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The Old King, un hombre abandonado por Dios


Sobre el escenario desaforado se observan los restos de un hombre, la secuencia de imágenes que va creando al paso de su decadencia.

Por Silverio Orduña

 

Derrumbarse sobre el propio cuerpo, con él. Esta es la idea que explota The Old King, coreografía de Miguel Moreira, interpretada por el bailarín Romeu Runa, de la compañía belga Les ballets C de la B.

El trabajo de Moreira y Runa se presentó en el Teatro de la Ciudad como parte de la programación del 29° Festival de México en el Centro Histórico. The Old King se construyó a partir de material fotográfico del portugués Daniel Blaufuks, una muestra evidente de la insistencia visual que Moreira impone en la obra, dando lugar a una experiencia tanto plástica como dancística, incitada desde cuerpo del bailarín que eligió como el idóneo para la pieza.

 

 

El ejecutante Romeu Runa muestra el rigor técnico e interpretativo de su entrenamiento. Su estructura corporal alargada proyecta desde el principio a un personaje monstruoso y solitario que se desplaza con dificultad por el espacio, como si le pesara el pasado, el transcurrir del tiempo, y su presente no le permitiera ir más allá, salir de su propio ser.

The Old King se perfila como la destrucción de una estatua colosal tras el derrocamiento de un dictador, un mal rey. ¿Pero quién la destruye? ¿Sus enemigos? ¿La soledad? ¿Él mismo? En el programa de mano se explica: “Un hombre ha sido abandonado por Dios y todos los santos. Se encuentra de pie en un escenario cubierto con minas, reflexionando sobre él mismo y el mundo a su alrededor”.

 

 

Con una atmósfera de penumbras se ilustra la desolación en la que se encuentra el personaje. Nadie lo escucha cuando intenta hablar. Sus gritos son destruidos por el silencio del desierto que habita. Los recursos escenográficos se limitan simplemente a una pila de tarimas que él mismo derrumba para edificar un pedestal donde se transforma en escultura, en olvido.

Las secuencias de movimiento de Runa impresionan. Su cuerpo elástico y flexible se aleja del recurso circense para construir acciones dramáticas desde el lenguaje de la danza. Sus huesos desencajados, sus extremidades que parecen sin articulaciones y su gesticulación del dolor son ingredientes para co-crear junto con Moreira una experiencia estética sobre la degeneración humana.