Studio Visit

Studio visit | Rolando Jacob


Por Fernando Pichardo | Agosto, 2020

Para llegar al departamento de Rolando Jacob (Reynosa, 1984), uno debe ingresar a un edificio cuyo acceso está flanqueado por locales de autopartes, cruzar un pasillo largo y subir por una escalinata que culmina en un patio triangular, muy amplio y luminoso.

El artista eligió la habitación de la estancia que da a la calle para establecer su área de trabajo. Es un polígono sobrio, compuesto por una serie de ángulos agudos y obtusos que reciben luz natural a través de una gran ventana. Sus muros están rematados por frisos que integran motivos clásicos y futuristas, muy acordes al art déco bajo el que se concibió la construcción.

La distribución del espacio y su ornamentación son un ejemplo del incipiente proceso de globalización que se vivió entre los núcleos urbanos del México posrevolucionario, pero son también un reflejo de los intereses y la línea de producción que Rolando ha desarrollado en años recientes: la modernidad, las implicaciones políticas de la vivienda, y la interacción con la arquitectura histórica.

Una de las razones por las que Rolando se mudó a la Ciudad de México desde Monterrey fue el cuestionamiento de los orígenes, difusión y asimilación de la modernidad arquitectónica en el territorio mexicano. El país se fundó a partir de un modelo centralista, y durante el siglo XX se reprodujeron en los estados del norte modelos de desarrollo que habían probado éxito en la capital, entre los que se encuentran los multifamiliares. Sin embargo, los proyectos de unificación nunca llegaron a concretarse en el norte, sino que más bien se adaptaron a la hibridación cultural que por allá es inmanente:

«Veía a algunos proyectos trabajando en torno al noreste, pero no había algo anclado. Tengo más relación con el sur de Texas que con el centro del país, y me llamaba la atención por qué no había gente pensando en la historia reciente de estas ciudades, por qué sus habitantes quieren mudarse a sitios como San Antonio o Houston, y por qué parte de la identidad norteña se basa en imitar cosas. Creo que las ideas en torno a lo moderno no se acogieron en Monterrey de la misma forma que sucedió aquí. Son cosas que me cuestiono e intento estudiarlas».

Rolando dispuso un escritorio para su computadora en una de las esquinas del fondo. Detrás se encuentra una pared donde colocó algunos de sus dibujos y pinturas, varios de ellos enmarcados, otros pegados a la superficie, junto a reproducciones de obras de artistas clásicos como Leonardo Da Vinci y Giovanni Battista Piranesi. Las obras en conjunto funcionan como una cartografía que ayuda a Rolando a establecer nuevos puentes entre sus obras y las ideas que explora.

Mientras observaba algunos bocetos, noté que entre ellos había una fotografía tomada hace varias décadas. Era la vista general de una sala de departamento, con sofás de terciopelo, papel tapiz y lámparas estilo Luis XV, muy a tono con la estética burguesa del Milagro Mexicano. Una amiga de Rolando se la regaló justo en el momento en el que comenzaba la investigación para Condominios 72, instalación que se expuso en el Museo de Arte Carrillo Gil (MACG) como parte de la exposición Parasitage. Ruidos Negros a principios de este año.

La pieza fue concebida como una escultura inmersiva que indaga sobre cómo los preceptos funcionalistas —que en América Latina fueron respaldados por iniciativas financiadas por el gobierno estadounidense como la Alianza para el Progreso— paradójicamente sentaron las bases para la creación de frentes de oposición y resistencia ciudadanos ante regímenes autoritarios. En el caso de Monterrey, esta fractura se materializó en los Condominios Constitución, diseñados por Guillermo Cortés Melo e inaugurados en1964.

Condominios 72 permitió a Rolando trazar una correspondencia entre los movimientos estudiantiles de 1968 en la Ciudad de México y el menos conocido fenómeno guerrillero de Monterrey de 1972, ambas iniciativas respaldadas por jóvenes que fueron reprimidas por balaceras al interior de los condominios.

Uno de los conceptos más recurrentes dentro del estudio de Rolando es el desbordamiento o el cúmulo de fuerzas sociales, económicas y políticas que el espacio construido acoge pero no es capaz de aprehender. A propósito de un boceto que muestra cómo un chorro de materia verde excede los límites de un edificio, me mostró los registros en video que hizo durante su exposición final en SOMA. Rolando vertió slime sobre una reproducción a escala de la residencia, haciendo que el material saliera por las ventanas y huecos de la maqueta:

«Si hubiera puesto el material sobre un edificio real habría parecido pintura verde. Pero cuando lo ves en una maqueta esa fluidez es distinta. Me gusta la fluidez del moco en esas proporciones. Esa chiclosidad solo funciona en pequeño».

