Música

ST. VINCENT: UNA CLASE MAGISTRAL


Por Pablo Cordero / @sugarskull12

Es justo decir que Annie Clark, cerebro detrás de St. Vincent, es una de las figuras más interesantes en el mundo de la música popular actual; su talento como cantante y compositora la llevó de ser integrante de The Polyphonic Spree a firmar una serie de excelentes discos solistas, y eventualmente a colaborar con grandes como David Byrne y Swans. Está además entre los guitarristas más importantes de la actualidad, poseedora de una técnica refinada e innovadora que posiblemente será una influencia para muchos ejecutantes en el futuro.

El anterior disco de St. Vincent, Strange Mercy (2011), fue una obra tan redonda, evocativa y fascinante que resultaba difícil imaginar cómo podría superarla Clark. Su siguiente trabajo fue Love This Giant (2012), colaboración con David Byrne que, aunque interesante y disfrutable, no está a la altura del mejor material de ninguno de los dos creadores. Todo esto invitaba a pensar que St. Vincent ya había alcanzado la cima y dado lo mejor de sí. Con la aparición de su reciente disco homónimo, St. Vincent demuestra que aún le queda un par de ases bajo la manga.

 

“Birth in Reverse”, primer sencillo del disco

 

Los once cortes de St. Vincent refinan los elementos a los que Clark nos ha acostumbrado en su discografía; exhuberancia melódica, guitarras serradas, síncopas de funk cubista, finas texturas electrónicas. Introduce también nuevos ingredientes en la mezcla; en este disco, St. Vincent suena a la vez más experimental y más pop que nunca. Resulta injusto destacar cualquiera de los temas, ya que constituyen un ciclo de canciones completo y redondo, pero entre los momentos más atractivos están el saltarín sencillo “Birth in Reverse” (con su memorable frase inicial “Oh, what an ordinary day/take out the garbage, masturbate”), las arrobadoras melodías vocales de “Prince Johnny” y “I Prefer Your Love” (donde Clark canta “I prefer your love to Jesus”) el lúbrico avant-funk de “Rattlesnake” y “Digital Witness”, y los retorcidos sintetizadores glitch con reminiscencias de Aphex Twin en “Bring Me Your Loves”.

 

“Digital Witness”, el segundo sencillo del disco

 

Uno de los mejores ejemplos de la riqueza estructural del disco es “Huey Newton”, tema que inicia con un patrón electrónico agradable pero un tanto frío, que invita a descalificarlo como el típico tema de “relleno” del disco. Pero tras dedicar tres de sus cinco minutos de duración a esos suaves arpegios, el tema libera la tensión generada con un pesado riff de guitarra (el tono hipersaturado de la guitarra de Clark es digno de saborearse) que no deja otra alternativa al escucha que quitarse el sombrero con admiración.

St. Vincent es la primera gran obra maestra del 2014, y un disco de escucha obligada para cualquier aficionado serio al rock. Altamente recomendable.