Studio Visit

Studio visit | Jerónimo Rüedi


Por Pamela Ballesteros | Octubre, 2018

Conocía la actividad de Jerónimo Rüedi (Argentina, 1981) como gestor cultural y bibliotecario a cargo de la biblioteca pública Aeromoto, junto a Maru, Macarena y Mauricio. Hemos colaborado en distintos momentos pero poco conocía de su perfil como artista, así que lo visité en su actual estudio de trabajo acondicionado en una terraza sobre Av. del taller. El lugar es amplio, bien iluminado y con largas paredes blancas que conservan reminiscencias de pinturas o aerosoles de lo que fueron bastidores en proceso.

Estoy en Fuego, espacio que comparte con Allan Villavicencio dedicado a la producción y exhibición de pintura contemporánea en Ciudad de México. Además de ser taller/estudio se ha convertido en un punto de encuentro entre la comunidad artística local e internacional entre exposiciones, conversatorios y presentaciones. Fuego está pensado para funcionar orgánicamente, exento de una programación formal y abierto a la experimentación expositiva.

“Para mí la pintura, como cualquier otra disciplina, se empobrece si estás solo encerrado en tu casa”, me comenta Jerónimo. Así que la actividad que mantiene en Fuego retroalimenta su propia perspectiva creativa. Ante esto, platicamos sobre la escena actual dedicada a la pintura.

Jerónimo piensa seguido en los ritmos acelerados propios de la dinámica contemporánea, en la que la producción ininterrumpida parece anular el tiempo de reflexión sobre la propia obra. “Siento que ese proceso de fragua o maduración entre la obra concluida y el momento de exhibición ya no pasa, todo está conducido a suceder de inmediato, con personas alrededor que influyen en lo que sucede y sucederá, en fotografiar al momento, en medir los likes o las reacciones”. Sin sonar a queja, pensar esto le es una reflexión para situar sus procesos artísticos, ¿será que el espacio de producción está perdiendo autonomía?

Si el arte suele ir a la cabeza de los cambios sociales y así como hay personas distantes de las redes o medios digitales, románticamente predecimos que surgirán corrientes anti-tecnológicas o anti-instagram que reivindiquen el detenimiento en la pintura.

El trabajo pictórico de Jerónimo Rüedi sucede en torno a la abstracción del lenguaje. Así como en sus publicaciones editoriales ha explorado cómo el lenguaje choca con sus propios límites, su cuerpo de obra está en el límite de la representación: no es del todo abstracto pero tampoco llega a ser figurativo.

“Me llama la atención cómo en un inicio el lenguaje escrito es un conjunto de símbolos figurativos pero a medida que se codifica, se abstrae”. Esta variación la traslada a la pintura aislando elementos e imágenes que no llegan a resolverse, pero que en su repetición constante formulan una especie de abecedario abstracto.

Mi primer encuentro con su pintura fue en 2016, durante su residencia abierta en Museo El Eco. Su producción era extensa y en ese entonces la exploración de Jerónimo partía de probar las posibilidades físicas de la pintura abstracta. “Como no hay reglas porque no estás representando nada, mi inquietud era resolver cuántos elementos, colores, técnicas y materiales caben en un cuadro. Era echar cosas libremente y resolver esa tensión u organización en el proceso”, me explica. Y bajo este entendido, sus trabajos resultaban composiciones sobrecargadas de texturas entre aerosoles, veladuras y manchas.

Dos años después de aquellos ejercicios la práctica de Jerónimo es más “controlada”, restringe la paleta así como la cantidad de formas para partir únicamente de la tensión entre línea y color monocromático. Es en esta ausencia de forma en donde explora también su propia corporalidad.

A rather rambling discussion of nothing es su serie más reciente, durante mi visita observo algunas de estas pinturas aún en proceso. Aunque retoma nuevamente el gran formato, esta vez su interés gira en torno a explorar los límites físicos respecto a las dimensiones del lienzo: Jerónimo traza líneas encima del cuadro sin direccionar su posición corporal, sin buscar un resultado premeditado ni mirar deja que sus movimientos involuntarios se integren a manera de mapa coreográfico.

“Se trata de quitarle solemnidad al discurso formal del arte pictórico. Parto de un gesto primitivo, remito a un protolenguaje sin pretender enredarme en algo académico, complejo o conceptual”.

En seguida, Jerónimo me platica de lo que ha significado Lecture on Nothing de John Cage en su trabajo, un referente fundamental de la literatura experimental del siglo pasado. “Es la necesidad de seguir diciendo aunque sabes que por más que digas no vas a llegar a ningún lado, es como una celebración a lo derivativo”, me dice entusiasmado.

Bajo esta línea del discurso autoreferencial que regresa así mismo, Jerónimo está pronto a publicar Colorless green ideas, sleep furiously con editorial Gato Negro. Título que parte del enunciado de Noam Chomsky en su tratado sobre lengüistica Estructuras sintácticas. 

“Es una colección de aforismos en clave risomática sobre la posibilidad del sinsentido, es decir, sin una narrativa continua que juega con los límites del lenguaje”.

Tanto en su pintura como en sus ejercicios editoriales, el análisis sintáctico del lenguaje es el punto de partida. Desde que Jerónimo se mudó de Berlín a México había mantenido en pausa su práctica artística mientras se ocupaba de gestionar Aeromoto. Nuestra conversación está por terminar.

Días después de mi visita el texto se interrumpe por fallas en mi grabación, así que tenemos que reunirnos una segunda vez para retomar continuidad. En esta ocasión nos centramos en la reactivación de su producción, durante este año ha participado en exposiciones en Acapulco 62 y Tiro al blanco, además de una individual en Galería Alterna. Actualmente presenta obra en la Bienal de Pintura Rufino Tamayo y próximamente en K2, Monterrey.

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Para conocer más sobre Jerónimo Rüedi aquí.

Fotos de estudio: Joaquín Villafuerte.

Imágenes de obra: Cortesía del artista.