Studio Visit

Studio visit | Lucía Vidales


Por Alfonso Santiago | Agosto, 2018

La primera vez que visité el estudio de Lucía Vidales (México, 1986) fue en una parrillada en el espacio que comparte con Christian Camacho. A pesar de que era tarde, el estudio aún estaba iluminado por el ventanal que da a un patio en un tercer piso en la colonia Irrigación de la Ciudad de México. Meses después, tuve la oportunidad de volver para platicar con Lucía.

Lo primero que llama mi atención es la gran cantidad de obras dispuestas en el espacio. Un muro de casi tres metros de alto muestra lienzos en pequeño y mediano formato organizados a manera de retícula, en la que las piezas se ensamblan como si fueran parte de un gran políptico. Además de las obras en el muro, hay bastidores recargados en el suelo y lienzos sin tensar, uno frente al otro. La naturaleza cargada de las pinturas y las distintas capas de materiales se complementan con el entorno.

Sobre una de las mesas hay un par de piezas en pintura modelada directamente, sin un soporte. Éstas son creadas horizontalmente y tardan mucho tiempo en secar completamente, incluso podría pensarse que están formadas a partir de los residuos de pintura que terminaron acumulándose en la mesa, mostrando la materialidad de la pintura, formando una especie de piel pictórica blanda y flexible, conformadas a partir de fragmentos y acumulaciones.

Me vienen a la mente las exposiciones de Lucía que he visitado en Biquini wax y Edison 137, también las imágenes de otros proyectos en los que ha participado y que he visto en internet. Comenzamos a platicar sobre la diferencia de las obras en el estudio y lo que sucede en distintos espacios de exhibición. Pareciera que el estudio es el lugar idóneo para mirar sus piezas por la naturaleza sobrecargada de las pinturas y capas de materiales que dejan ver el proceso mediante el cual fueron realizadas.

El trabajo de Lucía Vidales es una exploración sobre las propiedades matéricas de la pintura, a través del complejo entramado de personajes, referencias, figuras antropomorfas y miembros amputados en los que los materiales que forman las pinturas son tan evidentes como las figuras representadas. Sus pinturas están repletas de detalles, degradaciones y juegos cromáticos que exigen una mirada lenta.

Al mencionar algunos proyectos me cuenta de Brlbrlbrlbrlbrlbrl, exposición en Biquini Wax en 2017 y que no era la que originalmente iba a presentar, pues hubo una confusión: “Me equivoqué y no fui a una junta en la que repartieron los espacios, cuando llegué a montar pasamos toda la noche decidiendo la ubicación de las piezas. Llevaba alrededor de treinta, de las que seleccionamos sólo siete; ni siquiera la imagen que usamos para la invitación quedó en la selección final. Dispusimos las pinturas de acuerdo al cuarto, a las capas de pintura vieja y a la iluminación; las lámparas de led cortaban el espacio en triángulos y quería jugar con toda esa información contenida en los muros. Al final me dijeron que me había equivocado y tuve que ir, desmontar y montar una nueva exhibición en el espacio que sí me correspondía, esa fue la que abrió al público”. Entre risas, Lucía afirma que la exposición que nadie vio le había gustado más.

Así como el proceso de los montajes en Biquini Wax, Lucía acostumbra llevar una selección para encontrarle lugar en el espacio a exhibir, a veces para darle toda la atención o para armar una retícula en la que las obras se afecten entre ellas, de manera similar a lo que sucede en el estudio.

En el estudio las obras están organizadas no de acuerdo a cómo lucen, el “acomodo” responde a las necesidades de la artista: las pinturas se encuentran mucho más accesibles para mirarlas de cerca mientras continúa trabajándolas y están más alejadas cuando hay que entender cómo se relacionan con las otras que las rodean. A veces le sirve llevarlas a casa para “dejarlas descansar”, ahí entran en una especie de incubadora, otras veces salen del estudio y cuando regresan vuelve a trabajar en ellas, y en ocasiones entran a un estado de tiempo suspendido, como si estuvieran potencialmente inacabadas.

“Al igual que la organización de las piezas, la disposición de las mesas y el caballete están adaptados a mi cuerpo, no sólo a la mirada”.

Al conversar sobre espacios de exhibición más neutros, Lucía considera que cuando un ojo externo pone atención a las piezas se detonan situaciones que ella no habría imaginado. Es decir, con sólo cambiar la ubicación de una pintura o poner una obra junto a otra, esa mirada ajena expande posibilidades que no suceden en el estudio.

Por ejemplo, para El tiempo que nos pudrirá, en Edison 137, Lucía hizo una selección de piezas a partir de largas conversaciones sobre el tiempo y sobre las maneras en las que la pintura se relaciona con él, incluso más que con el espacio. La conversación continuó durante el montaje y así fue que una de las “pieles” con forma de dentadura se montó flotando sobre los visitantes, saliendo de la horizontalidad que la vio solidificarse.

Otro ejemplo es Tiger-Poems & Songs for Hurricanes, una colectiva presentada este año en Travesía Cuatro en Guadalajara, para la que llevó cuatro piezas que estuvo observando durante varios meses. Estas pinturas habían estado enmarcadas en la cotidianeidad de Lucía y fueron las decisiones de Andrés González, curador de la muestra, las que le dieron un nuevo aire: Dos pinturas pequeñas se montaron solas en un gran muro gris, y otras cinco se colocaron a una altura mucho más baja de lo que se acostumbra en un espacio de exhibición.

El próximo 25 de agosto abre Naturally en Lulu, con trabajos de Lucía, Lorena Ancona y Christian Camacho. “Durante las visitas de estudio de Chris Sharp había muy pocos espacios vacíos para mirar las piezas aisladas, por lo que tuvimos que poner un pedazo de tela sobre la mesa para generar un ambiente neutro y limpio. Chris colocaba las piezas, las giraba y miraba junto a otras mías y de Christian. Al final llevaré seis, no estoy segura cuántas terminarán en la exposición”. También, Willy Kautz integra obras en Ontologías pictóricas en ESPAC. “Me gustó que Willy seleccionó obras del año pasado con obras muy recientes”, me comenta.

Más que trabajar en “proyectos” la práctica de Lucía es una apuesta por motivos recurrentes y exploraciones matéricas como una constante.

En su estudio ocurren muchas cosas. Mientras trabaja simultáneamente en varias pinturas, otras tantas siguen secándose y alrededor de ellas suceden las distracciones, las conversaciones y todo eso que se queda cuando las piezas salen del estudio; no sólo el mobiliario o el espacio que las rodea, sino también las huellas de los materiales y del paso del tiempo.

Fotos de estudio: Alfonso Santiago.

Fotos de montaje: Cortesía de la artista.

Imágenes de obra: PortaVoz.