A poca distancia de la fotografía descansan un óleo y un dibujo a lápiz que muestran dos tipologías distintas: una casa de interés social y una casona decimonónica, ambas representaciones mutiladas por rastros de balas. Rolando me explica que la primera fue parte del registro que hizo en un conjunto de casas de interés social cercano a Reynosa, mientras que la segunda era el acceso principal del Café Iguana, un bar muy famoso entre la comunidad artística regia ubicado en el Barrio Antiguo de Monterrey, que cerró cuando la guerra contra el narco se apoderó de la ciudad.

En ambos casos, Rolando hizo referencia al desalojo de más de cinco millones de casas erigidas durante el boom inmobiliario que México experimentó entre 2001 y 2012, así como a la violencia que dominó en Monterrey durante el calderonato, convirtiendo a poblaciones marginadas y/o vulnerables en áreas para la reafirmación del necrocapitalismo:

«Es algo que une a todos mis proyectos. No solo se trata de la arquitectura, sino que es un otro que sucede ahí dentro como el abandono, las balas, la autoconstrucción, o el conflicto armado. Son cosas que pasan como una línea que va abriendo todo lo arquitectónico, aún no logró nombrar bien qué es. Sé que tiene que ver con el conflicto, con el caos, con lo social, y trato de pensar cómo traducirlo en materialidades».

Rolando tenía planes específicos que, naturalmente, fueron pospuestos o cancelados por la cuarentena. Junto con Aleph Escobedo, Natalia Rodríguez Caballero y Miriam Salado, fundó Soporte ante la urgencia de generar ingresos y puntos de venta de obra sin intermediarios. Me platicó esto mientras me mostraba algunos de los bocetos que cubrían toda la superficie de su mesa de trabajo.

Entre estos bocetos había uno enorme llamado Street View 04, que muestra la fachada de una vivienda típica de cualquier colonia del noroeste del país, y que pronto subirá a la plataforma de Soporte. Lo anterior es un esfuerzo por generar una arqueología del paisaje construido desde la distancia, utilizando la geolocalización como una herramienta para reconstruir esos imaginarios:

«Este dibujo surgió a partir de que tengo como seis meses de no poder ir al norte. Empecé a jugar con los espacios de Reynosa y Monterrey que miraba por Google Maps y empecé a ver lugares que me parecían interesantes, como la orografía, las ventanas y los vanos».

Me di cuenta que la obra de Rolando apela por un retorno hacia lo vernáculo desde la arquitectura moderna, al entenderla como parte de un sistema de pensamiento que surgió desde las metrópolis, pero que se adaptó a las particularidades de las regiones donde se asentó. A través de sus dibujos se evidencia que, lejos de convertirse en la corriente de pensamiento europeizante, aséptica y homogeneizadora que aspiraba ser, estos entornos fueron rebasados por las prácticas distópicas que se gestan actualmente desde el sur global. 

¿Qué aspectos de esa modernidad se alteraron en el norte de México? ¿Qué factores contribuyen a la construcción de una experiencia norteña? Al hacer estas preguntas, Rolando me contestó que existen nociones que definitivamente son tangibles, como el clima extremo o las planicies, pero que hay otras mucho más imperceptibles como el deterioro y el olvido.

Para Rolando, el norte es un lugar que no ejerce la recuperación de la memoria: sus infraestructuras suelen desgastarse, demolerse, desalojarse. Son acciones que quizá corresponden al ciclo de violencia y desconexión que históricamente han configurado a esta región.

Casi al terminar mi vista, Rolando me comenta que estaba indeciso sobre si iluminar Street View 04 o dejarlo en blanco y negro. Platicamos un poco sobre cómo nos encontramos en un momento donde la estética minimalista vinculada al libre tránsito de bienes, personas y dinero rápidamente se vuelve obsoleta. Lo anterior constituye una oportunidad para dar paso a una arquitectura post-pandemia más plural que recupere los colores, formas y materiales de cada localidad.

La suspensión ¿temporal? de la aldea global y el confinamiento nos ha forzado a reconsiderar los usos e intenciones de espacios que hasta hace unos meses considerábamos como transitorios. Nos ha obligado a dejar de pensar la arquitectura en términos virtuales y a transitarla nuevamente desde nuestras corporalidades. Le sugerí a Rolando que lo iluminara: quizá el contraste de luces y sombras se perdería, pero a cambio lograría un efecto de especificidad e identidad en el resultado final.

Fotografías: Elic Herrera.