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Traducción | No hay alternativa: El futuro es la autogestión


Por Stephan Dillemuth y Jakob Jakobsen, Agosto, 2016 | Traducción: Ching Shih Traducciones, María José Chávez y Aline Hernández

Como trabajadores en el campo del arte ofrecemos la siguiente contribución al debate en torno al impacto del neoliberalismo en las relaciones institucionales:

—Las instituciones educativas y culturales como se presentan hoy no son más que órganos legales y administrativos del sistema dominante. Como ocurre con todas las instituciones, éstas viven en y a través de nosotros; participamos de sus estructuras y programas, internalizamos sus valores, transmitimos sus ideologías y actuamos como su audiencia/público/cuerpo social.

—Nuestra visión: Estas instituciones pueden presentársenos como cuerpos socialmente aceptados, de alguna forma como representativos de la sociedad en la que vivimos, pero no son más que reliquias disfuncionales del proyecto burgués. Hubo un tiempo en el que estuvieron a cargo del papel de promover la democracia, alimentando el mito de que las instituciones son construidas sobre un intercambio entre ciudadanos libres, iguales y comprometidos. No sólo han fallado en esta tarea, sino que en el contexto del neoliberalismo, se han vuelto más oscuras, desconfiables y más exclusivas.

—El Estado y sus cuerpos institucionales comparten ahora pretensiones y objetivos tan estrechamente inter-vinculados con las agendas corporativas y neoliberales que se han tornado indivisibles. Esta intensificación y expansión de la ideología del libre mercado hacia todos los aspectos de nuestras vidas ha estado acompañada por un desmantelamiento sistemático de todas las formas de organización social e imaginación opuestas a las demandas del capitalismo.

—Como parte de este proceso, está claro que muchas instituciones y sus recientemente instaladas élites directivas buscan ahora rutas para escapar a su inevitable defunción y que esta coyuntura, en este momento de crisis, se tornan hacia estructuras ‘alternativas’ y a lo que queda de la izquierda para moldear sus horizontes, sancionar su rol en las sociedades y reanimar sus cansadas relaciones. ¡Por supuesto que lo menospreciamos!

En su lucha por sobrevivir, las instituciones educativas y culturales han mostrado qué tan fácil pueden traicionar sus valores en favor de otros y es por eso que nuestra tarea es demandar y adherirnos a los principios fundacionales y sociales que han echado por la borda, Por ello queremos decir: transparencia, responsabilidad, igualdad y participación abierta.

—Por transparencia nos referimos a la apertura de los procesos en torno a decisiones/funciones administrativas y financieras al escrutinio público. Por responsabilidad queremos decir que estas funciones y procesos sean claramente presentados, monitoreados y puedan en cambio ser mesurados e impugnados por los ‘participantes’ en cualquier momento. La igualdad y la participación abierta se refiere literalmente a lo que da a entender que, los hombres y mujeres de todas las nacionalidades, razas, colores y estatus social, puedan participar en cualquiera de estos procesos en cualquier momento.

—Las instituciones tal como se presentan hoy, encerradas en un confuso espacio entre lo público y lo privado, respondiendo a las demandas del despliegue neoliberal, junto con sus nuevas estructuras administrativas, no están en posición de negociar los principios de transparencia, responsabilidad e igualdad y menos de implementarlos. Nos damos cuenta que el responder a estas demandas puede extender y/o garantizar el sobrevivencia de las instituciones pero, afortunadamente, sus prácticas profundamente enraizadas, las previenen de siquiera entretenerse seriamente con la idea.

—Nosotros en calidad de trabajadores con un compromiso político de autogestión, sentimos que cualquier otra contribución crítica a los programas institucionales va a reforzar las relaciones que mantienen a estas obsoletas estructuras en su lugar. Estamos completamente conscientes de que ‘nuestras’ críticas, alternativas y formas de organización no sólo son adheridas por las estructuras institucionales sino que es cada vez más común que se utilicen para legitimar su existencia.

—La relación entre las corporaciones, el Estado y sus instituciones es ahora tan insoportable que no vemos espacio para negociación —no ofrecemos contribución ni crítica alguna, no ofrecemos posibilidad de reformarse ni de entrada o salida. Decidimos definirnos a nosotros mismos en relación a las formas sociales de en las que participamos y no en relación a los densos programas institucionales dispuestos antes que nosotros—, nuestra desregulación está determinada por relaciones sociales, no por las relaciones de mercado. No hay necesidad de tomar la Asamblea Interuniversitaria puesto que la mayoría de las instituciones se están derritiendo ya al calor del capital global. ¡No vamos a proveer ninguna alternativa, déjenlo ir!

