archivo

The Exhibition of a Film de Mathieu Copeland, por Adriana Melchor Betancourt


Junio, 2018

La llegada del tren y la Salida de los obreros de la fábrica duraban menos de un minuto. Estas primeras imágenes en movimiento creadas por los hermanos Lumière fueron llamadas “vistas” y provocaron una fascinación y conmoción increíble entre la audiencia. Basta recordar que tanto la fotografía como el cine trastocaron el consumo, la producción, la circulación, la construcción de visualidades, y lo más importante, la experiencia del sujeto. En 1926, Siegfried Kracauer ya criticaba en su ensayo, Culto a la distracción, la producción vertiginosa de imágenes como causante de la falta de atención de las masas a las demandas urgentes del periodo de entreguerras en Europa. Incluso la producción literaria, el diseño editorial y las ferias internacionales no escaparon a su impacto.

¿Cómo influyó el cine en los dispositivos de exhibición? ¿Es posible desvincular la materialidad de una exposición y las obras con las que trabaja? ¿Cuáles serían las características que definirían un modo moderno de crear exhibiciones y otro contemporáneo? Algunas de estas preguntas son las que subyacen (o propongo) en el proyecto curatorial de Mathieu Copeland, The Exhibition of a Film (2014), presentado en los primeros dos meses de este año en la Cineteca Nacional bajo la iniciativa de Fundación Jumex Arte Contemporáneo, y como parte de su seminario La exposición como límite.

La premisa de Copeland, es ofrecer al público una “coreografía polifónica” no concebida como presentación de obras secuenciales, sino más bien, como un despliegue de capas que se bifurcan hacia distintos campos de acción. The Exhibition of a Film es una exposición para un contexto “específico” que funciona a partir de los límites del medio y los efectos de éste sobre el espacio que lo alberga, es: “una película exhibida, la película de una exposición y una exhibición filmada”.[1] El planteamiento curatorial se concibe a partir de las ideas sobre el marco de Maurice Lemaître, Ben Vautier y el cine Letrista de Isodore Isou, la materialidad del cine en tanto imagen audiovisual en el espacio y la tensión del argumento como reelaboración entre la abstracción de la imagen y la construcción de secuencias fílmicas.

La práctica curatorial de Mathieu Copeland se ocupa por desestabilizar las operaciones tradicionales de una exhibición y ensaya sobre qué es o qué puede ser una exposición. Asimismo, explora las nuevas relaciones que podrían establecerse con los públicos y las distintas reconfiguraciones de la percepción, a partir de estos discursos en el espacio. De igual manera, la coreografía es una de las ideas recurrentes que Copeland explora en sus exhibiciones, entendida como una escritura en movimiento o una estrategia concebida desde los ritmos establecidos a partir de las obras y los lugares. De esto da cuenta Mandala mental, proyecto presentado en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) en 2013 y cuya propuesta era concebir la muestra como una situación.[2] Este proyecto se estructuró a partir de ritmos y pausas —no como núcleos— y permitió extender los efectos del discurso en el espacio hacia la escritura.

Ahora bien, uno de mis intereses por escribir sobre The Exhibition of a Film, es justo problematizar la pregunta por la definición de lo que sería una exhibición hoy con respecto a otros ejercicios del pasado. Terry Smith en su libro Thinking Contemporary Curating señala que las décadas de 1960 y 1970 son de particular interés para agentes de la historia del arte y la práctica curatorial, pues es un momento en el que se yuxtapone la producción de un modernismo tardío y los albores de lo que llamamos arte contemporáneo hoy día.[3] En particular, los eventos de carácter expositivo o afines son los que más inquietan a la práctica curatorial, sobre todo aquellos que desafiaron el sistema artístico.[4] Este corte temporal importa, continúa Smith, no sólo por hacer visible una narrativa que quedó al margen del discurso “oficial” o por revisar ciertos fenómenos desde otras lecturas, sino para reflexionar también sobre el ejercicio curatorial actual. Algo así pareciera ocurrir en dicho proyecto de Copeland al revisar las propuestas cinematográficas de Isou, Lemaître, pero revisitadas a partir de la lectura del dispositivo de exhibición. Me resulta un poco difícil reseñar esta “exposición en cine”, pues no tengo en frente de mí otra forma de volver a estas secuencias y ritmos de las imágenes que el curador propone. Pienso que al reseñar exhibiciones se regresa al museo para repensar algunas piezas o núcleos, o por lo menos, una trata de hacer una visita con detenimiento, tomar fotos y llevarse más información. Acá, sólo hubo tres funciones y no hay un tráiler con obras que me hagan recordar algunos momentos. Seguro los críticos de cine tendrán alguna estrategia al respecto. En fin, lo bueno es que existe una publicación del proyecto.

