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Vulnerabilidad y Resistencia: Judith Butler / Parte III, por Aline Hernández


Por Aline Hernández / @AlineHnndz | Marzo, 2015

En este sentido, lo que compete no sería continuar legitimando un sistema que recurre a la dominación bajo una falsa lógica de participación, sino pensar nuevas formas de hacer política, producir subjetividades que precisamente desborden y se fuguen de aquellos espacios y dinámicas creadas por el Estado y para el Estado. Esto equivale entonces a voltear a ver aquellos ejemplos de colectivos, organizaciones, cooperativas, grupos barriales, comunidades y demás modelos que han demostrado que esto, efectivamente, es posible para tomar el aprendizaje que ofrecen y desplegar prácticas que tiendan a la emancipación y cuya construcción debe de darse en el marco mismo de la vida cotidiana.

Por último, Butler puntualizó la importancia de una lucha no-violenta, en medida que implica replicar los mecanismos que las clases opresoras están echando mano. Frente a esta postura, vale la pena preguntarse si las diversas comunidades alrededor de la República Mexicana que se han visto en la necesidad de recurrir a las armas como medio de autodefensa, hubieran podido defender su territorio del crimen organizado, del Estado, el ejército, empresas transnacionales y grupos paramilitares mediante la democracia y la resistencia no-violenta. Etimólogicamente la palabra violencia surge del prefijo “vir” que se traduce en fuerza. Fuerza que es impuesta y que sostiene los sistemas de impunidad generalizados pero también fuerza que es utilizada para combatir  la injusticia social y la violencia estructural que se han vuelto el pan de cada día. Haría falta entonces, más que hacer un llamado a la lucha pacífica, preguntarse cuáles son los propósitos y objetivos que se persiguen precisamente de esta puesta en marcha de fuerza. No es la misma violencia la que aplican los aparatos opresores, a aquellos que contraatacan sus mecanismos. El ejemplo del levantamiento armado zapatista en 1994 es un claro ejemplo de esta multiplicidad que enmarca la lucha armada y,  sin embargo, no es un caso aislado, Alvaro Obregón, Cherán, Ostula y muchas otras comunidades han seguido el ejemplo en aras de producir condiciones de vida dignas y reivindicando su derecho a autogobernarse y autogestionar su territorio.

¿Qué sigue frente a este panorama? Si empezamos a esbozar un camino hacia una resistencia que tome ciertos elementos de estas tradiciones, como es la producción de subjetividades que explica Foucault y se lleve en el camino de la autonomía, las relaciones de dependencia irán disminuyendo. Debemos primero asumir que estamos regidos por un modelo biopolítico donde precisamente la producción de la vida involucra que lo económico, lo político, lo cultural y lo social se infiltran entre sí creando subjetividades que alimentan la maquinaria de autoreproducción de dicho sistema. En este sentido, tendríamos que voltear hacia aquellos casos que han apostado por llevar a la práctica la autodeterminación para desenmarcarse de la producción de condiciones precarias que produce el Estado entre las comunidades, pero también la urbe a manos de un capitalismo que reproduce modelos de desigualdad, extrema pobreza, engaños políticos, condiciones que responden a la lógica misma del modelo que rige hoy a México. Crear modelos alternativos al capitalismo y comprender que la autonomía no es un proyecto acabado, sino un modelo de vida que se construye día a día, que tiene escalas y que es necesario trabajar. Por último, cabría mencionar que el problema de la democracia, es que al formar parte del aparato del Estado, no puede funcionar sino es por medio de un sistema autoritario, por más contradictorio que esto pueda resultar. Las democracias están regidas sobre una base de circulación que se inscriben en circuitos de poder. Podríamos entonces hablar de nuevas religiones y, en el seno de dichas religiones, al Estado y a la economía le compete hacer que los individuos crean en esos modelos y se comporten y rijan a través de sus políticas, le compete la producción de subjetividades de individuos conformes.

Foto: KPMR News.

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Aline Hernández (México, 1988), es curadora y escritora independiente. Ha publicado diversos cuentos como Demencia parafílica, Le Merlebleu Azuré y La Ventana, entre otros en medios como Revista Cartucho y el Periódico El Espectador. Asimismo ha participado en proyectos colaborativos como Pan para todos y Chicatanas. Su trabajo escrito explora temas como el neoliberalismo y el arte, crítica de arte, procesos de resistencia y comunitarios.