Música

Talking Heads: 30 años de hablar en lenguas


Los discos más importantes, los que han cambiado al mundo de alguna u otra forma, son aquellos que han tenido la capacidad de conmover ciertos engranes en quienes los escuchan para incitarlos a crear obras propias. Responsable de la inspiración de cuantiosas obras subsecuentes, ‘Speaking in tongues’ permanece como uno de los discos más interesantes, arriesgados y seminales de la brillante carrera del conjunto.

La obra de David Byrne y Talking Heads se ha convertido en una pieza fundamental del entramado musical del siglo XX en todo el mundo. Como bien lo expresa su título, el contenido del disco es universal, habla fluidamente varios idiomas. Es en este disco en el que se incluye la pieza ‘Burning down the house’, que representa la única canción del grupo en ingresar al top ten de Billboard. Es también su disco más popular y comercialmente exitoso.

El quinto álbum del grupo, a treinta años de su lanzamiento, es un cúmulo de signos semióticos que fue compuesto bajo los más puros estándares de la experimentación. A través de extensas sesiones de jams, Byrne utilizó una técnica llamada glossolalia, que es, en términos prácticos, hablar en lenguas. Las palabras usadas no podrían ser transcritas y son consideradas en algunos contextos como parte de un lenguaje sagrado. También significa hablar un lenguaje de manera natural sin previo conocimiento del mismo por parte del hablante. Esto es, a todas luces, un síntoma claro de lo que el disco buscaba: acercarse a una suerte de Babel despedazada y sin orden.

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Sin embargo, no representa el triunfo del sonido por encima del signo. Su claridad para expresarse es pasmosa y busca a través de patrones como la repetición generar nuevas formas. Byrne consolidó desde entonces una especie de parámetro para su obra, buscando crear texturas que pudieran sostener las repeticiones propias de una canción en formato pop, sin delegar únicamente en los cambios armónicos la capacidad de retener la atención del público.

Este es, finalmente, el disco que nos presentó “This must be the place (Naïve Melody)“. Una pieza de construcción simple y emocionante que habla sobre el lugar al que llamamos hogar, mismo que, como la felicidad, es un lugar temporal en el que uno no puede quedarse mucho tiempo. Es una de las canciones más complejas del pop puesto que su base melódica compuesta por bajo y guitarra produce una atmósfera tan inocente como etérea, mientras su letra habla con franqueza extrema de lo inasible que resulta sentirse feliz. Treinta años después, el disco sigue hablando con elocuencia sobre las preocupaciones del hombre y conteniendo una obra que sobrevive el paso del tiempo con elegancia, sin arrugas visibles.