Arte

Quiero verte una vez más


Por Fernando Mino

 

Hay en Quebranto (2013), el segundo largometraje documental de Roberto Fiesco, una analogía provocadora entre la vida de Fernando García, Pinolillo, y la suerte de su primer personaje cinematográfico. En Caridad (1972) la fortuita limosna arrojada al aire por una anciana beata (Sara García, por supuesto), disputada por Pinolillo a otro niño que opta por descalabrarlo para quedarse con la moneda y termina con la muerte trágica de su padre y el odio desesperado de su madre. En la vida real, la azarosa elección del pequeño Fernando por parte del joven director Jorge Fons le empuja a las agridulces exigencias del medio del espectáculo de los setenta y ochenta, hasta transformarlo literalmente en otra persona: Coral Bonelli.

La historia de Coral es narrada en Quebranto al memorable estilo de los melodramas clásicos del cine mexicano. “Al asumir este rol de Coral sí he sufrido”, sentencia la robusta mujer en un viejo restaurante de chinos, mientras de fondo se escucha la voz almibarada de Pedro Vargas cantando el bolero “Triste muy triste”.

De espléndida fotografía contemplativa y dirección de arte que destaca la belleza kitsch de la ciudad decadente y nostálgica, Quebranto es la crónica de la complicidad inquebrantable de Coral y su ancianísima madre, la también actriz Lilia Ortega, Doña Pinoles. Sobrevivientes con secuelas de la vieja ciudad destruida por el terremoto de 1985, aquella de los cabarets y los espectáculos del teatro Blanquita, Coral y doña Lilia se acomodan con dignidad a las dificultades y al infortunio. Quebranto de dos vidas a contracorriente en una ciudad hostil a la vejez y a la disidencia sexual, y sin más opciones de vida que montar coreografías para XV años y prostituirse eventualmente. Como obliga el cliché hay varios números musicales, todos de antología, entre ellos la interpretación del bello tango “Quiero verte una vez más” por doña Pinoles o la climática imitación de Raphael interpretando “Mi gran noche” en los lúgubres pasillos del edificio en que viven, sutil parodia de una vida trágica de resistencia, transmitida en la mirada retadora de Coral/Pinolillo.

En Caridad la anciana afligida con la bronca entre los niños sube a su auto, que luego desaparece en una disolvencia que deja en su lugar a un viejo Jorge Fons, que se marcha luego de platicar la historia de cómo Pinolillo se inició en el cine. Fiesco, productor de larga trayectoria y autor de los bellos cortometrajes David (2005) y Paloma (2008), condensa en esta cinta sus dos preocupaciones temáticas: el intenso y a veces trágico amor gay, y la reinterpretación de la tradición fílmica mexicana, cúmulo de imágenes, narrativas y estéticas que todavía nutren las representaciones culturales contemporáneas.