Arte

Tú eres la información


Por Sandra Sánchez / @phiopsia 

 

 

El uso del video ya está naturalizado. Es común que grabemos nuestro entorno o a nosotros mismos con intenciones que van desde lo lúdico hasta la denuncia social. La imagen-movimiento permite construir una trama, de ahí que sea una forma más para narrar la historia. Pero ¿cuándo fue que la gente tuvo acceso a grabar y reproducir videos? Si bien el internet fue el medio propicio para su propagación, el origen data de décadas atrás.

En 1969, el Consejo para las Artes del estado de Nueva York incrementó el apoyo económico para la cultura de 2 millones a 20 millones. Tal decisión derivó de la reelección que planeaba Nelson Rockefeller para el año siguiente. Con tal cantidad de dinero se pudieron apoyar formas de creación menos populares, como el video, disciplina a la que fue asignada alrededor de medio millón de dólares. Entre los grupos que solicitaron apoyo se encontraban VideoFreex, People’s Video Theatre y Raindance. Todos ellos tenían en común la idea de que los nuevos medios electrónicos eran una herramienta crítica donde los propios usuarios podían generar los contenidos audiovisuales, más allá del emporio de la televisión.

VideoFreex, fundado por David Cort, fue un colectivo de “media activists” que estudiaban los procesos de comunicación audiovisual. Formaron Media Bus, un modelo alternativo de producción y distribución de programas de televisión. People’s Video Theatre, fundada por Elliot Glass y Ken Mars, consistió en un colectivo de video-periodismo con intereses políticos y comunitarios; dentro de sus actividades se encontraba la presentación de videos seguido de discusiones entre la audiencia, las cuales eran grabadas y proyectadas. Raindance, fundado por Ira Schneider, Michael Shamberg, Louis Jaffe, Marco Vassi y Frank Gillette, fue un grupo dedicado a la producción que también fundó la revista Radical Software, que se convirtió en un importante medio de reflexión sobre el video. En el verano de 1970 se imprimió el primer número, en éste exhortaban a sus lectores a generar contenidos audiovisuales y a adoptar una actitud crítica con los ya existentes, bajo lemas como “Tú eres la información”. Dichos colectivos buscaban modos de cohesión y activación social, donde el nombre del artista importaba mucho menos que las acciones sociales que el video propiciaba.

La reflexión sobre los alcances del video también permeó el ámbito artístico. En mayo de 1969, la galería Howard Wise (NY) presentó la exposición TV as a Creative Medium, que estaba dedicada al video. Artistas como Nam June Paik, Charlotte Moorman, Paul Ryan, Ira Schneider, Frank Gillette y Eric Siegel expusieron obras que reflexionaban sobre los usos y los cambios de percepción que el medio permitía. Mooreman y Paik trabajaron en una pieza titulada TV Bra for Living Sculpture, en la cual Moorman mostraba imágenes proyectadas en dos pequeñas pantallas de televisión en donde ella aparecía tocando un violoncello in situ, las pantallas estaban colocadas sobre un brassiere que Paik diseñó. En Wipe Cycle, Schneider y Gillette presentaron una instalación de nueve monitores que combinaban imágenes de los visitantes de la galería con extractos de comerciales y escenas de otros videos. El material se alternaba de un monitor a otro generando ritmo entre las partes. Otra pieza que involucraba al público es Everyman’s Moebius Strip, de Paul Ryan, en la que se invitaba a los visitantes a entrar a un cuarto y seguir una serie de instrucciones pre-grabadas; después se les mostraba un video de ellos mismos ejecutando las acciones.

Polarizar siempre es una tentación; sin embargo, un mismo medio puede servir para acciones distintas. Ya sea con fines de activismo social o como exploración perceptual, el uso del video no hubiera sido posible sin su distribución masiva, en este caso la aparición del sistema de video portátil de Sony en 1968. Fue con esa cámara que se ejecutaron las primeras grabaciones y piezas que devinieron en lo que hoy llamamos videoarte. Por otro lado, si bien la tecnología marca ciertos límites, la creatividad y las necesidades de los usuarios son las que crean el contenido con el que vamos diseñando nuestro mundo. Las posibilidades son infinitas. Hoy 1 + 1 puede convertirse en miles, en segundos. Es importante mantener nuestros espacios de libre circulación de información, los nichos comunitarios, internet.