Arte

Tom en la granja de Xavier Dolan


Por Gustavo Cruz / @piriarte

 

 

Para su cuarto largometraje, el niño consentido del cine canadiense Xavier Dolan, alardea de explorar un género con el que no había jugado. Tom en la granja (Tom à la ferme, 2013) es un thriller psicológico que tiene como protagonista a un joven citadino que visita a la familia rural de su novio fallecido. La madre ignora la homosexualidad del difunto y el hermano mayor de éste hará lo imposible por evitar la revelación del secreto.

El resultado es una cinta débil, ingenua y caprichosa. Débil por ligera, por imitar a los maestros del género a través de formas y recursos de manera aislada: el individuo ajeno a una comunidad que se muestra siempre a la defensiva ante él, nos remite a las cintas clásicas de Roman Polanski; la relación entre una madre siniestra en aislamiento con un hijo notablemente desequilibrado, no logra sostenerse ante la sombra de Psycho (1960) de Alfred Hitchcock; el desarrollo de una especie de Síndrome de Estocolmo por parte del protagonista, hace pensar tal vez en David Lynch y de nuevo en Polanski. Al final, el filme no supera el estatuto de collage de referencias, una especie de operación tarantinesca que carece de la precisión y eficiencia de Pulp Fiction (1994). Ahí reside su ingenuidad, en querer salir impune del crimen.

Cada acierto en el lenguaje de la imagen-movimiento es siempre opacado por una debilidad, por el preciosismo de la estética de videoclip que ha sido siempre su sello; el drama barato que intenta disfrazarse de intriga y extrañamiento; o el culto a la propia imagen del director (puesto que Dolan personifica a Tom). Los encuadres de los asistentes del funeral mientras el pastor da unas últimas palabras; los cortes que eliminan momentos de alto contenido dramático para lograr un desconcierto efectivo y una mayor violencia en la acción; los close-ups a los rostros de los involucrados en la visita de la supuesta novia del hijo fallecido; son todos momentos del thriller que demuestran la existencia de talento y capacidad en Dolan. Tristemente, la autocomplacencia lo hace resolver todo en fórmulas fáciles y aburridas, que impiden que la cinta sea tomada con la seriedad que pretende tener. Tal vez podamos culpar de esto a la juventud de la que tanto presume.