Arte

Paraísos artificiales


 

Hace tres años, la directora Yulene Olaizola y la actriz Luisa Pardo, pasaron una corta estancia en Jicacal, una playa ubicada dentro del famoso municipio veracruzano de Catemaco, debido a un trabajo de la compañía teatral co-fundada por Pardo (Lagartijas Tiradas al Sol). Ahí, ambas se percataron que la región estaba siendo asolada gradualmente por un cambio radical en su rutina: la llegada del ejército como producto de la guerra contra el narcotráfico; esto mientras que de manera paralela, conocieron a Salomón Hernández, un campesino de un poco más de sesenta años y su historia de vida. Para Olaizola, este hombre tenía ciertas características ideales para explotarlas en su primera película de ficción.

 

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Así, con este antecedente, mezclándolo con una historia personal que involucra a una amiga vuelta adicta a la heroína, la realizadora armó su filme Paraísos Artificiales (2011), mismo que después de su consabido recorrido festivalero (tiempo en el que Olaizola dirigió una película más, llamada Fogo –2012–); finalmente recibirá su exhibición comercial a partir del viernes 9 de agosto.

Paraísos Artificiales narra el encuentro entre Luisa, una chica defeña claramente de clase media, la cual ha llegado a Jicacal intentando por enésima ocasión desintoxicarse, enclaustrándose en una pequeña cabaña; y Salomón, cuya concepción de vida, contrastará con la búsqueda de la jóven.

 

 
Como comentó Yulene Olaizola en conferencia de prensa, el estar documentándose en centros de rehabilitación para escribir el guión, logró que su película no tuviera ni un dejo de ser aleccionadora o moralista porque sus personajes consumen algún estupefaciente: “En ese tipo de lugares, como parte del tratamiento, le proyectan a los pacientes películas típicas como Trainspotting, Réquiem por un Sueño, la mexicana Así del Precipicio, y cualquiera que hable de que si consumes drogas terminarás mal, puras consecuencias negativas. Este no es el caso de Paraísos Artificiales”.

De hecho, se podría decir que la drogadicción es más anecdótica que el centro moral de la película. Olaizola está más interesada en retratar esa región que por encontrarse totalmente apartada  de otras comunidades (“Para llegar es muy complicado, ya que sólo hay un camino de terracería”, comentaría Luisa Pardo); sus habitantes llegan a un hastío total y a trastornos de humor muy severos; esto mientras emplea un ritmo pausado e intercala la ficción con cierto aire documental.

 

– Alberto Acuña