden alcanzar a entender. Quizá lo único manifiesto sea la intención de persistir en la contradicción.

Desde mediados de 2009 nos conocemos, unos meses antes tu abriste al público La Trampa, que es al mismo tiempo tu estudio y un taller de impresión gráfica, y ha sido desde ahí que hemos podido mantener una conversación abierta. Desde entonces también he podido estar cerca de tu obra y me interesa que tus propósitos en cuanto artista parecen estar ajenos a la construcción de un “discurso” o en tender relaciones con la historia política, social o cultural reciente y remota. De modo que durante estos cinco años me he cuestionado varias veces al respecto y aprovecho ahora para preguntártelo: ¿cuál es tu interés en el arte? ¿Qué buscas? 

Cuando pienso en el “discurso” de un artista imagino que esa persona tiene cosas que “decir” al mundo, a su sociedad, a su comunidad, quizá iniciar una discusión o un debate acerca de algún tema. En mi caso, no me interesa enviar un mensaje ni hacer algún comentario social. Desde mi posición dentro de esta sociedad no me interesa hablar de las crisis que me afecta desde el arte, esas cuestiones simplemente las tengo que vivir y superar. Y no es que mi trabajo esté separado de la situación, sino que es mi ejercicio lo que me mantiene a salvo de la realidad inmediata. Así, mi interés en el arte es el descubrir y apreciar aquello que no puedo ver. Por eso elegí el camino de “lo abstracto”, no me interesa utilizar figuras humanas o reconocibles que pretenden decir algo. Me interesa aquello que desconozco y que puedo ir descubriendo con acciones muy sencillas, una línea recta —tanto como lo permite mi pulso— junto a otra y esta junto a otra.  Un “mantra” que me pueda mostrar algo nuevo.

¿Te refieres a que tu proceso responde a la intuición más que a la razón? ¿O también existen decisiones formales?

Pienso que la intuición y la razón están en diálogo siempre; la intuición tiene la iniciativa y la razón pone los límites, la intuición empuja y la razón contiene. Todo esto deriva en las decisiones formales que hay que tomar todo el tiempo.

En tus últimas obras has introducido nuevos materiales tanto de soporte como integrándolos a la superficie (tela, latón, acrílico, acuarela) y ese cambio ha modificado tu obra, ahora experimentas con la pintura y la escultura, sin desplazar por ello a la gráfica y el dibujo. Dime, ¿cómo es el proceso de elección de materiales? ¿De qué decisiones o propósitos depende? Y aún más, ¿qué importancia cobra para ti el material con el que trabajas? 

Para mí el material con el que trabajo es el inicio de aquello que puedo llegar a hacer con él. Sus características físicas y estéticas son las que en ocasiones fijan los límites y trazan el camino de la obra. Los materiales que utilizo han aparecido frente a mi, de cierto modo, en situaciones cotidianas, en el trabajo en otros talleres de grabado, en mi trabajo enmarcando, son materiales que en algún momento usé para un fin ajeno a mi trabajo artístico. Al encontrar un material hago pruebas, me tomo el tiempo necesario y veo sus reacciones. He desechado muchos materiales que necesitan más cuidados o un tratamiento para usarlo a diferencia de otros. Generalmente soy muy práctico y uso materiales que por si mismos posean algo que me llame la atención y que mantenga mi interés durante un tiempo. Estas características generalmente son la resistencia, el brillo, su maleabilidad y su reacción en el tiempo.

Ahora que mencionas tu interés por las cualidades y posibilidades que brinda la materia a tu obra, deseo volver a lo que hablábamos antes. Al estar frente a tu obra me es casi inevitable pensar en términos de ritmo y pulso. ¿Puedes comentar un poco más sobre cómo se configura la “imagen” en tu trabajo?

Cuando me enfrento a un soporte en blanco (vacío) tengo varias cosas en mente: arriba, abajo, derecha, izquierda, centro-afuera, afuera-centro, luz, oscuridad. Son conceptos con los que voy tomando decisiones para componer una imagen. La primer decisión es cómo empezar, si es con manchas de tinta tengo que preparar el papel, humedecerlo y dejar caer la tinta poco a poco; este es un proceso largo en el cual mi participación directa es por breves momentos, el resto es esperar, observar y comenzar de nuevo, por lo que voy trabajando en más de una pieza a la vez.

