Studio Visit

Studio visit | Circe Irasema


Por Jerónimo Rosales | Junio, 2017

Antes de mi llegada a su casa/taller, Circe Irasema (México, 1987) ha dispuesto su obra y herramientas de trabajo con orden, esmero y cuidado, de forma que sin querer queriendo ha preparado una pequeña exhibición retrospectiva para esta entrevista.

La mayoría de las obras de Irasema son delicadas pinturas al óleo sobre pequeños bastidores de madera. Siempre me ha cautivado la pincelada de esta artista. En su gesto pictórico hay un balance muy atractivo entre la soltura y la precisión, entre la delicadeza y el desparpajo. Esto es lo que llamó mi atención cuando me encontré con su obra por primera vez en Salón ACME de 2016. En aquella ocasión, Irasema participó con un políptico de 12 óleos que representaban, cada uno, un cubo de caldo de pollo forrados con su característico papel plateado. La pieza se titulaba Caja de Knorr Suiza: 12 cubitos de caldo de pollo.

“¿Qué pasa cuando reproduces algo muchas veces? Se gasta, pero además la pintura se devalúa, pierde su valor tradicional que es su unicidad”

A Irasema no le interesa crear “formas emblemáticas o imágenes únicas”. Antes bien, prefiere —como ella dice— “forzar los límites del medio pictórico al crear polípticos de muchas piezas ‘iguales’ hasta donde mi capacidad manual me lo permite”.

Al representar doce cubitos de caldo de pollo, Irasema explora una oposición que atraviesa toda su obra: lo industrial contra lo artesanal, lo mecánico contra lo gestual, lo seriado contra lo único, lo reproducible contra lo aurático. Con Caja de Knorr Suiza… trata de emular la capacidad reproductiva de la sociedad industrial. Genera una serie de obras en el sentido más estricto de la palabra, reproduce al mismo tiempo el cubo de caldo de pollo y el óleo del cubo de caldo de pollo; y al hacerlo recorre la frontera del medio pictórico, explora sus límites, recorre sus márgenes.

Los óleos de Caja de Knorr Suiza… enuncian la imposibilidad que padece la pintura, en tanto técnica manual, para representar con fidelidad el aspecto industrial de la sociedad de consumo que habitamos.

“Intento ser realista, pero al mismo tiempo tengo una pincelada nerviosa que no es tan precisa»

Este nerviosismo, este gesto humano es el síntoma pictórico que delata la imposibilidad de la tarea: cada óleo es distinto del otro, por mucho que Irasema —consciente de la ironía de su ejercicio— intente hacerlos todos iguales. Esta contradicción entre el gesto humano de la pincelada y el origen mecánico e industrial de los objetos representados es el margen, el límite, la frontera pictórica que Irasema recorrerá una y otra vez en sus obras.

Irasema empezó a trabajar la pintura en pequeño formato cuando preparaba su ingreso a La Esmeralda, tras concluir su licenciatura en Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Era 2013, y el examen de admisión exigía la presentación de una obra de arte concluida. Irasema padecía una enfermedad en las vías urinarias y para su ejercicio decidió armar un maletín de objetos diversos entre los que incluyó dibujos de bacterias, análisis de sangre y orina, recetarios médicos, muestras de los fármacos que por entonces consumía y pinturas al óleo de sus cajas de medicina. Esta obra recibió por título Archivo médico.

Arte objeto, gabinete de curiosidades, caja de Pandora, maletín de boticario, retorno a las cajas de Duchamp, Archivo médico insinuaba ya las rutas formales que su obra tomaría en lo sucesivo: la colección, la réplica, el realismo pictórico, el pequeño formato, la copia en dibujo y, sobre todo, el montaje: la inclusión de diversos elementos artísticos y/o extra artísticos en una sola obra. Irasema echa mano de un recurso de producción modular y construye la unidad a partir de la variedad, a la vez que desintegra el todo en multiplicidades.

El montaje, con su capacidad para generar relaciones múltiples y no lineales, es uno de los signos característicos de la obra de Irasema, uno de sus más poderosos recursos.

