Arte

Prisoners


Por Bianca Gaytán / @universonauta

Hay películas que vale la pena ver aún y cuando no las alcanzamos en la cartelera. Es el caso de Prisoners (titulada en México Intriga) un thriller que como pocos mantiene al espectador al filo de la butaca todo el tiempo.

Todo inicia con la desaparición de dos niñas en un vecindario aparentemente tranquilo.  Es el Día de Acción de Gracias y las familias Dover y Brich se han reunido para la celebración.  Los padres y hermanos pierden de vista a las pequeñas Anna y Joy por unos minutos; suficientes para que el secuestrador las rapte y los padres se queden sin rastro alguno de ellas.

La única pista es un remolque que estuvo estacionado afuera todo el tiempo.  En esa misma noche, la policía detiene al principal sospechoso, Alex  (Paul Dano) un vecino con retraso mental;  quien después de un interrogatorio sale libre. Los días pasan, la policía no tiene pistas y los padres temen por la vida de las pequeñas. Ante la desesperación, Keller Dover (Hugh Jackman) decide secuestrar y torturar a Alex para obtener respuestas y encontrar a su hija Anna.  Sin darse cuenta,  se convierte en verdugo, en secuestrador y en un hombre sumamente violento quien a pesar de todo tiene fe y sigue encomendándose a dios.

El detective Loki encarnado por Jake Gyllenhaal, se encuentra en medio de esta encrucijada. Tratando de resolver el caso pero teniendo a cuesta la presión de los familiares que descargan con él la ira y tristeza por la pasan. Esto, es sólo el principio, imaginen de qué tamaño es la colisión que desarrollará la película y que dará como resultado un final escalofriante.

El director, Denis Villeneuve, logra crear una película oscura, pesada, llena de intensidad emocional. En esta ocasión el reparto masculino sobresale y gran parte del conflicto se sostiene y lo desarrolla las soberbias actuaciones de Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal y Paul Dano.

Lo más destacable es que el filme no sólo sabe llevar el suspenso sino pone en debate hasta dónde es capaz de llegar un humano por rescatar lo que más quiere. Darse cuenta de que puede corromperse y olvidar los principios en los que creía.