La única pregunta que permanece presente es cómo deshacerse de la carcasa y lidiar con la pestilencia:

—No nos interesan sus supuestos valores: sus empleados, inmuebles, archivos, programas, tiendas, clubes, bares, facilidades y espacios, todos terminarán de todos modos en la casa de empeño…

—Lo único que necesitamos es su dinero para poder pagar nuestra salida del capitalismo y tomar esta oportunidad para dejar en claro nuestra intención de supervisar y mediar nuestro propio capital social, conocimiento y redes.

—Como un primer paso sugerimos una redistribución inmediata de sus fondos a los ya existentes cuerpos autogestionados que tengan un claro compromiso con los derechos de los trabajadores e inmigrantes, con la lucha social y la representación (anti-racista, anti-sexista, anti-homofóbica).

¡No hay alternativa! El futuro es autosugestionado.

—A inicios de la década de los 70 los analistas corporativos desarrollaron una estrategia que apuntaba a reducir la incertidumbre llamada ‘no hay alternativa’ (TINA, por sus siglas en inglés). De modo irónico estamos de acuerdo, pero esta vez, somos los que planearemos el escenario de nuestro futuro y lo ejecutaremos aunque seamos nada más y nada menos, la mismísima encarnación de la incertidumbre.

—Ante la ausencia de una clara oposición al sistema neoliberal, la mayoría de las prácticas colectivas y colaborativas pueden leerse como ‘espíritus-emprendedores’ (self-branding). Por esto queremos decir, que las agrupaciones de individuos o colectivos predispuestos para proveer los mercados corporativos controlados, toman su lugar en la mesa, alimentan y promueven la ideología dominante.

—La autogestión no debería de confundirse con el ‘espíritu emprendedor’ o la auto-ayuda, no es una alternativa para conducirse al mercado ¡No es una marca, logo, firma o bandera bajo la cual navegar en las aguas del neoliberalismo (incluso como un barco pirata como sugiere MTV)! No tiene relación con el espíritu empresarial o falaz de las «carreras colectivas’.

—Para nosotros la autogestión es un sinónimo para la energía productiva de aquellos que no tienen ya nada que perder. Ofrece un espacio para la re-politización radical de las relaciones sociales —los primeros pasos tentativos hacia libertades realizables.

La auto-organización es:

—Algo que precede a las instituciones representativas. Para ser más precisos: las instituciones son construidas (y comúnmente paralizan) los predicados y las formas sociales generadas por la autogestión.

—Ayuda al reforzamiento mutuo, la apreciación y el empoderamiento de uno mismo, a la historización de sí, y como resultado de esto, no es compatible con las estructuras anquilosadas institucionales.

—Una fuerza social y productiva, un proceso de transformación de uno mismo que como ocurre con el capitalismo, puede ser tanto flexible como opaco —y por tanto suficientemente ágil para taclearlo (o sortearlo)—.

—Un proceso social de comunicación y comunalidad basado en el intercambio; la compartición de problemas similares, de conocimiento y recursos disponibles.

—Una serie fluida y temporal de negociaciones y relaciones sociales que puede ser emancipadora —un proceso de empoderamiento—.

—Algo que se sitúa a sí mismo en oposición a las formas existentes y represivas de organización y concentración de poder.

—El siempre cuestionar el poder tanto dentro de la organización como fuera; esto produce una sociedad de resonancia y conflicto, pero no basada en dualidades falsas como en el presente.

—Una organización de yos desregulados. Es fundamentalmente una forma de no-identidad.

—Una herramienta que no requiere de una identidad o voz que cohesiona para entrar en negociación con otros. Puede residir sobre formas sociales pero no necesita tomar una forma social identificable como tal.

—Contagiosa e inclusiva, se disemina y multiplica.

—La única forma de relacionarse con la autogestión es formando parte de ella, autogestionándose, conectándose con otras iniciativas autogestionadas y desafiando la legitimidad de la representación institucional.

Cerramos la olla del proyecto burgués, los museos nacionales serán almacenados en su propio archivo, los Institutos de Arte Contemporáneo serán entregados a los sindicatos de artistas, las Universidades y Academias serán entregadas a los estudiantes, Siemens y el resto de los jugadores globales serán entregados a los trabajadores. El Estado ahora actúa como una unidad administrativa —tal como ha sugerido el neoliberalismo— pero con mecanismos de control, transparencia, responsabilidad y derechos iguales para todos.

Fin

Stephan Dillemuth en Munich, Anthony Davies en Londres y Jakob Jakobsen en Copenhague, 12 de junio de 2005.

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*Agradecemos enormemente a Stephan Dillemuth, Anthony Davies y Jakob Jakobsen por permitirnos la traducción y publicación de su texto con el propósito de poder difundir materiales entre la comunidad interesada y enriquecer así los debates y reflexiones que actualmente tienen lugar. Finalmente, el proceso de traducción de este texto se vio alimento por una traducción previa que llevaron a cabo los compañeros de abstractpossible.org