Arte

TORRE DE SHÚJOV


Por Rodrigo Bonillas / @RodrigoGarBon

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Cuando Lenin mandó construir la torre de Shújov (1922) en Shábolovka, una calle de Moscú, el ingeniero ruso Vladímir Grigorievich Shújov ya era famoso mundialmente por su innovación. Desde fines del siglo xix dio a conocer sus estructuras hiperboloides, que de inmediato causaron asombro por el diseño resistente y la forma escultural. La torre de Shábolovka es, junto con las torres del río Oká, cerca de Nizhni-Nóvgorod, uno de los pocos monumentos de Shújov que todavía permanecen, aunque en los últimos meses tenga la amenaza de la deconstrucción para levantar, en su lugar, un edificio de estatura idéntica (160 metros). Hace apenas unas semanas, varias autoridades de la arquitectura como Tadao Ando o Rem Koolhaas enviaron al presidente Putin una carta para pedir la conservación de la torre.

No se puede dejar de admirar las virtudes del diseño de Shújov. Durante su época, sólo otro arquitecto, al otro lado de Europa, hacia descubrimientos en el área de las formas hiperboloides: Antoni Gaudí. Pero las torres de Shújov exponen de manera más esencial el armazón de la geometría de hipérboles. Una vez divulgados el vigor y la ligereza del invento de Shújov, las formas hiperboloides fueron empleadas a lo largo del siglo xx por otros arquitectos como Niemeyer, Le Corbusier o Candela, y tuvieron diversas aplicaciones, como faros, torres de refrigeración o depósitos de agua. A lo largo de sus más de ochenta años de vida, la torre de Shújov en Shábolovka se ha empleado en las telecomunicaciones. Su realización tenía el propósito de la transmisión de radio.

La grácil malla de la torre sigue una leve ondulación en cada uno de los seis segmentos que la componen. Esta ondulación está hecha a partir de varas de acero rectas, que están dispuestas de modo oblicuo en cada anillo hiperboloide.

El plan original para esta edificación tenía 350 metros de altura, lo que rebasaba la estatura de la torre Eiffel. Por carencia de metal tuvo que reducirse su tamaño a 150 metros, sobre los que después se ascendió otros 10 por las antenas de la parte superior. Este producto temprano de la cultura soviética pertenece a los años donde el pueblo ruso tenía optimismo sobre el futuro del país y donde varios proyectos como el constructivismo y la escuela de arte y técnica Vjutemás estaban dando un gran impulso a la cultura rusa, el último antes del advenimiento del realismo socialista y el estilo de Stalin. Aunque los hiperboloides fueron desarrollados por Shújov veinte años atrás, hay en la estética de esta torre un diálogo con el Monumento a la Tercera Internacional de Tatlin.

El primero de mayo próximo se dará una resolución al plan de desmantelación y posible reubicación de la torre. Algunos moscovitas se están movilizando para impedirlo y buscar su restauración. El nieto de Shújov busca, además, que se forme el Centro Shújov a los pies del edificio.