archivo

¿Y qué con que los artistas floten?, por Sandra Sánchez


Por Sandra Sánchez / @phiopsia | Febrero, 2015

Comienzo la escritura un poco contra mí; es decir, concibo el espacio de juicio sobre los proyectos artísticos como un ejercicio en donde el centro es la obra y la órbita para dialogar es el a priori teórico. El problema con La gravedad de los asuntos es que generó una amplia expectativa, desde la difusión del proyecto, que anunciaba dos años de protocolo institucional e investigación, hasta la promesa de un grupo de artistas latinoamericanos que iba a poder experimentar distintos tipos de gravedad en la Ciudad Estrella de Moscú. Los elegidos fueron: Ale de la Puente, Arcángel Constantini, Fabiola Torres-Alzaga, Gilberto Esparza, Iván Puig, Juan José Díaz Infante, Marcela Armas, Miguel Alcubierre, Nahum y Tania Candiani.

“La primera adaptación de un cuerpo es cinética, evaluación de posibilidad. Está condicionada a este momento, al estímulo que enfrenta, al largo diseño de su cotidianidad, a su performatividad”, nos dice el dramaturgo Ricardo Díaz en su libro Botellas al Océano. Traigo su pensamiento a esta exposición porque esa frase se repetía en mi cabeza, cual estribillo, durante mi recorrido. Aunque experimentar distintos tipos de gravedad sea una experiencia reservada para una cantidad muy pequeña de la población mundial, y Latinoamérica ya tuvo su momento mediado por el arte, lo cierto es que, en principio, no lograba vislumbrar por qué esa experiencia valdría más que otras en donde el cuerpo debe de adaptarse, tras evaluar el ambiente donde se encuentra. Basta pensar los apretones en el transporte público o el incipiente estado de embriaguez en una fiesta; para no poner ejemplos más controversiales como la protesta social o la violencia de estado.

Bajo esa sospecha asistí a la exposición. Y lo que encontré como constante fue una serie de “registros” donde el visitante puede observar qué tan asombrados están los artistas y qué tan bien se la están pasando; como en el acto fallido de abrazo colectivo, la piedra que se avienta de una mano a otra o los dados flotando en el aire, con inscripciones que dicen “tu cuerpo, mi cuerpo”, en donde nunca pude colocar mi cuerpo, sino el asombro que le produjo a alguien ver flotar objetos. Y todo bien con que los artistas hayan tenido una experiencia increíble, mi inconformidad deriva de que esa propuesta ya me la ha contado la ciencia ficción y el cine, desde narrativas que superan la propia experiencia del individuo. En general, a los artistas de La gravedad de los asuntos les costó un gran esfuerzo salir del impacto de la experiencia, sus piezas se presentan aún mareadas e imposibilitadas (quizá la producción se apresuró) de generar un segundo momento de acción, reflexión o propuesta que fuera más allá de contarnos su muy subjetiva historia.

Encuentro tres piezas en donde sospecho que se logró cruzar el umbral de la inmediatez. La primera es Sujetando Aire de Nahum, si bien lo que se observa es un abrazo, lo interesante es que el artista ocupó toda una sala, con tres proyecciones distintas, en donde el espectador se encuentra envuelto en la acción. La experiencia, entonces, no sólo consiste en contemplar su afectividad, sino en la inevitable afección que genera el tener que colocarse en algún punto de las tres imagenes-movimiento dentro de la sala. La segunda es Máquina para volar de Tania Candiani, en donde retoma y recrea objetos que fueron diseñados para volar y que fallaron; la artista los lleva a flotar junto con ella, descolocándolos de su fracaso y otorgándoles el valor de la tan necesaria fase de prueba-error. Finalmente, Arcángel Constantini presenta una pieza en donde una gota de agua funciona como fuente, bajo la luz de un estrobo, un gesto simple que despoja de su monumentalidad a la experiencia que tuvo el grupo para ubicarla en cosmologías menos heroicas.

La exposición puede visitarse en el Laboratorio Arte Alameda hasta el 22 de marzo de 2014.

11186459_10153266831862095_918937625_n

Sandra Sánchez escribe desde 2011 sobre procesos artísticos en revistas como Código, Portavoz y GASTV. Su práctica se enfoca en la gestión cultural y la docencia; impartió el Seminario Libre Moderno ≠ Contemporáneo en la Galería Autónoma de la FAD (UNAM). Es co-fundadora del centro cultural Zona de Desgaste, enfocado en procesos de refle-xión sobre el fenómeno del arte contemporáneo.