Música

Peter Murphy en el Museo Anahuacalli, fotos y reseña


La oportunidad de ver a un personaje como Peter Murphy en un recinto como el Museo Anahuacalli es, decididamente, imperdible.

Texto: Luli Serrano / Fotos: Ariette Armella

 

 

Murphy es actor, músico y compositor, oscuro y brillante a partes iguales, insignia y discreción a un tiempo. Despojándose del estereotipo del gótico viejo y gastado, Murphy ha dejado atrás toda clase de prejuicios en su contra para ofrecer un repertorio digno que ya no depende de su pasado con Bauhaus y que además le ha permitido ser escuchado por un público más amplio.

La lluvia jugó en contra de quienes nos reunimos esa tarde de domingo a escuchar las palabras pausadas y lánguidas de un Murphy que superó la adversidad del clima y algunos problemas en el sonido. Visiblemente impresionado por el recinto en que se presentó, como lo estuvo Patti Smith en la edición pasada del Festival de la Ciudad de México, Murphy supo contener en sí mismo y a través de su música a su propia leyenda, sosteniéndola por encima de las expectativas generales para dominar al público con su registro grave y melancólico.

Su pluma sigue tan sana como en los 70 para componer piezas de exquisita factura. 27 años después de emprender su camino en solitario, Murphy modula con maestría la precisión entre luz y oscuridad con uno de sus mejores momentos como artista, uno que presentó un concierto en el antiguo recinto de descanso de Diego Rivera, en absoluto estado de gracia.