En cambio, cuando trabajo con línea —usando plumillas y en ocasiones pincel— la acción es totalmente directa sobre el soporte, todo el tiempo estoy inmerso en la obra, en cómo va creciendo. Requiere de toda mi atención y debo tomar decisiones todo el tiempo, desde el grosor de la línea, su longitud, dirección y sentido, hasta si cruzará otras líneas y planos o permanecerá siempre separada del resto. Es aquí donde el ritmo y el pulso que mencionas está más presente, en donde puedes ver líneas que son resultado del diálogo entre intuición y razón.

En el caso de la gráfica es una mezcla de todo. Atención permanente, esperar, trabajo físico, mezcla de materiales, observar, decidir e iniciar de nuevo. De modo que, en general, busco que la obra tenga tensión, que haya una contradicción interna, a veces quiero ver atmósferas oscuras en las que la atención de quien observa sea atraída a lo más profundo de la pieza (fuera-centro), otras veces quiero forzar la mirada a recorrer cada centímetro de la superficie, a salir y entrar, alejarse y acercarse. Hundir al espectador en una atmósfera oscura y densa con reflejos de luz, o soltar un poco más el hilo y darle libertad de hacer su propio recorrido.

Esto me lleva a pensar en la reciente visita que hice a la exposición Paradise de Cy Twombly en el Museo Jumex. Salí impresionado de la fidelidad que Towmbly ha mantenido con el dibujo, pareciera que su único propósito radica en la configuración de un espacio y un ritmo a través de la línea. Y cómo estos elementos esenciales generan múltiples posibilidades de construir un lenguaje incierto para nombrar desde ahí el tiempo y sus vicisitudes. Algo semejante sucede con Pierre Soulages, del cual pudimos recorrer juntos su retrospectiva en el Museo de la Ciudad de México en el año 2010, sólo que en él, como también en ti, existe una fascinación por el color negro, convirtiéndose a un mismo tiempo en significado y significante. ¿Podrías ahora hablar respecto a tus referencias, es algo que tienes presente cuando estás trabajando?

Cuando estoy en un proyecto no tengo presente ninguna referencia que me haga tomar una decisión u otra, tengo presente aquello que mencioné antes, tensión, contradicción, centro-afuera, afuera-centro. Creo que dentro de este proceso una influencia más directa sería por ejemplo la música, hay cierto tipo de música que despierta en mí el interés para adentrarme en ella y apreciar su complejidad. Es cuando escucho por ejemplo a Tool o Meshuggah, bandas de metal experimental-progresivo, o Bauhaus y Cranes con sus atmósferas oscuras o música electrónica que se compone de fragmentos de otras cosas, como Depeche Mode o Massive Attack.

Las referencias que me interesan son de cierto tipo de arte que no pretende ser algo más de lo que es, fragmentos madera con color que al unirse forman planos e ilusiones ópticas como los de Carlos Cruz Diez, los garabatos de Alechinsky, los juegos rítmicos de Twombly, las monumentales placas de acero de Richard Serra (más que su gráfica), o cómo Pierre Soulages fue cubriendo todo de negro, la gráfica de los Castro-Leñero, de Gabriel Macotela y toda esa generación que nos precede y de la que he podido conocer en varios talleres de gráfica en los que he trabajado. Algo que me interesa es el trabajo de artistas de mi generación y ver cuáles son las problemáticas, soluciones y caminos que encontramos. Pienso mucho por ejemplo en Guty, en Bolio, en Barquet [1] y otros, en cómo nuestros intereses coinciden y cruzan, y luego cómo nuestras soluciones se separan en la pintura, la instalación o la gráfica.

