Arte

Sexo sin riesgo


Por Alejandro Vazquez / @aerodiolesi

 

La vida de Adèle

A propósito de la película La vida de Adèle (La Vie d’Adèle, Abdellatif Kechiche, 2013) premiada con la Palma de oro el año pasado; creo que la sexualidad es una fuerza que no solamente puede mover a los seres humanos, sino también modificarlos y esa oportunidad es desaprovechada en esa película.

La vida de Adèle cuenta la historia de una adolescente que conoce a Emma, una chica mayor con quien empieza una relación. Después de establecer una empatía sexual muy fuerte la historia cuenta su cotidianidad juntas y la vida insípida de la protagonista después de su rompimiento. Por otra parte, Una película serbia (Srpski film, Srdjan Spasojevic, 2010) trata sobre la historia de Milos, una retirada estrella del cine porno que es contactado por un hombre misterioso para realizar una película en la que debe participar sin conocer el guión. Pese a las condiciones turbias del trato, Milos es persuadido por la fuerte suma de dinero que le es ofrecida y se ve involucrado en una vorágine de violencia sexual que termina por destruirlo a él y a su familia.

 

Una película serbia

En ambas películas el sexo es utilizado como una sustancia dramática capaz de transformar la vida de los seres humanos. La diferencia estriba en los alcances que cada obra se propone: la primera es un melodrama convencional donde la protagonista se conforma una y otra vez con una vida mediocre; en cambio, en la segunda el protagonista es forzado a abrazar una naturaleza sexual aberrante que devasta la hechura de su mundo para siempre. Las diferentes apuestas que cada película hace para generar otros niveles de interpretación son radicalmente opuestas. Los mensajes de La vida de Adèle son completamente planos y conservadores, por ejemplo: el amor verdadero existe y está bien asumirse como una persona limitada. En cambio con una escena de 15 segundos que sólo es posible dentro de la trama completamente grotesca de Un film Serbio se aporta una lectura de la realidad que invita a una reflexión más profunda y crítica. La escena a la que me refiero es cuando se presenta la violación de un recién nacido, aunque el tema de la pedofilia es recurrente en la trama. En mi opinión, esta escena no sólo refleja una realidad económica global con una precisión metafórica terrible, sino que además exige un posicionamiento del espectador frente a los agresores, a través de un aparato argumental que alude directamente al deseo.

Abdellatif Kechiche no corre ningún riesgo artístico ni propone más que una reflexión anquilosada y estéril sobre las relaciones de pareja en La vida de Adèle y es un melodrama más.