El “catálogo” The Exhibition of a Film/ L’exposition d’un film reúne una serie de entrevistas conducidas por Copelan a artistas participantes del proyecto, artículos y otro tipo de textos. En particular, el que me parece que arroja más luz sobre una propuesta de relato histórico del cine como dispositivo de exhibición, en estrecha relación al proyecto, es el texto de François Bovier, Film and Exhibition. Lo que hace el autor es realizar una reflexión acerca del cine o de la película como un objeto de exhibición; de uno que precisa de un display. Esto lo hace a partir de un breve recorrido por las exposiciones internacionales que tuvieron como carta de presentación el cine o la imagen en movimiento. Esta discusión está enmarcada desde las tensiones o entrecruzamientos del cubo blanco y la sala de proyecciones (caja negra o cuarto negro), pero problematizando desde los tránsitos de la desmaterialización de la obra entre distintos espacios. Lo que me parece interesante es cómo en cada uno de los ejemplos, el objeto cinematográfico adquiere distintas lecturas. Por ejemplo, Bovier habla sobre cómo la Exposición Universal de París en 1900 destacaba más a la máquina que a la imagen en movimiento, y que estas imágenes, las llamadas vistas, eran una especie de dioramas visuales que las audiencias consumían casi como mirar por ventanas. En cambio, en la Exposición Universal de Montréal en 1967 el cine fue el protagonista, pues despliega todos sus efectos, posibilidades y artefactos para construir un sujeto que participa activamente con estas imágenes en movimiento.[5]

Ahora bien, regresando al proyecto de Copeland, me parece que su reflexión es más hacia la caja negra intentando desligarse de las prácticas de exhibición del cubo blanco. No estoy segura de que lo logre exitosamente. Hay también varias ideas sobre la pantalla como objeto que transgrede espacios arquitectónicos, pues hay incluso ciertos efectos de luminosidad y sonido que sólo pueden experimentarse desde el asiento de la sala de cine. Me faltaría realizar un análisis más profundo sobre esta coreografía polifónica y las ideas sobre el marco de las imágenes que revisita el curador de producciones de posguerra. No obstante, pareciera entonces que, en efecto, una de las características de la práctica curatorial del siglo XXI —en términos de tipologías o modelos de exhibición— es la búsqueda de nuevos formatos que cuestionen la presentación de obras y las posibles relaciones de los públicos frente a ellas, pero también de un desarrollo más maduro sobre el entendimiento de un espacio como discurso, no sólo como práctica curatorial, sino en proyectos artísticos que desdibujan estos límites con mayor conciencia.

No tengo idea de qué pasará después. Quizás estamos en un proceso de revisión que nos permitirá más adelante pensar desde otras lecturas y estrategias las historias del arte, con repercusiones distintas a las que acostumbramos. Por lo pronto, me parece importante situar históricamente este tipo de producciones culturales. Aunque también, estoy a la espera de algún descubrimiento que tenga efectos similares a la llegada del cine.

Imagen: Cineteca Nacional.

— —

[1] “… a film exhibited, a film of an exhibition and a filmed exhibition.” Copeland, Mathieu. “The Exhibition of a Film”, en: The Exhibition of a Film, Francia: Les Presses du réel, HEAD-Genève, 2015, p. 5.

[2] De la Garza, Amanda. “Mandala mental: Las exposiciones como situación”, en: Mandala Mental un proyecto de Mathieu Copeland, Folio MUAC, México: MUAC, 2013, p. 7.

[3] Smith, Terry. “Curatorial practice now”, en: Thinking Contemporary Curating. Nueva York: Independent Curators International (ICI), 2012, p. 186.

[4] Íbid. p. 194.

[5] Bovier, Francçois. “Film and exhibition”, en: Copeland, Mathieu. The Exhibition of a film / L’exposition d’un film. Francia: Les Presses du réel, 2015, p. 72.

unnamed-4

Adriana Melchor Betancourt estudió la licenciatura en la Universidad Iberoamericana y es maestra por la Universidad Nacional Autónoma de México, ambos grados en historia del arte. Ha colaboradora en distintas publicaciones dedicadas al arte contemporáneo y al diseño, entre ellas Ediciones Transversales, Caín, La Tempestad, Código y Blog de Crítica. Actualmente trabaja en la Sala de Arte Público Siqueiros e imparte clases en la Universidad del Claustro de Sor Juana.