Studio Visit

Studio visit | Christian Camacho


Por Fernando Pichardo | Agosto, 2018

Llegué a la colonia Irrigación tras más de cuarenta minutos en el tráfico de las 6 en Polanco. Con sus casas de dos plantas y camellones amplios, se trata de una zona de la ciudad donde los efectos de la gentrificación y el desarrollo inmobiliario no han sido tan severos como en otras áreas vecinas.

Estaba por llover. Me encontré con Christian Camacho (Estado de México, 1985) afuera de una casa sesentera y posteriormente subimos las escaleras del edificio para dirigirnos al antiguo cuarto de azotea, desde donde se veían los árboles de la Glorieta de Presa Salinillas. 

El cuarto tiene una ventana hacia el oriente que prácticamente corre de piso a techo, misma que permitie el acceso de luz natural durante buena parte del día. Al interior los lienzos, caballetes y novelas ocupan todo mueble y espacio disponibles. Christian comenta que en un principio la elección del lugar respondió a su proximidad con el Museo Jumex, donde trabajó hasta el año pasado cuando decidió dedicarse de lleno a su carrera como artista. Pero conforme la conversación avanzaba, descubrí que el espacio tiene otras cualidades que lo convierten en un terreno fértil para la proyección de su obra.

Me di cuenta que el espacio es idóneo para su producción porque es posible observar distintos tipos de luz en el transcurso de las horas. Incluso, al anochecer el ambiente genera efectos de color que se reflejan sobre los objetos presentes. Más allá de servir únicamente como una herramienta que posibilita la producción de obra, en el caso de Christian la luz es desde donde emana su propia percepción de la pintura.

Para él la luz es una materia con espíritu propio que al ser conjuntada con referencias históricas, literarias e iconográficas, libera expresiones que le ayudan a consolidar su propio imaginario. Entiende su obra como la interacción de energías con implicaciones múltiples que ha condensado bajo dos conceptos inspirados en el pensamiento del autor estadounidense Nathaniel Hawthorne: luz solar, que se manifiesta a través de lo pictórico; y luz lunar, manifestada a través de lo escultórico.

Lo anterior ha resultado en obras donde se conjugan ambas fuerzas. Por un lado responden cuestionamientos e inquietudes que Camacho tiene sobre el arte, y por otro abren el diálogo y la interpretación a quienes las observan. Son intentos por mostrar las contradicciones de los órdenes que rigen nuestra realidad y obtener sistemas coherentes a partir de ello.

El posicionamiento de la atmósfera como un elemento protagónico no es un concepto nuevo. Durante la plática Christian reconoce que gran parte del imaginario que ha creado deriva de la tradición artística del siglo XIX, particularmente del Romanticismo, período caracterizado por el acercamiento a la naturaleza como una fuerza inconmensurable. Este interés surgió a partir de su acercamiento a la obra de John Constable cuando aún era estudiante en La Esmeralda, trasladándose hacia otros campos del período como la literatura y la poesía.

Inicialmente me resultó difícil entender este referente, pues pareciera que su lenguaje pictórico se enfoca, sobre todo, a la abstracción. Sin embargo, Christian me explicó que su propia economía cultural le ha servido para reinterpretar y trasladar conceptos verbales o escritos hacia la plástica. Internet y su hiperconectividad han yuxtapuesto imágenes y textos a tal grado que en su caso le permiten crear una pintura donde todos sus componentes operan de manera horizontal.

Nunca ha sido su intención que estas transcripciones de pensamientos e imágenes se concreten de manera explícita en la pintura que realiza, pero sí que recuerden sensaciones que se pueden percibir en la visualidad de otras épocas. “Tiene un buen rato que estas referencias se mezclan ante la necesidad de recurrir a ciertas ideas. No hay necesariamente una más actual que otra. Podríamos decir que son simultáneas a este montón de ideas que producimos”, me comenta.

Por otro lado, noté que el blanco tiene una presencia destacada en el estudio. Es una especie de traslación de los principios creativos del artista hacia términos arquitectónicos, como en la exposición Habla casa dinos tu nombre que montó junto con Eric Valencia y Boris Gross en Galería Ladrón en 2016. Pero a diferencia de aquella ocasión, donde Christian usó soportes y objetos que filtraban la luz, aquí el artista configuró un área donde este color forma parte de su cotidianeidad en los muros, en las puertas, en la luz que ilumina el taller y en los trazos de óleos inconclusos.

De esta manera, el estudio también homenajea a Emily Dickinson, uno de los personajes que más ha influido a Christian al concebir la pintura. Basándose en la visión de la autora, el artista sostiene que el blanco le ha permitido proyectar aspectos de la realidad y la vida humana que para la mayoría de las personas resultan imperceptibles, irrelevantes o inexistentes. Es una plataforma que, a manera de anagramas “[…] permite poner atención a pequeños cachitos de algo para adquirir un sentido”.

A propósito de lo casi ausente, Christian mencionó la serie de proyecciones que mostró en ESPAC hace un par de años para la muestra Como fantasmas que vienen de las sombras… Y en las sombras se van. En esa ocasión se proyectaron haces lumínicos que pasaban por un espejo del mismo tamaño que el elemento que emanaba. Aparecían y desaparecían en diferentes partes de la instalación en forma de cueva, generando formas anímicas capaces de viajar a través del entorno: “Toda esa idea de hacer sombras blancas, de que las piezas fueran una proyección sin pantalla ni lugar específicos, surgió de ahí. Me ayudó a crear una mitología en mi mente: mi pintura nace de esos poemas”.

Uno de los puntos que Christian recalca es que su producción apela por abrir nuevos campos de interpretación. Considera que adjudicarle a sus obras una interpretación política sería sacarla de contexto, aún cuando admite que en el panorama contemporáneo es cada vez menos aplicable.

“Mucha de la literatura que me ha hecho pensar sobre el arte tiene operaciones políticas, pero es un lugar donde no he querido caer, al mismo tiempo, me ha hecho sospechar que parte de lo que hago tiene una apelación discursiva. ¿Por qué no autorizar a la imaginación que condujo esto y difundirla como una serie de postulados?”.

Después de conversar durante un par de horas, me dispuse a recorrer el espacio para conocer las obras en proceso de ser concluidas. En este punto le pregunté cómo sabía cuando una obra estaba lista:

“Eso es lo difícil, tienes que hacer un diálogo contigo mismo; es como aprender a reconocer el primer momento donde tienes hambre o tienes sed. Mis obras son como juegos y cuando termina el juego termina la pieza. A veces la cago y no tiene solución, pero ese momento forma parte del proceso. Es un ejercicio loco de dejar tu pintura en paz y eso trae consigo una plástica muy extraña”.

Fotos de estudio: Elic Jacob Herrera Coria para GASTV.

Imágenes de obra: christian-camacho.com