No quiero perder este punto, porque paralelo a tu ejercicio has desarrollado un trabajo importante como maestro impresor en La Trampa Gráfica Contemporánea, especialmente con artistas radicados en la ciudad de México tanto de generaciones que te precedieron (Demián Flores, Ferrus, Mario Rangel Faz, Antonio G. del Llano) como contemporáneos (Pablo Rasgado, Moris, Erick Meyenberg, Balam Bartolomé, José Porras, Verónica Bapé, José Luis Landet, Rubén Morales y muchos más) y también en colaboración con proyectos independientes y colectivos como Tigre Ediciones, Segundo Piso, Baco Ediciones y actualmente con Neter, entablando así un diálogo y un espacio donde profesionalizarse en la gráfica. Dime, ¿cómo ha sido tu formación en la gráfica, primero como practicante y luego en la enseñanza? Y ¿qué implicaciones ha tenido esta constante actividad con tu ejercicio?

Mi interés por el grabado surgió cuando tenía 17 años y empecé a trabajar el grabado en linóleo en un Cedart (Centro de Educación Artística del INBA a nivel bachillerato), después en 2001 empecé a ir al Taller de Gráfica Popular en la colonia Doctores y ahí empecé a hacer grabado en metal; al poco tiempo me ofrecieron trabajo de asistente en un taller profesional de grabado y fue ahí donde más aprendí sobre las técnicas y la impresión. En 2002 entré a la Esmeralda y puse en práctica lo aprendido pero con mis ideas y con los dibujos que realicé durante esos cinco años. De modo que mi formación siempre fue como practicante, como impresor profesional y durante varios años he trabajado en eso y he ido puliendo técnicas, pero fue realmente hasta 2009, cuando se inauguró La Trampa, que me he dedicado y preocupado en que otros aprendan y practiquen el grabado, también me he especializado como maestro impresor (¡eso digo yo!) trabajando directamente con artistas que no practican regularmente o que nunca han practicado el grabado, entonces he adquirido la responsabilidad de resolver técnicamente las obras, como en el caso de la Edición No. 1 de Baco o la carpeta Cara Cortada del colectivo Segundo Piso. Creo que en estos cinco años La Trampa se ha situado como un laboratorio, un lugar donde se puede experimentar y profundizar en la gráfica contemporánea, además de ser un taller de producción de gráfica profesional y de enseñanza.

Considero también que mi formación en el grabado ha determinado en gran parte mis procesos de creación, la forma en que organizo los tiempos de trabajo, así como los materiales que utilizo y la factura y acabados que persigo; y en general, el modo de trabajo, disciplinado, paso por paso. Así que la gráfica ha sido por varios años lo que me ha mantenido a flote cuando he estado perdido.

Un asunto más. Durante junio pasado presentaste en la Galería Espacio Emergente del Polyforum Siqueiros una selección de tu obra correspondiente a los últimos siete años. Se tituló Informe y se conformó por veintiún piezas entre dibujo, grabado y escultura. ¿Puedes comentar qué representó este proyecto para ti? ¿Cuál es la lectura que tienes de éste una vez concluido?

Informe fue una oportunidad para reflexionar sobre siete años de trabajo constante. Fue un corte transversal y se lograron identificar ciertos cruces y momentos decisivos en mi obra. Es una experiencia que me ha hecho recordar el inicio de mi carrera y ver el camino recorrido, pienso ahora en hacer otros cortes, enlazar ciertos puntos, encontrar formas en lo Informe. Esta reflexión me llevó a valorar piezas que ya no pensaba mostrar o que yo las pensaba “superadas”, me hizo ver una vez más que cada paso y cada decisión es importante. Me ha hecho ponerme a pensar en qué es realmente lo que estoy haciendo y ahora tengo más certezas que dudas.-

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Christian Barragán (ciudad de México, 1985) es escritor y coleccionista. En 2009 fundó BaCO Ediciones, cuyo portafolio gráfico Edición 1 está integrado por Ernesto Alva, Omar Arcega, Omar Barquet, Balam Bartolomé, Agustín González, Erick Meyenberg y Pablo Rasgado, y forma parte del acervo permanente del MUNAE. Durante este año es curador invitado en el Museo Arte Carrillo Gil, el Museo de Arte de Sonora y el Museo de Arte Contemporáneo de Yucatán.


[1] Se refiere a los artistas Agustín González, Alex Bolio y Omar Barquet, respectivamente.