Música

Primal Scream y su tercer renacimiento


Letras con contenido político y beats enfurecidos en More Light, el nuevo disco de Primal Scream.

Por Luli Serrano

 

Primal Scream

No es poca cosa hablar de un grupo como Primal Scream. Un conjunto que si bien ha sufrido altas y bajas, deserciones, adicciones y recuperaciones, abusos y desilusiones, ha sabido encumbrarse como una referencia indispensable de la música moderna producida en el mundo. Introducidos a la escena del acid house por Alan McGee en 1988, el grupo lidereado por Bobby Gillespie siempre se sintió observador de la misma, aprendiendo ciertas maneras y trucos que le permitieron escribir su primer gran hit, Loaded.
Es así como Screamadelica surgió con contundencia y aunque no era su primer álbum sí fue el que los colocó en el mapa mundial. Fue publicado en 1991 y se ha convertido en un álbum clásico que supo mezclar con gran habilidad a la escena del propio house y su recurrente abuso de drogas de diseño junto a experiencias musicales tan disímiles como el dub o el gospel. Su segundo gran momento vino con la creación del disco XTRMNTR, donde las drogas dejaron de tomar el control, la alineación del grupo se encontraba ciertamente estable, condiciones que sorprendentemente no impidieron que Primal produjera un disco duro, violento, directo y provocador.
Gillespie ha dicho que el disco trata de describir lo que es vivir en Reino Unido a finales de los 90. Contenido político explícito, críticas a la política terrorista estadounidense y beats tan enfurecidos como bailables le inyectaron al grupo un nuevo aire, desafiante y novedoso. Es así como se plantea el terreno para comprender que un tercer renacimiento del grupo escocés es tan interesante como inesperado.
El conjunto publicó More light, su décimo disco en estudio, mismo que trata -con éxito- de volver a remarcar la visión del artista sobre lo que es estar vivo en 2013. Jason Pierce, genio detrás de Spiritualized, dice que ese debería ser el propósito primordial de un álbum: retratar con precisión lo que significaba respirar en un tiempo y lugar específico.
Gillespie se lo toma muy en serio desde hace años y acompañado de personajes protagónicos como Robert Plant y Kevin Shields logra producir un disco que lo mismo cuenta con una agenda política (habla de la herencia funesta del reinado Thatcher, que prevalece hasta nuestros días) que con un retrato de parajes citadinos desiertos, de la exclusión, de los criminales de guerra impunes.
Apunta hacia la necesidad de sacudirse las cadenas que la propia cultura suele imponer, de la equidad y la importancia de dejar de mentir e incluso arremete contra la ahora infame declaración de Geri Halliwell, ex Spice Girl, al mencionar que la difunta Thatcher había sido “la primera spice girl”. Todo esto acompañado de acordes de sicodelia, pianos de bálsamo, gospel de alta factura, guitarras ensoñadas, algo de chanson francaise, baterías pulsantes y un sentimiento generalizado de descontento acompasado por música fina y sobre todo relevante.
More light es un disco que invita a pensar, que demanda del escucha ciertas reacciones, cierta atención que ahora resulta tan vital y a la vez están tan encarecida en un mundo con un déficit de atención cada vez más preocupante. Una llamada de alarma para un público que parece vivir en estado de coma.