“No concibo la idea de una obra única, en cambio, la percibo desplegada, o en forma de diagrama”

Formalmente, esta exploración se manifiesta en su obra con la recurrencia de las series, de las fragmentaciones, de las multiplicidades. “Me gusta”, dice Irasema, “que dentro de una obra haya muchas obras, porque la conexión entre una pieza y otra es lo que genera conocimiento”. Este montaje obliga a una apreciación más crítica de la obra, pues la relación libre que surge entre las piezas genera un conocimiento móvil, construido a partir de heterogeneidades, confrontaciones y diferencias.

Archivo médico es un autorretrato y bodegón. Autorretrato porque registra un momento determinado de la vida de la artista y la representa en toda su humanidad. Expone su fragilidad y enfermedad, lo mismo que su fuerza y vitalidad, su afán creativo. Bodegón porque se trata de una composición pictórica conformada por objetos domésticos diversos. Estamos ya, ante otro de los recursos formales más utilizados por la artista que encontrará su exploración más compleja en la serie Canasta básica, de 2015.

“Me atrae el bodegón porque es un género sin importancia aparente, pareciera que solo es útil en tanto que es una manera de aprender a pintar, de dominar la representación de luces, de sombras y de volúmenes”

Donde otros pintores ven un género formativo, de paso, que se utiliza para hacer ensayos técnicos y compositivos, Irasema ve en el bodegón un espacio para habitar, una herramienta de trabajo y un lugar de producción.

Al retomar este género, Irasema lo apropia y actualiza. Sus bodegones están muy lejos de aquellas clásicas composiciones con claroscuro barroco que representan frutas, presas de caza y botellas de vino. Pinturas de este tipo todavía decoran las salas de muchas casas mexicanas, se erigen como gestos nostálgicos a la vez que son contradicciones enormes respecto a la imagen de nuestra dieta actual. Los bodegones realistas de Irasema, en cambio, se caracterizan por su aspecto industrial y popular. En ellos jamás se alcanza a ver la comida en su estado puro, antes bien lo que hay a la vista son los empaques: bolsas, latas y botellas de plástico estampadas con logotipos, marcas, listas de ingredientes, contenidos netos e informaciones nutrimentales.

Esto es particularmente notorio en su obra Canasta básica. La pieza consiste en una serie de 29 óleos de pequeño formato (la pieza más grande mide 20 x 50 centímetros), en los que representó una variedad de productos de consumo cotidiano: la lata de atún Dolores, la barra de Pan Bimbo, la caja de leche Alpura, la bolsa de pasta La Moderna, etc. Como el Archivo médico, esta pieza es también retrato y autorretrato: retrato de la familia mexicana de clase media y autorretrato de la artista, que nos da un vistazo a sus hábitos alimenticios y de consumo.

Canasta básica es un bodegón fragmentado. Cada pieza está separada del resto y en cada cuadro, hay un solo producto pintado, único e indivisible. Colocados en conjunto, los cuadros generan el gran bodegón, pero al separarlos entre sí, cada uno presta atención a un único objeto: una botella de Coca-Cola, un frasco de mayonesa McCormick, una bolsa de arroz Morelos. Así, cada objeto se vuelve único a pesar de su origen industrial y masivo.

“Me atrae lo comestible porque es perecedero, nada va a quedar de estos objetos salvo la imagen que voy a crear de ellos. Pintarlos es una manera de retribuir su paso por mi alacena y sublimarlos. En realidad hay mil millones de latas de atún Dolores y mil millones de jabones Rosa Venus, pero estos objetos en serie se vuelven especiales porque los he pintado”

La obra de Irasema juega con las contradicciones: la imposibilidad de recrear el carácter industrial de estos objetos a través de la pintura, el conjunto que se construye a partir de la unidad, la convivencia de lo masivo con lo aurático. Al pintar, por ejemplo, sus doce cubos de caldo de pollo, Irasema vuelve único a cada producto al mismo tiempo que serializa cada pintura, de manera tal que lo que se suponía seriado (el producto) se vuelve único y lo que se suponía único (la pintura) se vuelve serial. Y esta es, tal vez, la ironía más exquisita de todas las que penetran su producción artística.

Fotos: GASTV.

Imágenes: Tumblr Circe Irasema