Arte

Tu ADN en el museo.


Genes que terminan siendo obras de arte.

 

Si has ido a Nueva York últimamente, una escultura de tu cara podría estar en el museo en este instante. Durante el último año, la artista Heather Dewey-Hagborg ha paseado por las calles de la Gran Manzana recopilando genes abandonados de desconocidos: pelos, chicles masticados, condones usados, colillas de cigarros o vasos chupados, todo ha acabado en su laboratorio. El resultado es Stranger Visions, esculturas que retratan al dueño del ADN con características como su historial racial y peso, por ejemplo.

El escalofriante e innovador proyecto tiene como objetivo impulsar un debate acerca de la vigilancia genética que haga énfasis en la legislación de dicho tema. La vigilancia genética se ha utilizado para obtener información sobre personas en los últimos años, dando lugar a información tan personal que ni siquiera nosotros mismos conocemos. Sabiendo que todos dejamos nuestro ADN por todos lados, este tema es de gran relevancia para la artista.

 

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Si sus obras son éticas y legales o no, todavía está indeterminado. La artista se defiende al decir que las personas no podrían reconocerse aunque se vieran en su exposición: el color de ojos y pelo no es exacto, tampoco la estructura facial, los retratos son de las personas como eran o serán a los 25 años…

Dewey obtuvo la idea de Stranger Visions un día en la oficina de su psicólogo, cuando al ver un cuadro genérico de arte, observó una grieta en el vidrio que lo cubría, y en ella, un pelo atorado. El diván podría esperar: ahora lo único que la artista podía pensar era en el pelo, en su dueño, en cómo sería esa persona y en qué tan loco estaría.

Así inició el proyecto de vanguardia, que hoy podría ayudar enormemente al análisis forense y demás campos detectivescos del planeta. Cinco de los retratos de Stranger Visions han estado en exhibición este año. Mientras tanto, si quieres protegerte, te avisamos que el ADN más efectivo para la artista ha sido el de las colillas de cigarros. Sólo queda adaptar el clásico problema filosófico del árbol al caso en cuestión: Si se cae un pelo en medio de Manhattan y nadie se da cuenta, ¿en verdad violó la privacidad del dueño Dewey-Hagborg?

 

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– Beatriz Vernon